A seis años del terrible crimen y a pocos días del fallo, los hijos del juez dicen: "queremos que se haga justicia por el dolor de nuestro padre". Gustavo Cobos, redacción LA GACETA.
El frío mensaje del otro lado de la línea les cambió la vida. "No sabemos si el juez está vivo o muerto. Necesitamos que vengan para atar al perro", dijo un policía. Joaquina Aráoz Terán le gritó a su madre, y junto a su hermano Agustín, subieron desesperados a la camioneta. Esa noche del 26 de noviembre de 2004, encontrarían en la casona de avenida Aconquija 2.950 una imagen que los perseguirá de por vida. Un grupo de policías estaba parado frente a la vivienda. Adentro, el juez de Menores Héctor Agustín Aráoz estaba sin vida, tirado en el baño, con diez balazos en el cuerpo. Era su padre.
Más de seis años esperaron para ver a Ema Gómez y a Darío Pérez sentados en el banquillo de los acusados. Durante ese tiempo, tuvieron que tolerar que tiendan un manto de dudas sobre su familia. Incluso, uno de los imputados llegó a sugerir que Agustín estuvo involucrado en el crimen de su padre.
Aráoz tenía nueve hijos. Cinco de ellos no se perdieron casi ninguna audiencia. Agustín (28), Lucrecia (26), Joaquina (25), Mariano (24) y Rodolfo (23), se turnaron para escuchar el debate oral. Y en medio de tantas acusaciones cruzadas, el recuerdo de una infancia feliz los mantuvo fortalecidos.
"Él era grandote, y nosotros chiquitos. Nos agarrábamos todos de sus piernas, y caminaba y nos llevaba por toda la casa", lo recuerda Agustín. Siempre de buen humor con sus hijos, tanto que casi parecía un hermano más. "Pero ojo, cuando nos tenía que retar porque nos portábamos mal, no lo dudaba. Como cualquier padre. Los recuerdos de papá nos mantuvieron fuertes", dice Joaquina.
Aunque Aráoz llevaba dos años separado de la madre de sus hijos, todos los domingos los recibía con un asado en su casa. El día del crimen, justamente, estuvo almorzando con ellos. Temprano, había pasado a buscar a Agustín para llevarlo al trabajo. "Me contó que quería volver con mamá. Y que si ella no lo aceptaba, en su lápida escribiéramos: ’por mi culpa’", comentó el hijo mayor. "¿Eso te dijo?", lo interrumpió Lucrecia durante la entrevista. "Pobre papá", agregó tras la afirmación de su hermano. "Cuando él murió, yo tenía 20 años y Mercedes (la menor), ocho. No es justo que no haya estado en su comunión, que no haya tenido filmados sus actos escolares como el resto de nosotros. No es justo. ¿Cómo le explicás a una niña que estuvo almorzando con su papá que está muerto?", dijo Lucrecia.
Durante los casi tres meses de juicio, ellos escucharon opiniones que pusieron en duda la labor de Aráoz como juez. Incluso, algunos dijeron que era un mal padre. "No me interesa nada de lo que digan los imputados. Queremos que se haga justicia por el dolor de papá y que se aplique la pena que le corresponde a cada uno", dijo Rodolfo. Conocen todo el expediente. Están al tanto de todas las pruebas contra los imputados. Y no dudan de que son responsables del crimen. "Dijeron cosas que, como sabemos que no son ciertas, no nos interesan discutirlas. Era un ser humano, con el agravante de que le metieron 10 tiros, y todos los imputados eran policías. De ahí pueden decir lo que quieren; sabemos que no es verdad", dijo Joaquina.
El viernes, la Justicia podría dictar sentencia. "Pasaron seis años y hay heridas que siguen abiertas. Con el juicio esperamos que empiecen a cicatrizar. Por lo menos tenemos el lindo recuerdo de que almorzó con nosotros el último día", afirman.
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