Un presunto pederasta acusado de violar a cinco niñas desató una psicosis en Madrid; ya fue detenido
El diario El País, de España, publicó hoy la historia del "depredador" Antonio Ángel Ortiz Martínez, el presunto pederasta de Ciudad Lineal acusado de violar a cinco niñas. Un hombre de 42 años que las autoridades describen como un monstruo.
Desde el viernes pasado, Ortíz Martínez permanece recluido en la cárcel de Soto del Real, en una celda aislada para protegerlo del resto de los presos. Su negativa a declarar ante la policía y el juez y las pruebas recopiladas durante las últimas semanas contra él han derivado en un auto de prisión preventiva y sin fianza, dictado por la instructora del caso, María Antonia de Torres.
Los especialistas que analizaron sus acciones rechazan esa imagen de tipo frío y calculador que se ha construido del delincuente más buscado en Madrid. "No planifica sus ataques, actúa por impulsos, ni si quiera es cierto que controlase si en la zona había cámaras de seguridad", aseguró un investigador. "Lo que sí hacía era intentar borrar las huellas de sus vejaciones", añadió un mando policial familiarizado con el sumario.
El monstruoso recorrido por los ataques del pederasta no solo dejó cinco familias rotas. También-y pese a sus denodados intentos de eliminar pruebas- un reguero de huellas que los investigadores han sabido seguir hasta su último escondite, la vivienda de un tío suyo en Santander, "donde los GEOS pusieron fin fin a la pesadilla a primera hora del miércoles", informa el diario El País.
Antonio Ángel Ortiz Martínez tiene un largo historial delictivo que se remonta a 1993, cuando fue detenido por la Guardia Civil acusado de extorsión. Esculpido por cientos de horas de gimnasio y anabolizantes, trabajaba de manera esporádica para "un clan búlgaro que se dedicaba al tráfico ilícito de vehículos", apuntan fuentes de la investigación al diario El País."Cobraba en negro", actuaba como un mercenario, por encargo, "llevando y trayendo coches y pegando palizas cuando lo requería la ocasión".
Los investigadores explican así que puediese cambiar de vehículos en los ataques. El perfil delincuencial del presunto pederasta se completa con robos, violencia machista, detención ilegal... La última vez que salió de prisión, fue de la cárcel de Aranjuez, el 17 de junio de 2011, tras ingresar por una denuncia de "malos tratos", según revelaron fuentes del caso. Pese a todo, había un dato clave, con el que no pudo contar el centenar largo de agentes de la operación Candy. Ya en 1998 había abusado de una niña. Lo condenaron a siete años de cárcel por ello. En los archivos policiales se registró ese arresto como "detención ilegal", pero tras las declaraciones recogidas en el juicio posterior se le condenó por agresión sexual.
Ahora, pese al malestar de la juez De Torres por las filtraciones del sumario, se enfrenta a un rosario de acusaciones. La policía le atribuye cinco delitos de violación de menores y tres en grado de tentativa, dos intentos de homicidio por la brutalidad de sus agresiones que, según los agentes, "pusieron en peligro la vida de al menos dos niñas".
Con él entre rejas, la psicosis de los barrios del noreste de Madrid donde ocurrieron los ataques se ha convertido en indignación. Y el miedo se ha tornado en un indisimulado deseo de venganza..
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