Dos puesteros que viven de lo que producen vs. un exgerente de banco

Dos puesteros que viven de lo que producen vs. un exgerente de banco
La lucha en contra de un desalojo que mantienen desde hace un tiempo los puesteros del oeste Francisco Quiroga (76) y Rosendo Coronel (42), cuyo caso fue publicado de manera exclusiva por El Diario, tiene una infinita cantidad de repercusiones.
Desde sus propias y particularísimas historias de vida hasta algunos episodios que los tuvieron como protagonistas no solo a ellos, sino también a quien reclama la propiedad absoluta de sus tierras: Godofredo Sepúlveda.

La familia de Quiroga ocupó el Lote 20 -ubicado a unos 70 kilómetros de Algarrobo del Águila y a unos 90 de Santa Isabel, compuesto por unas 5.000 hectáreas- durante más de un siglo. La de Coronel, en cambio, desde 1949.

Las dos familias viven actualmente de lo que producen. Es decir que tienen, concretamente, una economía de estricta subsistencia: algunos chivos, unos pocos caballos y menos vaquitas. “Ahora tenemos alguna platita más gracias a la jubilación (beneficio anticipado brindado por el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner)... También un aparato afuera que nos da energía, todo se hace un poco mejor que años atrás”, destacó Quiroga.

Coronel de vez en cuando suma algunos ingresos con “changas para trabajar de a caballo” que le da un vecino. “Antes, cuando estaba mi madre (murió hace unos tres años), era un poco mejor porque también tenía su jubilación... Pero bueno, yo ando tirando como puedo y vivo de lo poco que tengo”, añadió.

Como contracara de sus realidades está la situación de Godofredo Sepúlveda, actual pareja de Marcela Borthiry, coordinadora del Ministerio de Educación de la Provincia en el oeste y hermana del diputado provincial Martín Borthiry. Sepúlveda fue hasta hace algunos años gerente de un banco en la ciudad de Plottier, provincia de Neuquén, y es conocido en la zona por circular en una portentosa Toyota Hilux.

Como ya se aclaró, las dos partes involucradas en el conflicto tienen derecho sobre la tierra. Pero justamente fue Sepúlveda -quien desde muy joven se fue a estudiar a Victorica y luego recaló en otros puntos del país- el que se movió “legalmente” para desalojar a sus vecinos.

Los puestos de los Quiroga, Coronel y Sepúlveda están separados por no más de 1.000 metros. Aunque todavía no se sabe con precisión en qué fecha, en un momento el padre de Godofredo Sepúlveda consiguió que la Justicia le concediera -trámite de por medio- la posesión veinteañal del total de esas tierras.

Está claro que ese beneficio fue otorgado sin ningún tipo de inspección o verificación de la zona: es casi imposible no ver un puesto desde otro y distinguir con claridad los diferentes asentamientos.

En base a la escritura que consiguió su padre, una vez fallecido éste, Godofredo Sepúlveda volvió al lugar después de varios años con un papel en la mano, un abogado y la escribana Ana Los Arcos. Siempre de acuerdo con el relato de los denunciantes, les hizo firmar dos contratos de arrendamiento con fechas del 22 de noviembre de 2005 y 30 de marzo de 2006. Acuerdo con el que hoy pretende desalojarlos por “incumplimiento”.

Con carbón

Pero esa no fue la única maniobra. Quiroga recuerda que hace varios años atrás, Sepúlveda apareció en su puesto con “un señor” que supuestamente había comprado el campo. “Si mal no recuerdo, creo que era de apellido Lagos... Me dijo que era de Plottier”, indicó.

- ¿Y qué fue lo que le plantearon en ese momento?

- Me dijo que había comprado el campo y que me tenía que ir nomás...

- ¿Usted qué hizo en ese momento, qué les dijo?

- Y, bueno... ahí me asusté un poco. En un momento cuando vi que no me quedaba otra les dije que yo me iba a ir pero por lo menos que me pagaran las mejoras que había hecho... Yo a la casita le hice algunas piezas y le puse ladrillos con un cuñado mío.

- ¿Qué fue lo que pasó después?

- Noooo, después me di cuenta que se traían algo entre manos... Porque medían las ventanas con un piolín y hacían anotaciones de las cosas en un cartón con un carbón que sacaron del brasero, de acá nomás (señala). Ahí me di cuenta que algo raro pasaba, mire que va a venir a comprar un campo y ni siquiera va a tener un lápiz.

Una desgracia

y un gran susto

Quiroga y Coronel, entre tantas historias en común luego de tantos años de vecinos y parientes en la inmensidad del oeste pampeano, fueron testigos de dos hechos que los rozaron muy de cerca. “Acá, cerca de estos corrales, un rayó lo mató a mi papá cuando estábamos trabajando una tarde...”, contó Coronel. Antes de que terminara de hablar, Quiroga lo interrumpió: “...acá le pegó (dice señalándose la frente). Yo mismo lo apagué porque le corrió el fuego hasta la espalda”.

En otro episodio muchos menos trágico, Coronel le salvó la vida a su tío. Él mismo revivió el episodio: “Resulta que una vuelta viene el hijo de él (por Quiroga) y me dice que por segunda noche Francisco no había vuelto al puesto después de salir a darles de pastar a las chivas... Y bueno, salimos a buscarlo hasta que lo encontramos tapado con el recado en el suelo”.

¿Qué le había pasado? Un ACV le dejó inmovilizada la parte derecha de su cuerpo. “Primero me di cuenta que perdí fuerza en una mano, después cuando le quise volear la pata al caballo perdí el equilibrio y fui a parar como a dos metros... Y bueno, después como pude me arrastré porque estaba cerca de un alambrado, le saqué el recado al caballo y me hice como una casita y me quedé abajo por el frío. Me salvé de milagro”, sonríe sobre la anécdota.

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