Una pulseada de intereses pintada como batalla épica

Por: Fernando Gonzalez

Pasan los años y los gobiernos pero siempre sucede lo mismo con la inflación en la Argentina. Es una variable que se encarga de alertar sobre los problemas que puede tener un proceso económico y se consolida sobre un escenario de tres patas: el Gobierno, que debe prevenir y controlar la suba inflacionaria; los empresarios, que elevan los precios y buscan ganarle la carrera a la inflación para generar ganacias; y los gremios, que reclaman para que los trabajadores no pierdan poder de compra cuando cruje el recalentamiento de la economía.

Los tres sectores tienen responsabilidades y culpas en una economía sin acuerdo de precios y salarios. Pero el Gobierno, y en este caso el de Cristina Kirchner, arrastra un pecado de orígen que es la manipulación de las cifras del Indec. Intenta domesticar el comportamiento de empresas y gremios con un índice de inflación que flota un tercio por debajo de la realidad.

Y a eso hay que sumarle la intención política de mostrar como batallas épicas sus enfrentamientos con Techint, el Grupo Clarín o las consultoras privadas que también han medido la inflación (ver página 2).

El resultado es este país conflictivo que se había aplacado con el luto por Kirchner pero que recrudece a medida que se acerca la definición electoral.

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