Un programa que surgió en plena crisis y que se consolida en el tiempo

A partir de hoy, en la sede del INTA ubicada en calle Elcano 658 se iniciará una semana de exhibición del Pro Huerta. Estará abierta en el horario de 9:00 a 17:00. En esta nota, su responsable, Marisa Rouvier hace un balance de lo alcanzado en la provincia.
El programa Pro Huerta, que a nivel nacional cumple 20 años, se inició en década de los noventa, ante una gran crisis económica que sufrió en ese momento el país que dejó una gran masa de desocupados, que tenían muchas necesidades alimenticias.

A través del INTA se instrumenta el plan con el objetivo de completar la alimentación en familias con menos recursos económicos, situación de pobreza o de vulnerabilidad social; a través de la autoproducción de alimentos frescos y sanos, mediante huerta o granja.

En Tierra del Fuego, el programa comenzó en 1992, con la presencia del ingeniero Daniel Díaz -era el coordinador en Ushuaia- quien hizo las primeras gestiones en la zona. En Río Grande, se instrumentó en el mismo año, con el ingeniero Horacio Pico como técnico del programa.

Entre 1993 y 1995 fue Marisa Rouvier quien se dedicó a dar continuidad al programa, ad honorem. «En 1995 me incorporó al INTA para trabajar en Pro Huerta» contó a El Sureño, al hacer una evaluación de la experiencia que llegó a estas latitudes del país..

En estos años de instrumentación del plan, «tuvimos picos importante de atención de demanda de familias. En el año 2000, en momentos de crisis económica, hemos llegado a las 800 familias asistidas, a nivel provincial. Por lo general, se mantiene en un promedio de entre 500 y 600 familias beneficiarias».

Marisa Rouvier contó que «todos los años se va renovando la gente que viene a capacitarse y a buscar las semillas. También hay gente que logró independizarse, aprendió como producir sus propios alimentos y consiguen las semillas en comercios locales y siguen desarrollando» sus huertas.

Todo orgánico

El Por Huerta es un programa que cuenta con capacitaciones libres y abiertas a toda la comunidad, que persigue el objetivo de enseñar a la gente como cultivar, que técnicas aplicar para mejorar el suelo, hacerlo más fértil y también como, transplantar.

En Tierra del Fuego sucede el caso de que mucha gente que viene de otras provincias, con otras condiciones climáticas y otras características del suelo, les resulta acá «todo muy nuevo empezar una huerta».

El modelo que se aplica es del de una huerta orgánica, natural, sin uso de agro químicos ni insecticidas. «Enseñamos a las personas a preparar abono natural y preparar productos para control de plagas», dijo Marisa Rouvier.

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