El dirigente bonaerense cargó contra la conducción radical que avaló el acuerdo con Francisco de Narváez, y reclamó su alejamiento. Acusó a Ricardo Alfonsín y Miguel Bazze de “romper los bloques legislativos por la interna”, y reclamó una nueva camada de dirigentes “que se haga cargo del partido” y le de un perfil “nacional, popular y progresista”. Críticas al PRO: “el macrismo no habla de ideología porque no la tiene”.
¿En el escenario político actual, dónde se ubica hoy la UCR?
—A mí me parece, porque todos los radicales no opinamos lo mismo, que debería ubicarse como un partido de gobierno, no de oposición, a mí me irrita mucho que me digan “partido de oposición”, nosotros gobernamos la Nación en sus mejores momentos, con (Hipólito) Yrigoyen, (Arturo) Illia, (Raúl) Alfonsín, hicimos mucho por la Argentina. Lo que no somos es oficialistas, que es otra cosa, pero somos partido de gobierno. Desde ese lugar hay que trabajar más que para ser oposición, para ser alternativa, tener nuestras propuestas, acompañar lo que está bien, no acompañar lo que pensamos que no ayuda al país, corregir lo que se puede, es decir, ejercer con responsabilidad este ejercicio tan importante que es la política.
Al macrismo no le gusta hablar de ideología, creemos que a la UCR sí: ¿el perfil del partido debe ser de centro izquierda o centro derecha?
—Claramente de centro izquierda, en una línea nacional, popular y progresista. El macrismo no habla de ideología precisamente porque no la tiene, nosotros sí la tenemos y la exhibimos, sin vergüenza. Más allá de ciertos errores, hemos tenido una trayectoria histórica siempre al lado de los intereses de la gente y de la sociedad. Reitero, con momento de reflujos y errores, nunca nos hemos apartado de esa línea. La ideología de ellos es la de la década del 90, el problema es quién se hacer cargo de decir públicamente que piensa así, después de lo que pasó en esos años en la Argentina.
¿Ese posicionamiento ideológico no quedó un poco en duda luego del acuerdo que hizo Ricardo Alfonsín con Francisco de Narváez para las últimas elecciones?
—Ese acuerdo es fruto de unas circunstancias que tienen que ver con la impotencia electoral de los últimos años del radicalismo. A mí tampoco me gustó el frente de 2009 que formó el Acuerdo Cívico y Social, a pesar de que fue exitoso, porque transformamos a Elisa Carrió en “jefa de la oposición”, integramos el grupo A y otras cuestiones, votando en contra de las estatización de las AFJP y otras cuestiones que no apoyamos y que formaban parte de nuestra historia, trayectoria y valores del radicalismo. Creo que el radicalismo perdió la brújula hace tiempo, la está recuperando poco a poco. Uno puede hacer un acuerdo electoral, como de hecho, hacen casi todas las fuerzas, pero no tiene por qué entregar el partido, subordinarse. Acá hubo una subordinación absoluta, la fórmula bonaerense era de Narváez-Mónica López, dos peronistas, la otra candidatura visible fue la de senador nacional, con otro peronista como (José) Scioli, que además llevaba a la confusión. Además, en los pueblos se proscribieron listas del radicalismo para que no participaran de la interna abierta, con la tolerancia de la conducción partidaria. Todo terminó en la payasada de la elección nacional, donde De Narváez, con autorización de la conducción partidaria que hoy pretendemos desplazar, hizo un acuerdo con (Alberto) Rodríguez Saá; por lo tanto, llegamos a los comicios sin saber si el candidato que sostenía este espacio era Alfonsín o el puntano, una cosa increíble. Estas son las circunstancias que nos están llevando en la interna del radicalismo a proponer un cambio en la conducción, en la provincia y en el nivel nacional.
¿Esto es lo que se está discutiendo hoy en la interna en la Provincia?
—Es eso, revisar los errores estratégicos, conceptuales y políticos que se cometieron, y por otro lado generar condiciones para que una nueva camada de dirigentes se haga cargo del radicalismo y darle ese sentido popular y progresista, además de una dinámica distinta; que la UCR sea un partido visible, pero no por sus internas, sino por sus propuestas.
En algunos lugares hubo lista de unidad pensando en las internas, como en Lanús. ¿Cómo toma esto?
—Obviamente, si los correligionarios lograron una lista de unidad bienvenido sea. Nosotros no vamos a los distritos a dividirlos, no hacemos lo que hicieron (Miguel) Bazze y Alfonsín, que rompieron los bloques legislativos por una interna, no tiene antecedentes en el radicalismo. Primero, nunca se rompieron las bancadas, y mucho menos como consecuencia de una interna. Por eso para nosotros unas lista de unidad es el esfuerzo de la inteligencia y el logro de la sabiduría de quienes supieron concretarla y, por supuesto, la vemos con buenos ojos.
De Reposo a las cacerolas
¿Qué reflexión le genera la renuncia presentada por Daniel Reposo, luego de tanta polémica entre gobierno y la oposición?
—Me da la impresión de que fue un final anunciado, la verdad me molestó mucho que pretendiera abrir una polémica con respecto al promedio que obtuvo en la carrera de abogacía el doctor Raúl Alfonsín, esa es una discusión estéril y representa un agravio, porque el ex presidente tuvo un promedio sobresaliente cuando se trata de valorar su compromiso por la democracia y la militancia, título de transparencia y en defensa de la ética de la solidaridad y valores esenciales. Eso me molestó mucho, fue un epílogo trágico para un episodio signado por la mediocridad.
¿Cree que los cacerolazos que se están dando, sobre todo en la zona norte de la Capital Federal, son un fenómeno social? ¿Cómo ve estas protestas?
—Creo que son un fenómeno puntual, lo que pasa que analizar esto aisladamente puede llevar a simplificaciones. Es evidente que el mundo está atravesando un momento económico muy difícil, hay una contracción brutal de la economía mundial, lo que genera una disminución enorme en el comercio internacional, en los flujos turísticos, en la inversión y la caída de la demanda. Europa en este semestre creció a tasa cero, Alemania 0,5, Brasil está creciendo a 2 puntos de PBI cuando lo estaba haciendo a 4, que ya era la mitad del crecimiento del año pasado, China tiene una desaceleración de su economía, y así podemos seguir. Entonces, vivimos un contexto muy grave de crisis del sistema capitalista, y la Argentina no escapa de esa realidad; para este año se espera un crecimiento de la mitad que en 2011. Esto genera tensiones y descontento, sobre todo porque en los últimos ocho o nueve años el estándar de vida del país creció mucho, si uno recorre algunos países de Europa se va a dar cuenta de que los que están viajando son ciudadanos de países emergentes, como Brasil, Pakistán, la Argentina, porque fueron los que más crecieron. Esto se nota en el interior del país, cayó el desempleo, que estaba en más del 20 por ciento pasó al 7, la cantidad de autos que se vendieron fue impresionante, plasmas, electrodomésticos.
¿Cómo se explica ese crecimiento con estas protestas?
—Ese crecimiento genera expectativa de sostenerlo, y están todos parados sobre la colina que conquistaron: los trabajadores sobre el empleo y los salarios; los sectores medios sobre el auto que compraron; el campo y los empresarios sobre la rentabilidad que obtuvieron, y ahora que llega el momento de las dificultades y el ajuste nadie quiere ceder ni una cuota mínima de sus beneficios. Esto genera tensiones, algunas aprovechadas por grupos que tratan de agitar para deteriorar la situación general del país, o porque tienen encontronazos con el gobierno o intereses contrapuestos. Pero la misión de la UCR no es esa, nosotros hacemos política para construir, por definición la política es construcción.






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