Luego de la protesta del viernes contra la oficina de la ONU, ayer se produjo un nuevo incidente fatal. Alerta y máxima tensión en Kabul.
El pasado 20 de marzo, el pastor protestante Wayne Sapp quemó un ejemplar del Corán en Florida, en presencia del pastor Terry Jones, una acción que desencadenó una ola de protestas entre autoridades y representantes del mundo islámico. Jones, por su parte, había anunciado el año pasado que quemaría un ejemplar del Corán con motivo del aniversario de los atentados del 11 de septiembre de 2001 a las Torres Gemelas, aunque luego desistió tras las advertencias del gobierno de los Estados Unidos.
En tanto, las fuerzas de seguridad frustraron ayer un intento de ataque suicida en Kabul, cuando un comando armado cuyos miembros llevaban burqa intentó atentar contra la base militar de Camp Phoenix. Según un responsable de la policía afgana, uno de los agresores se hizo estallar ante el portón de acceso de las instalaciones, lo que permitió a uno de sus cómplices adentrarse unos metros antes de detonar sus explosivos. Dos suicidas que integraban el comando fueron muertos por los disparos de los guardias antes de que pudieran entrar a la base.
Sin embargo, la violencia en Kandahar, antiguo bastión talibán, arrojó una nueva jornada trágica. Los incidentes estallaron cuando un millar de personas intentó dirigirse hacia la sede de la administración provincial. Los manifestantes lanzaron consignas como “Muerte a Estados Unidos” y “Muerte a Hamid Karzai”, el presidente de Afganistán, respaldado por Washington. Las protestas “fueron organizadas por talibanes”, dijo un vocero provincial. Pero los talibanes negaron las acusaciones en su contra. “Las protestas y los ataques contra la sede de la ONU son la natural reacción de los musulmanes a la quema del Corán”, aseguraron en un comunicado.
El presidente afgano, Hamid Karzai, se comunicó con el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, para expresarle sus condolencias por lo sucedido. El jefe de Estado, que calificó el ataque de “cruel”, se comprometió a investigarlo y llevar a los responsables ante la Justicia, según un comunicado emitido por su oficina de prensa. Pero también le solicitó a Ban que “despierte las conciencias sobre el carácter sagrado de la fe y sobre el diálogo de las religiones, en especial en los países donde se han perpetrado prácticas sacrílegas”. El secretario general, por su parte, le agradeció el gesto y le comunicó el envío de dos altos responsables de las Naciones Unidas para revisar la seguridad del país.
Los dos últimos días fueron las jornadas más violentas que sufrió el país en los últimos meses.

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