Fue el miércoles por la tarde en el establecimiento educativo de la calle Lavalle. La mujer se hizo pasar por la madre de otro alumno para engañar a la profesora, que ya había sido amenazada. Recibió cachetadas en el rostro, golpes en la cabeza y patadas. “La gente tiene que saber en que clima de violencia y desprotección vivimos los docentes”, señaló la víctima.
"Ese mismo día a la noche la madre acudió al colegio amenazando con prender fuego la escuela y pegarme a mi porque, decía, yo había agredido física y verbalmente a su hijo. Como en ese momento no había ningún directivo, al otro día volvió y repitió la misma escena, diciendo que había sido yo la que había agarrado al chico y lo había insultado", continuó la educadora, aclarando que "después de ese episodio el chico dejó de venir a la escuela".
"Tiempo después, cuando estaba por cerrar el trimestre, el chico volvió a clase. Yo lo llamé al escritorio, como a todos los demás, y le expliqué cuál era su situación. No tenía calificaciones y la única nota que tenía era un uno. Le dije que le iba a dar una oportunidad porque me había enterado unos días antes que tenía problemas de salud. Incluso le mejoré la nota para que dando un buen examen pudiera aprobar la materia", contó Brizi. "Él reconoció que había dejado de venir por el episodio con la madre y que había mentido. Entonces yo cometí un error, a pesar de que en la escuela me habían dicho que podía hacerlo. En el aula y en presencia de una preceptora, deje constancia por escrito de los que el chico había confesado. Quería cubrirme de alguna manera. Después me enteré de que no se puede hacer eso con un menor cuando este se desdice o se autoinculpa por algo", prosiguió.
Lo cierto es que después del hecho, Brizi recuperó algo de tranquilidad "porque sentí que las cosas se habían aclarado". "Yo estaba muy angustiada porque jamás trataría mal a un alumno", agregó. Sin embargo, "a los pocos días me crucé con la vicedirectora y al consultarla sobre el caso me dice que haber hecho el acta había empeorado la situación, porque ahora la madre del chico había llamado y había dicho que yo lo había hecho firmar bajo amenaza. El chico nuevamente dejó de asistir".
En este marco, "ayer a la tarde el chico volvió a concurrir y en mitad de la clase me pidió permiso para salir a buscar hojas. Pasaba el tiempo y no volvía y cuando salí a ver que pasaba la preceptora me dijo que estaba enfermo y que se iba a quedar en Preceptoría", contó la docente. Fue en ese momento cuando "entra una señora al salón, me pregunta si soy la profesora de Geografía y se presenta como la mamá otro chico. Yo le digo que sí y salgo del aula". "Enseguida me empezó a increpar y a maltratar. Ahí me di cuenta de quien era, entré en Preceptoría y pedí que llamaran a la directora para hablar delante de ella. En ese momento me encajó una tremenda cachetada que me dio vuelta la cara. Me quedé paralizada. Después me pegó otro empujón, me agarró de los pelos, me pegó la cabeza contra la pared y muchas patadas. Yo empecé a pedir que llamaran a la Policía y la tuvieron que reducir entre cuatro", señaló Brizi.
Fuera de sí, la mujer "insultaba a todo el mundo, incluso a algunos alumnos que me querían defender. Quedó encerrada en Dirección. La directora no quiso que intervenga la Policía, pero yo por mi parte presenté una denuncia penal. Es todo lo que puedo hacer". "Lo que da bronca es que ya se sabía que esto iba a pasar. Hacía dos meses que venía el tema. La mujer entró a la escuela y llegó a mi salón sin problemas. La actitud de la Escuela fue más tratar de calmar a la mamá que asistirme a mí. Yo estoy con pánico y mucho miedo. Todos tienen que saber en el clima de violencia y desprotección que vivimos los docentes. Hay que hacer algo para evitar este tipo de situaciones", concluyó Brizi, al tiempo que subrayó que "anoche no pude dormir de los nervios y de la hinchazón que sentía en el cuero cabelludo. También tengo marcas en el cuerpo".
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