Quiere saber el por qué del nombre de las calles

Quiere saber el por qué del nombre de las calles
Vino atraído por la oferta cultural de la Ciudad. Ahora asegura que se quedará para conocer su historia y el origen de los barrios.
Esto que llamaré mi camino comienza en Madrid como punto de partida, aunque mi nacimiento propiamente dicho haya sido en Ibiza. Desde que deje la isla no he vuelto a encontrar esa sensación de libertad que siempre me brindó. Aunque imagino que no puedo comparar la vida en un lugar así con ciudades como Madrid y esta misma Buenos Aires que ahora habito. Llegar a Madrid para mí fue encontrar muchas cosas de las que necesito para encaminar mi pasión. Pero ni bien terminé mis estudios de interpretación la cosa se me fue complicando para focalizar mi rumbo o dirigirme al lugar donde puedo saber que respondo a mis necesidades más viscerales como intérprete.

Fueron en total cinco años en los que yo me estuve yendo de vuelta a mi isla para trabajar en lo que considero una buena segunda opción de mi profesión. Allá se conoce como animador turístico. Es la tarea de organizar actividades tanto diurnas como nocturnas para clientes de distintas nacionalidades. Una labor con constante contacto con el cliente que pide el conocimiento de idiomas. Los acentos de las distintas zonas requieren un esfuerzo mayor para uno que aprendió el tono más neutral siempre. Trabajar directamente con las personas no parece a priori una labor que aporte. Pero basta con distanciarse de algo para comprobar su valor de forma más clara.

En mi anteúltimo año en animación ya estaba decidido a venir a estos lugares. Si bien vine varias veces por tener toda mi familia acá, ya que mis padres marcharon a Europa a finales o mediados de los setenta. Quería antes ahorrar un poco y no tenía ganas de volver a Madrid en ese intervalo de tiempo que me quedaba, así que decidí pasar el invierno en Europa, en Los Alpes, el Tirol, Austria. Pueblos de montaña muy turísticos con gran tradición de esquí. No tenía un trabajo ni lugar concreto para hospedarme aunque sí conocía a algún colega que me podía guiar en los primeros días. Fui y a la semana terminé viviendo en lo alto de uno de esos picos. Una casa que englobaba uno de los restaurantes de la empresa para la que terminé trabajando y habitaciones para los empleados. Gente de Turquía, países del Este, Hungría, pueblos de alrededor y, por supuesto, alemanes. Toda una experiencia de cuatro meses en los que no me rodeé de nada ni nadie que tuviera que ver con mi rubro. Algo que al segundo tercer mes ya empezaba a doler más de la cuenta. Pero sabía muy bien que en un año lo artístico empezaría a cobrar un poco más de vida y a eso me aferraba.

Todavía recuerdo cuando el avión estaba aterrizando acá y a mí mismo repitiéndome a lo que venía y por qué. Desde entonces no he dejado de mover un dedo para que todo vaya cursando como me hubiese gustado que sea en Madrid y no fue. Encontré un apartamento para mí en San Telmo al mes de llegar. Buenos Aires está, estuvo y estará lleno de grandes maestros de actores siempre, pero yo no quería entrar por esa rama viniendo de la formación que recibí allá. Ya casi terminando el año acá, me pusieron en contacto con una empresa que se encarga de tramitar temas burocráticos relacionados con trabajadores expatriados. Ahí mi función es de asistente y puedo utilizar idiomas. Hasta entonces trabajaba y trabajo también en fiestas infantiles. Sigue siendo un recurso recurrente por el momento, con mayor o menor frecuencia. No ocupo mi tiempo entre semana al cien por cien en ese aspecto aún, pero no he dejado de ver motivos para seguir conociendo los rincones de Buenos Aires y mi rubro en la Ciudad. Serán ya seis obras de teatro en un año y cuatro meses que llevo. Todas dentro del off pero que me sirve de escaparate y que no puedo abandonar. Siempre supe de su actividad artística y tradición teatral. Necesito vacaciones pero ya vendrán. No miro mañana ni ayer sino hoy lo más que pueda.

Quiero conocer bien los personajes que nombran muchas de las calles de acá. El por qué de la distribución y evolución de los barrios. Hay un más que evidente encanto en todo él. Hay mucha cuna teatral acá, además. Lo que lo hace aún más auténtico y eso siempre me va a gustar y seducir. La identidad propia, aunque siempre uno tome o haya tomado referencias o influencias.

Sí he comprobado claramente que la gente aquí parece ser más consciente o estar más informada de ese antepasado tan conocido por todos y que nunca debe olvidarse. Cuando se usaba aún el barco para cruzar el charco.

Comentá la nota