El gobierno de Scioli no tiene los fondos para pagar los aumentos a estatales. Cada vez son más los reclamos
Desprevenido, nuestro lector podría enterarse recién en marzo, cuando las escuelas se mantengan cerradas y los niños se queden en casa, que las clases no empiezan por una simple razón: nadie quiere bajar sus justos reclamos después de que el gobierno provincial prometiera el oro y el moro a los policías que salieron (o se encerraron) para protestar. Pero si hablamos de justicia, ¿por qué un docente con años de experiencia y decenas de alumnos a su cuidado cada mañana, debería cobrar menos que un agente de seguridad? ¿Por qué los médicos y enfermeros, sino, harían a un lado sus aspiraciones de un salario razonable cuando un joven de 22 o 24 años, tras meses de preparación, recibe un arma y más de ocho mil pesos en sus bolsillos? Todos trabajos dignos, con sueldos miserables.
Pero vayamos por parte. Através de su ministro de Trabajo, Daniel Scioli llamó horas atrás al representante sindical de los maestros bonaerenses, Roberto Baradel, para empezar a programar un formato de discusión que se llevaría a cabo los primeros días de febrero. Claro, ¿con quien más podría negociar? Baradel camina de la mano de Hugo Yasky, quien al frente de la CTA oficialista, sigue los lineamientos de Cristina Kirchner y contiene los reclamos sindicales. Cristina y Scioli niegan problemas económicos, Yasky guarda un silencio prudente y cómplice y Baradel espera junto al teléfono.
Todos, más temprano que tarde, deberán reconocer que la provincia, como muchas otras del interior del país, no tiene el dinero para pagar a la policía, según una versión muy fuerte a la que tuvo acceso nuestro diario. Los fondos no están, y no hay fórmulas mágicas para solventar la crisis. Conciente que no puede agudizar aún más el malestar ciudadano, Scioli salió a decir que no va a aumentar los impuestos, que ya resultan extorsivos para la clase trabajadora que, peso a peso, paga el sueldo de la burocracia estatal. Y así volvemos al comienzo, al inmenso aparato burocrático que carcome, pedazo a pedazo, la economía provincial y nacional.
En una nota publicada en diciembre de 2013, Hoy reconocía el valor del gobernador correntino, el primero en blanquear la situación y admitir la posibilidad de las cuasimonedas ante la falta de dinero para pagar a los agentes. Sería prudente, en este sentido, que Daniel Scioli y sus ministros saquen punta al lapiz y estudien a fondo las finanzas públicas, para conocer el desempeño de los empleados de la administración e indagar en la inmensa cantidad de personal que no va siquiera a su oficina. Militantes de un salario nacional y popular.
De lo contrario, la crisis estallará. Ya los hospitales están en serios problemas, y no sólo edilicios. No tienen antibióticos ni algodón y sus camas están sucias por falta de personal. En los colegios, los porteros, que ayer administraban la escasez de los comedores, mañana no abrirán las puertas de no poder llevar su propia comida a casa. Estallará, porque no habrá otra cosa que hacer, cuando cada uno salga a reclamar lo que es justo, lo que le prometieron, lo que no está.
Las mentiras se caen a pedazos. Empezamos el año 2014, y la pregunta obligada es si traerá un cambio en las altas esferas del poder. Si se dirá la verdad sobre la inflación, la educación, la salud, la subocupación. Desde aquí abajo, todo un pueblo lo demanda. De lo contrario, esta historia tiene un final anunciado.
Números que no cierran
Según un estudio de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), en Argentina, cerca del 21% de la población económicamente activa está empleada en el sector público (en los tres poderes), tanto nacional, como provincial y municipal. Este porcentaje está muy por encima del que poseen, por ejemplo, Estados Unidos (14%), Australia (14%), Portugal (13%), Polonia (13%), Holanda (13%), Australia (13%) y España (13%).
En este sentido, la “década ganada” se puede dividir en dos períodos. Mientras entre 2003 y 2008 la creación de empleo privado en la provincia de Buenos Aires duplicaba la del empleo público (9,7% versus 4,1%), la situación se revirtió para el ciclo comprendido entre 2008 y 2013 y la tasa de crecimiento promedio anual del empleo estatal pasa a duplicar a la del privado: 3,1% contra 1,6%.
Así pues, este crecimiento exponencial cumplió la función de enmascarar los nómeros del desempleo, pero a su vez, demanda un excesivo gasto fiscal y provoca un fuerte desbalance en la economía, que ve empequeñecido su otrora importante aparato productivo.




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