La protesta de los municipales, con humo denso y gomas encendidas, generó un profundo rechazo de la gente. La pregunta de una periodista de EL POPULAR llenó de ira a José Stuppia: la agredió, la insultó y superó todos los límites del autoritarismo.
Gente que no entendía una metodología de protesta que afecta directamente al resto. A los chicos que van y vienen de la escuela. A quien sale a la calle a vivir el cotidiano. Pero el gremialista no soporta el disenso. Ni de la ciudadanía ni de los cronistas de todos los medios que se acercaban para contar la noticia como lo hacen con todas las noticias. Bastó un par de preguntas de la periodista de EL POPULAR para que Stuppia estallara, agrediera, se acercara peligrosamente a quien cubría el episodio, la insultara y le reprochara a vivo vozarrón que ella y sus hijas comieran diariamente.
Fue suficiente con que Karina Gastón le preguntara si la medida no era contraproducente, para que Stuppia la acusara de "tomar una posición" -como si no estuviera permitido pensar diferente- y comenzara a gritar desaforadamente en medio de insultos. Grabados por Canal Local, se pueden escuchar: desde "hija de puta" a "la puta que te parió". Marcelo Kehler, fotógrafo de EL POPULAR, medió para detener la avanzada de Stuppia que seguía gritándole a la periodista cuando se iba "a vos las cosas no te van mal, vos no pasás frío, la pasás bien, vos". Con el coro de los pocos que lo acompañaban.
Los que pasaban
La gente, mientras tanto, pasaba y miraba el panorama.
Osvaldo observó con incredulidad, desde la vereda de enfrente aprobando el reclamo por un salario digno pero no el modo en que ese puñado de trabajadores municipales estaba decidido de protestar. "El reclamo que lo hagan, tal como lo sienten, pero sin molestar a los demás, a los empleados que trabajan y a la gente que pasa. Le están haciendo un mal a Olavarría", planteó a EL POPULAR el señor que ya peinaba unas canas. Se pronunciaba en sintonía con el planteo de alcanzar otro nivel de ingresos, que mejoren la calidad de vida de los empleados comunales, pero "no con este modo de protestar".
"No estoy de acuerdo para nada con la medida y no tendríamos que darle bolilla a esto por el modo en que lo hacen. A esto hay que darle vuelta la cara, sería lo más justo para la gente que está adentro", analizó, tras señalar el Palacio Municipal.
A escasos metros de ahí, en la misma esquina donde está enclavada del carpa del Sindicato de Trabajadores Municipales, Luciana meneaba la cabeza. De prolijo uniforme azul y gris, y apretando sus libros contra el pecho, soltó un "yo no me merezco estar respirando este olor". La adolescente sonaba categórica: "no me gusta esto, no sé qué reclaman pero recién salgo del colegio y es la segunda vez que hacen esto".
De todos modos, "me parece perfecto que hagan huelga, estoy a favor" de la medida de fuerza, "pero este no es el modo".
La sensación, generalizada, entremezclaba asombro con molestia. Los que podían esquivaban la oleada de humo negro, como una mujer embarazada que cruzó de vereda y apuró el paso. Otros, en cambio, optaron por detener la marcha y observar con detenimiento lo que sucedía en el corazón de la ciudad. Como César, de 51 años, que había llegado al centro dispuesto a hacer algunos trámites que finalmente postergó para estudiar la escena que tenía frente a sus ojos. Parado en la esquina, pero enfrente, asumiría que "el smog que se levanta ahí me sorprendió, y eso para la salud es contagioso. Eso no es saludable. Por acá anda mucha gente, muchos niños. No es la manera de hacer una protesta", fue la queja del vecino del barrio Belgrano.
"Se puede pedir de otra manera, acercándose con palabras que es como se arreglan las cosas. Pero esto así, hecha todo a perder", concluía el señor, convencido de que la legitimidad de la protesta quedaría debilitada por el método empleado.
Alicia, de 67 años, frenó unos minutos. Sabía de la carpa y estaba informada acerca del reclamo. "No me sorprende verlo quemando gomas pero no pensé que las iban a prender otra vez, pero ellos sabrán", opinaba mientras estudiaba en detalle cada reacción. "Sé lo que reclaman y parece que es la única solución para que los escuchen pero no me gusta que quemen gomas ahí. Ellos sabrán...".
Antes, mucho antes, el secretario general de los Municipales había increpado a una docente, que se enojaba por esa protesta que teñía de negrura el mediodía olavarriense. El malhumor de la calle le había inyectado demasiado enojo a José Stuppia, firme en la iniciativa de calentar los ánimos al calor de las gomas y de una olla popular que hervía a centímetros de las escalinatas que llevan al despacho municipal. Y se ofuscó ante las preguntas de una periodista de este diario, que planteó lo mismo que dice la comunidad. ¿Por qué quemar gomas si con una carpa y una olla ya ponen en vidriera sus planteos salariales? ¿Es necesario tiznar el aire y los pulmones para hacer valer un reclamo? Al parecer, son preguntas que el representante de los trabajadores municipales no tolera. Ni permite. La sensación de intolerancia terminó siendo más densa, y condenable, que la humareda azabache que tapaba las puertas de la Intendencia. Mientras tanto, la calle intentaba seguir su ritmo, aunque a la pasada un cartonero zigzagueara la cortina de humo y dijera, al pasar, "no piensan ni siquiera en los chicos que salen de la escuela".
Las declaraciones
"Dentro lo programado todos los jueves hacemos la olla popular. Hace demasiado frío y por medio de las cubiertas nos calentamos un poco", comenzó el gremialista en una nota compartida con el Canal Local. Luego, las preguntas y las respuestas textuales:
-¿Te parece una medida viable ésta?
-No sé, pero es una decisión de todos los compañeros y como democráticos hay que aceptar lo que diga la mayoría.
-¿Te parece justo que la gente se tope con esta medida de fuerza?
-Hay que decirle al Intendente por qué sigue el conflicto. Las familias municipales están en la indigencia total, nuestros jubilados también están en la indigencia, no les pagan los aumentos y él tiene toda la fuerza política y puede hacer la gestión política para que nuestros jubilados cobren lo que tienen que cobrar y no mueve porque el poder político que tiene él es para llegar al Gobernador. No puede ser que los jubilados tengan congelada la antigüedad, no les den los aumentos, están pasando lo peor, y los activos que cobran 1.000 pesos. Si no hacemos esto nos tenemos que ir.
-Claro, ¿pero lo de las gomas no creés que es contraproducente?
-Tráiganme un par de estufas...
-Porque además se intoxican...
-Sí, la medida de protesta puede ser que intoxica pero estamos excluidos, nuestros hijos no tienen. No quiero que nuestros hijos andan descalzos, no tengan para comer o almorzar...
Lo demás es imposible de reproducir.
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