"Quisieron desnudarme", dijo Yoani Sánchez tras el encierro

"Quisieron desnudarme", dijo Yoani Sánchez tras el encierro

Desde La Habana.

La periodista disidente Yoani Sánchez relató cómo fueron las treinta horas que pasó detenida entre el jueves y el viernes en Bayamo, al este de Cuba, luego de que la arrestaran cuando se dirigía junto a su marido a cubrir el juicio contra el español Angel Camorrero, investigado por el presunto homicidio imprudente de dos opositores cubanos que murieron en un accidente de tránsito en julio.

“‘Ustedes quieren boicotear al tribunal’, nos dijo un hombre vestido completamente de verde olivo. El operativo tenía las dimensiones de un arresto hecho contra una banda de narcotraficantes o de la captura de un prolijo asesino en serie”, aseguró Yoani en una crónica publicada en el diario El País de España.

“Lo primero fueron tres mujeres uniformadas que me rodearon y me quitaron el móvil. Después, esas mismas fornidas señoras me introdujeron en un cuarto e intentaron desnudarme. Pero hay una porción de uno mismo que nadie puede arrancarnos. No sé, quizás la última hoja de parra a la que nos aferramos cuando se vive bajo un sistema que lo sabe todo sobre nuestras vidas. En un mal y contradictorio verso quedaría como ‘podrás tener mi alma… mi cuerpo no’. Así que me resistí”, agregó la periodista que recibió el Premio Perfil a la Libertad de Expresión 2009. “Me negué a comer, a beber cualquier líquido; me negué al examen médico de varios doctores que trajeron a revisarme. Me negué a colaborar”, advirtió Sánchez.

“Una buena parte del tiempo toda mi actividad la filmaba una cámara que un sudoroso paparazzi manejaba. No sé si algún día pondrán alguna de esas tomas en la televisión oficial, pero organicé mis ideas y mi voz para que no pudieran ser transmitidas menoscabando mis convicciones. O les mantienen el audio original con mi demanda, o tienen que repetir la chapuza de sobreponerle la voz de un locutor. Después me llevaron a un calabozo-suite. Había pasado horas en otro que tenía una rara mezcla de barrotes y cortinas, con un terrible calor. Así que llegar al salón más amplio, con televisor y varias sillas, que desembocaba en una habitación con una cama realmente apetecible, fue un golpe muy bajo. No era una habitación, era un set. Así que me negué a acostarme sobre la sobrecama. Fui a una silla y me acurruqué”, reveló Yoani.

“Para cuando me dijeron que me ‘iban a trasladar hacia La Habana’, me costó despegar los párpados y mi lengua parecía salirse de la boca por los efectos de la prolongada sed. Sin embargo, yo sentía que los había vencido. En un último gesto, uno de mis captores tendió su mano para ayudarme a subir al microbús donde también estaba mi esposo. ‘No acepto cortesía de represores’, lo fulminé”.

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