Por Juan CabandiéLegislador por la Ciudad de Buenos Aires. Hijo de desaparecidos
Hoy se cumple un nuevo aniversario del 24 de marzo de 1976, el trigésimo cuarto desde el día del golpe y el sexto desde que la verdad y la justicia dejaron de ser sólo un reclamo histórico de miles de argentinos para ser también una política de Estado. Desde aquel momento, la esperanza le arrebató un lugar al dolor que no cesa por los que ya no están y, por momentos, las eternas lágrimas trocaron por sonrisas.
Este 24 de marzo no sólo es especial porque vamos a marchar con Francisco, el hijo de Abel y Silvia, el nieto 101 que recuperan las Abuelas, el nieto 101 que recuperamos todos. También es especial porque vemos como tienen que afrontar la Justicia, los verdugos de la última dictadura militar.
Lo que caracteriza a este 24 de marzo es que nunca como antes, habían estado tan al desnudo las intenciones de minoritarios pero poderosos grupos que intentan detener el proyecto iniciado en el año 2003 y con él, el proceso de verdad y justicia. Podemos afirmar, con todas las letras, que sin proyecto nacional no hay juicios y castigo y no porque nuestra sociedad vaya a aceptar una nueva amnistía generalizada sino porque este proceso podría peligrar sin necesidad de pagar semejante costo político.
La obstrucción en el envío de las pruebas documentales que están en poder del Estado Nacional, la reasignación de recursos humanos y económicos, la eliminación de las fiscalías especiales o de los programas de asistencia a los testigos son tan sólo algunos de los ejemplos de las maneras de entorpecer en forma subrepticia, los juicios sin necesidad de exponerse al rechazo popular.
Por otro lado, no imagino a los jueces federales, patriarcas de la familia judicial, alzando su voz en contra de maniobras de este tipo, menos aún cuando parece que finalmente se pone en debate su carácter aristocrático y reverencial. Ni hablar del monopolio mediático, que entro en "jaque" con la nueva Ley de medios y entraría en "mate" si finalmente se comprueba que los "hijos" de la Señora, son hijos de desaparecidos.
La disputa entre los dos proyectos en pugna se refleja, de esta manera, en la arena de los Derechos Humanos. De un lado los organismos, las madres, las abuelas, los hijos y los nietos recuperados. Del otro, 20 años de impunidad y cientos de jóvenes que continúan viviendo en la mentira. De un lado un Gobierno que pateó el tablero e hizo lo que nadie esperaba, del otro un rejunte opositor que esta dispuesto a cumplir con las expectativas de aquellos que vienen perdiendo sus privilegios.
De un lado el Proyecto Nacional y el Juicio y Castigo. Del otro... del otro, la nada misma.

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