La increíble historia del argentino que se infiltró entre indocumentados y narcos para darle información al gobierno norteamericano. "No sé qué pasó con los que espié", confesó.
"Tengo miedo de que me venga a buscar la gente que delaté. Temo por mi seguridad. No sé qué pasó con las personas que yo espié, porque me cambiaban de caso y nunca me enteraba de qué sucedía. ", afirmó desde Nueva York en declaraciones a PERFIL Emilio Maya. El dueño del Tango Café, un comercio ubicado en Saugerties, la ciudad donde vive con su esposa, hija, hermana y padres, aseguró que el Gobierno argentino no lo ayudó cuando estuvo 15 días detenido por las autoridades y criticó las leyes de los Estados Unidos, que le prohíben salir del estado por más de 48 horas.
—¿Cómo se convirtió en espía de inmigraciones?
—Todo esto es secreto. Es un programa que se creó en 1995, para el que están destinadas 200 visas para los informantes que colaboran, aunque nunca se han dado más de 60. Acá todas las agencias de la ley tienen sus propios undercover (agentes encubiertos). Y es como tiene que ser, así mantienen el orden. Las autoridades se infiltran con gente del pueblo. Así trabajan acá, no sólo el ICE, sino también el FBI, la Policía Federal, todos tienen sus informantes. Así, ellos apresan a la gente que comete delitos.
—¿Cuándo lo contactaron y qué le pidieron?
—Mi hermana era amiga de los agentes de la policía local porque hacía traducciones para ellos. Como nos querían ayudar, en 2004 ofrecieron contactarnos con el FBI o con inmigraciones. Decidimos que lo mejor era con estos últimos, porque nos podían dar los papeles. Nos dijeron que si ayudábamos y colaborábamos, iban a otorgarnos la residencia. Al principio, le dije a Analía que no, yo tenía miedo.
—¿Cuál era su temor?
—Pensaba que nos iban a engañar. ¿Cómo vas a ir a trabajar con los que te quieren echar? Cualquier hispano tiene ese miedo. Nos hablaron en un auto, en un estacionamiento, típico de las películas. Todo muy informal. Ellos traían información en carpetas de gente que tenían bajo vigilancia. Y ahí, nosotros teníamos que ir a conseguir pruebas de que lo que estaban haciendo era ilegal. Yo era una persona totalmente ajena a eso. Al principio me temblaba todo, fue muy duro ser un agente encubierto. Yo no tenía entrenamiento.
—¿Qué tareas de espionaje hizo para el gobierno?
—Me infiltré en barrios pesados, en casas, departamentos. La pasé mal en un momento, en una compra de drogas que fui a hacer, el vendedor me subió en un auto, eso no estaba planeado. Sospechó algo y nos fuimos a otro lado. Yo tenía micrófonos y otros agentes me seguían. Si yo decía una palabra en clave, ellos irrumpían. Decía "espera un minuto" y ellos escuchaban eso y cortaban la operación. Sin embargo, en ese momento perdí contacto. El narcotraficante me preguntó dónde estaba mi auto, yo le dije que no lo había traído, que me pasarían a buscar unos amigos. Y dejó que me bajara en un lugar que yo no conocía.
—Si trabajaba infiltrado, ¿por qué lo deportan?
—En 2006, nos dieron un permiso transitorio de residencia que renovábamos cada año y lo teníamos hasta abril de este año. Pero me empezaron a pedir información de inmigrantes vinculados a actividades terroristas. Además, nos hicieron firmar papeles para que no pudiéramos hablar con nadie, aunque yo cayera preso no podía contar nada de esto. Después me lo quitaron porque yo no quise trabajar más. Me enojé porque no cumplieron con darnos los papeles definitivos. Nosotros no damos nada por nada, me dijeron. Entonces yo no voy a hacer nada más, les contesté. Después, me comunicaron que como ya sabían que estábamos ilegales, nos tenían que deportar. Siento que fui totalmente usado. No cumplieron con lo que prometieron ni tampoco me pagaron un peso. Yo sólo pedía que me dieran el estatus legal para mí y para mi hermana.
—¿Qué asistencia recibió del Gobierno argentino?
—Cuando me arrestaron 15 días el año pasado, llamé al consulado en Nueva York. Tomaron mi nombre, me dijeron muchas gracias y nada más. Cuando me soltaron, volví a llamar y les dije que no se preocuparan. Me pregunto dónde estaba el Gobierno argentino cuando yo fui a prisión. Me metieron con el resto de los presos y tenía terror de que alguno me reconociera.
—¿Qué les recomienda a los inmigrantes que están ilegales en Estados Unidos?
—A los hispanos les diría que no hagan lo que yo hice. Me arrepiento de haberme metido con esta gente, porque no me cumplieron.
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