Un rafaelino donó un riñón para mejorar la salud de su tía

Se llama Gabriel Aragoni y vive en barrio Mora. Adriana Bellotti vive en barrio Villa del Parque y desde hace un año venía sometiéndose a diálisis. Entró en lista de espera y, ante la falta de donantes, su sobrino se ofreció a iniciar el proceso de donación. El pasado 27 de mayo se realizó la cirugía. Hoy, ambos se encuentran en buen estado de salud. Un caso que debe servir de ejemplo.
Como muchos de nosotros, Gabriel nunca se había puesto a pensar en la posibilidad de ser donante en vida. A pesar de las campañas y de lo mucho que se habla sobre el tema, con frecuencia tomamos distancia y creemos que jamás nos va a tocar de cerca. Una noche, Gabriel se soñó donante y, al despertar, se dio cuenta de que ya no habría vuelta atrás.

Todo empezó hace unos seis meses. Adriana Bellotti, la hermana de su mamá, había entrado en la lista de espera del Incucai. Desde hace un año venía con serios problemas renales y había comenzado a dializarse. De a poco, el desgaste propio del tratamiento y el avance de la afección, habían provocado que su estado de salud empeorara.

La relación que tenía con ella no era muy diferente a la de cualquier familiar con el cual no se comparte el día a día, pero con quien se mantiene un cariño especial. De todas maneras, había algo que íntimamente los iba a unir.

Gabriel conversó el tema con su señora, quien se había ofrecido primero en ser la donante, y con su apoyo tomó la decisión. Realizó las consultas del caso y con la idea ya definida visitó a su tía para contarle lo que había resuelto.

Asumir la responsabilidad de donar un órgano en vida es difícil. Pero aceptarlo, sobre todo si hace de manera voluntaria, también lo es.

Es por eso que la primera reacción de Bellotti fue de muchas dudas y no estuvo demasiado de acuerdo. Hasta que acordaron iniciar con mucha cautela los estudios correspondientes, que en muchos casos no brindan los resultados esperados, y que fuera la mano de Dios la que determine lo que debía pasar. En el fondo de esta historia, la creencia de la misma va a tener un rol fundamental.

Finalmente, el pasado 27 de mayor, Gabriel y Adriana entraron al quirófano del centro Nephrology de Buenos Aires y sortearon con éxito una operación que dejó a Gabriel viviendo con un riñón menos y a su tía con un poco más de vida.

Ella todavía permanece en Buenos Aires y se realiza periódicos chequeos. Pero los médicos aseguran que evoluciona favorablemente.

EN REPOSO

Y CONTENIDO

A cuatro semanas de la operación, Gabriel ya se encuentra en su casa, cumpliendo el período de reposo indicado. Su esposa Carina, y sus hijos Milagros, Sofía y Samuel, lo contienen. Cuando se cumplan los primeros tres meses volverá a su vida normal y a su trabajo en la empresa Lare S.A., quienes también lo apoyaron al momento de comunicar lo que tenía pensado hacer.

Luego le espera hacer un control a los seis meses y otro recién al año de la cirugía. A partir de allí, ya volverá a ser el mismo de siempre. En su casa de barrio Mora, Gabriel dialogó con El día no Para de Radio El Espectador, accedió a contar su historia sólo con el objetivo de que más personas se animen a ser donantes.

¿Por qué lo hiciste?

Yo durante toda mi vida busqué a Dios. Y tal vez lo busqué en los lugares equivocados. Mi tía fue la persona que me acercó a un seminario de vida, hace muchos años atrás, en una Iglesia del clero católico. Fuimos allí con mi esposa, cuando todavía éramos novios, y gracias a eso nos encontramos con el Dios verdadero que estábamos buscando. Después de muchos años, nosotros nos terminamos acercando a la Iglesia Evangélica y la trajimos a mi tía a nuestra congregación.

¿Crees que fue la fe en Dios lo que te llevó a esto?

Yo creo que fue lo principal. Primero, para darme la paz que uno necesita para tomar este tipo de decisiones. Segundo, para entender que muchas veces, hablamos mucho y hacemos poco. Cuando en realidad, hay que hablar menos y hacer más. Cuando uno dona sangre o dona un órgano, está dando vida. Entonces yo sentía que tenía que acercarme a lo que Jesús nos dejó en su palabra.

¿Cómo se vio afectada tu expectativa de vida?

En primer lugar, Dios es el único que nos da los años de vida. Cuando nos toca ir, nos toca. A mí no me influye en nada. Al contrario, la vida que tengo que llevar de ahora en adelante es la vida de un deportista. Comer sano, caminar, hacer algún deporte, tomar mucho líquido. Creo que, indirectamente, me va a disciplinar a hacer una vida sana. Por ende, me va a asegurar años de vida por tener que llevar una vida sana. En nada infiere en mí que me falte un órgano.

¿Cómo está tu tía?

Mi tía está diez puntos. Desde el momento en que salió de la cirugía está muy bien. Tiene que tener muchos cuidados y controles. Pero está muy bien.

¿Y vos?

Yo también estoy bien, con pequeñas molestias que tengo en mi cuerpo, que son normales. Ahora tengo que cuidarme de no hacer fuerza por tres meses. Después de los tres meses, mi vida va a ser una vida normal, como era antes de la operación. Y sobre todo estoy contenido por mi familia. Eso es el 90% de la recuperación. Estando en Buenos Aires, mi esposa fue para mí algo muy importante.

¿En algún momento sentiste miedo?

Muchas veces uno tiene miedo porque desconoce de qué se tratan las cosas. Nos llevamos por lo que dice otra gente. Yo también tuve miedo en un momento. Pero fuimos a hablar con profesionales que nos explicaron bien cómo iba a ser todo, y eso nos dio tranquilidad.

¿Habías pensado alguna vez en ser donante?

En el carnet, yo y mi señora figuramos como donantes. Pero desconocía que se podía ser donante en vida. Uno está ajeno a estas cosas. Cuando nos enteramos de esta posibilidad, nos empezamos a interiorizar un poco. En Argentina hay 5.000 personas que están esperando un transplante de riñón. Si cada uno tomara esta decisión para un familiar o tercero, esa cifra bajaría muy rápido.

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