La causa entre el artista, quien murió sin saber el destino de sus obras, y el marchand y periodista Gabriel Levinas está cerca del juicio oral. Tuvo en su poder los trabajos y los vendió, pero nunca entregó el dinero. Según argumentó, fue para afrontar un tratamiento médico. Fue quien entrevistó a un supuesto testaferro de Luis D’Elía.
La realidad es que el artista murió en julio pasado sin saber a ciencia cierta el destino de varias de sus obras, cuya exhibición en una sala de exposiciones de Francia había encargado a Levinas, el mismo periodista que entrevistó a Mario Codarín, un supuesto testaferro del dirigente piquetero Luis D’Elía.
Las 15 obras -13 dibujos y dos collages- fueron entregadas el 21 de abril de 2008 para su exposición y eventual venta en la Galerie Brun Léglise, de París. Entre 2009 y 2010, según registros de una causa penal que tramita ante el juzgado de instrucción número 38 de la Capital Federal, a cargo de la jueza Wilma López, reingresaron al país 12 de aquellas obras. Y de ellas, sólo cuatro le fueron devueltas a Ferrari.
Según argumentó Levinas al declarar en dos oportunidades en la causa, un comprador de Uruguay se había interesado en las obras, pero murió antes de completar el pago. Al día de hoy no aparecieron ni las obras, ni el dinero.
¿Cómo se justificó Levinas? Según reconoció en el expediente judicial, no le entregó el dinero porque debió utilizarlo para atender los gastos que demandó su grave estado de salud. Sin embargo, esa circunstancia de vida, según la Justicia, “no resulta suficiente para disminuir su responsabilidad penal”.
Los jueces de la Sala Primera de la Cámara de Apelaciones en lo Penal de la Capital Federal también señalaron que existe una "diferencia sustancial" entre el valor de las obras y el costo de un tratamiento médico.
Según documentación a la que accedió Infojus Noticias, Levinas admitió ante la Justicia que tuvo en su poder las obras, que las llevó a exponer y vender a una galería parisina, que efectivamente consiguió venderlas (a un coleccionista identificado como Roberto Brumberg) pero al momento de rendir cuentas “atravesó un estado crítico de salud que tuvo para él enormes implicancias personales y profesionales, entre ellas de tipo económicas”.
Entonces, según dijeron sus propios abogados, “debió afrontar cuantiosos gastos para poder sobrevivir, y como no tenía dinero propio que en tal sentido le alcanzara para ello, debió disponer del que había obtenido por la venta de ciertas obras de arte (de Ferrari y de otros artistas), de lo que claramente, como lo ha manifestado, está avergonzado”. Según la evaluación judicial, el perjuicio que sufrió Ferrari por la particular circunstancia que atravesó Levinas trepa a 144.199 dólares.
Según la evaluación judicial, el perjuicio que sufrió Ferrari trepa a 144.199 dólares
El estado de salud de Levinas “le impidió entregar a los artistas que en él habían confiado el dinero correspondiente a sus obras en forma inmediata a sus ventas, pues debió privilegiar su vida por sobre el dinero de sus mandantes. Mas ello no lo hizo con ánimo de fraude, tal como se los explicó a cada uno de ellos en el momento oportuno, habiendo aquellos comprendido perfectamente su angustiosa situación… salvo su viejo amigo (casi su segundo padre) y aquí querellante, León Ferrari Pardo”, sostiene el escrito de la defensa.
“Se encuentra suficientemente acreditado en autos el abuso de confianza que habría cometido Levinas. La circunstancia alegada por la defensa, relativa a la repentina intervención quirúrgica por la que debió atravesar el imputado, no logra rebatir las probanzas reseñadas por la jueza de primera instancia, ni resulta suficiente para disminuir su responsabilidad penal”, sostuvieron los camaristas Jorge Rimondi y Luis Bunge Campos al confirmar el procesamiento contra el galerista.
En esa decisión influyó un dato significativo: “existiría una diferencia sustancial de montos entre el valor de las obras y los costos médicos” y, por otra parte, “no se ha rendido cuenta documentada del manejo de los intereses pecuniarios ajenos que le habría sido encomendado a Levinas”.
Esta semana, la jueza de instrucción Wilma López podría resolver una serie de nulidades planteadas por la defensa de Levinas y, una vez sorteado ese paso, la causa quedará en condiciones de pasar a juicio oral y público por un delito que, según el Código Penal, es reprimido con penas de entre un mes y seis años de cárcel.


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