La generación de destilerías autónomas a cargo de los productores para obtener alcohol del jugo directo de caña, como tiene Brasil, podría revertir la actual coyuntura por la que atraviesa la actividad azucarera del NOA.
En este sentido –señaló- “estamos en un momento clave para el país y nuestra actividad”, por lo tanto de nosotros los productores depende demostrar si es que tenemos la madurez necesaria para dejar de lado viejos rencores, desconfianzas y enconos personales, tratar de subirnos al tren del progreso que no se trata de hacer clubes de amigos, sino de sociedades anónimas, de responsabilidad limitada, cooperativas, o cualquier otra figura legal que se elija para nuclearnos en una o varias destilerías por zonas para volver a sacar adelante el noble cultivo de la caña de azúcar”.
Para lograr esto –dijo- “hoy los gobiernos, provinciales y nacional, nos ofrecen la oportunidad de juntarnos para elaborar proyectos y tomar créditos a tasas y plazos accesibles acordes con los plazos de pago de inversiones como ésta. También tenemos como nunca antes, el acompañamiento de los gobernadores, legisladores y funcionarios tanto nacionales como provinciales, de todos los partidos, que están dispuestos a acompañarnos con la promulgación de leyes o decretos que tanto productores e industriales necesitemos para llevar adelante el reflorecimiento de esta actividad”, agregó.
El productor reveló que la actividad azucarera no está pasando por un buen momento, debido a una serie de factores, algunos inevitables y otros no. En este sentido recordó que hace unos años hubo un aumento interesante del precio promedio del azúcar, lo que llevó a que el cultivo se tornara atractivo por los valores de rentabilidad que se preveían obtener.
Sumado a ello, se promulgaron una serie de leyes que obligaban a las empresas petroleras a usar alcohol en la mezcla con las naftas. Todos estos factores dieron como resultado un fuerte incremento en las plantaciones de caña de azúcar por parte de los cañeros tradicionales, como también de nuevos productores que liberaron superficie de otros cultivos. Es conocido en Tucumán la migración de citrus y algunas aéreas sojeras a caña, y en Jujuy un leve reemplazo de superficie que antes rotaba con tabaco.
“Todos pensábamos que el cultivo tenía un futuro brillante y una rentabilidad asegurada, por lo que nos llevó a muchos a invertir en una producción que tiene un alto costo de entrada y también de salida, pues si bien una plantación dura entre 5 y 8 años, es muy cara la implantación, sobre todo para el productor que arranca de cero”, aseveró Berardi.
Pero esto fue así hasta que en el medio apareció, “no la mano invisible del mercado, que regula el precio por oferta y demanda, sino la mano visible, irresponsable y cortoplacista de algunos ingenios azucareros, sobre todo de varios de la provincia de Tucumán, que hicieron volar por el aire todo un negocio brillante y de una probable buena rentabilidad para los productores, y la comunidades donde se desarrolla esta actividad, por el efecto de derrame social que ella produce. Y a pesar que había un acuerdo tácito entre industriales y cañeros, donde al ser el azúcar un producto de consumo inelástico, tanto industriales como productores debíamos estar dispuestos a exportar el excedente a un menor valor, o lo que es mejor, transformarlo en alcohol, para no producir un exceso de oferta en el mercado interno”, explicó.
Lo que pasó es un típico ejemplo de la famosa “viveza criolla”, aseguró el productor: “Los ingenios, algunos, no todos, hay todavía muchos industriales azucareros honorables, nos retuvieron e hicieron facturar a los productores azúcar a $125 la bolsa de 50 Kg, y ellos los –vivos- no la exportaron y la volcaron al mercado interno, a $200 primero, luego $180, $160 y hoy a $130, por la sobre oferta generada, provocando una situación de virtual quebranto en el productor cañero y en los ingenios, pero en ellos no tanto pues algunos ya habían hecho un colchoncito con la mencionada maniobra”, aseveró.
En este contexto Berardi señaló que “personalmente y muchos de mis colegas, técnicos y productores cañeros, seguimos creyendo que producir caña de azúcar no es una mala inversión, pero sí es necesario reconocer que las reglas de juego cambiaron, y hay que estar dispuestos a tomar decisiones maduras y trascendentales para poder garantizarnos un nivel de facturación digna, y no ser expulsados del sistema, para ello hay que dejar de culpar al gobierno, que en este caso no tuvo nada que ver, dejar de culpar a los ingenios, que si tuvieron algo que ver, y de una buena vez, empezar a reconocer que algo de culpa, por acción u omisión también tuvimos nosotros los productores”, advirtió.
Estamos en épocas en que no solo “tenemos que sentarnos a rogar a Dios para que una sequía, seguida de una fuerte helada, y si rogamos bien, una devaluacioncita, nos solucionen el problema, zafemos esta zafra y después vemos”, estimó.
“Por más que Dios este un poquito más cerca de los argentinos, ahora que tenemos Papa, no podemos seguir sobrecargándolo de pedidos sin intentar por lo menos hacer algo al respecto, como decía mi abuela ”a Dios rogando y con el mazo dando”, recomendó el productor.
Para Berardi, “es inconcebible que a esta altura no exista la madurez entre los productores y asociaciones de productores para no pensar en juntarse para generar una serie de destilerías autónomas en las diferentes zonas productoras, con el objetivo de producir alcohol de jugo directo de caña, como tiene Brasil y así poder industrializar ese 30% o 35% que hay que sacar de la producción de azúcar para que no se vuelque al mercado interno. No decimos que los productores hagamos alcohol con el 100% de nuestra caña, solo con el 30% o 35% que hay que exportar, el resto debe seguir yendo a los ingenios tradicionales a los que cada uno entrega normalmente su caña”, explicó.
En este sentido también agregó que “podemos promulgar leyes, como la de Tucumán, donde se trate de regular la producción y se garantice, en cierta forma, la obligación de exportar dicha azúcar excedente, desde ya, agradecemos la buena voluntad del gobernador y los legisladores, pues pensamos que es una gran ayuda para la producción, pero por ello no tenemos que dejar de pensar que lo mejor que podemos hacer para regular el mercado es que se haga directamente alcohol, no azúcar para evitar tentaciones y no encarecer todo con infinidad de controles”.
Además alertó que “es tiempo de que dejemos de criticar y lamentarnos en los cafés y confiterías y nos pongamos a trabajar en serio para seguir adelante, parafraseando a Ortega y Gasset: ‘cañeros a las cosas’; hablemos menos y hagamos más, solo así vamos a ser capaces de dejarles una actividad productiva y un país mejor a nuestros hijos y a todos los que trabajan, viven y conviven con nuestro sector”.
Finalmente observó que la producción de alcohol concomitantemente acarrearía un sinnúmero de ventajas, entre ellas, “sacar azúcar del mercado interno, sin tener que estar sujeto a los vaivenes de los precios y volúmenes de exportación, no es fácil hoy salir a colocar 350.000 o 450.000 toneladas de azúcar en los mercados internacionales; estaríamos ayudando a que se cumpla la ley de biocombustibles, que preveía un corte inicial del 5% de las naftas, al que no estamos llegando por no haber suficiente producción de alcohol; estabilizaríamos los niveles de ingresos, haciendo más previsible la actividad; como subproducto de la actividad sucroalcoholera se puede cogenerar energía eléctrica para poder volcarla a la red, deficitaria en el NOA y contribuiríamos con el reemplazo de un porcentaje de las naftas por alcohol a mejorar la balanza de importaciones de combustibles, colaborando con el freno a la fuga de divisas por importación de combustibles hasta que YPF recupere su capacidad productiva".
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