A esta altura no es necesario agregar nada al perjuicio que genera la venta ilegal, en cualquiera de sus formas, tanto al fisco –por los ingresos por impuestos que deja de percibir– y al sistema previsional, por los trabajadores sin registrar que trabajan en esa actividad.
Pero en las cuadras de Once hay un agregado que empeora, aunque parezca imposible, las cosas. Los comercios ubicados en predios comúnmente conocidos como “saladitas” tienen personas que reparten volantes publicitando la actividad. Estos papeles, entregados en la mano de los transeúntes, son automáticamente arrojados por ellos a la vía pública, como ocurre con la mayoría de ese tipo de “papeleo” y, concretamente, la ubicada en Perón 2576 tiene un récord de entrega desde primera hora de la mañana hasta el fin de la jornada, cuando todo queda cubierto por esos desechos, sin que ninguna autoridad tome las medidas necesarias para impedirlo.
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