Los consultados coinciden en que los problemas de pedofilia, la situación económica del Vaticano, las pujas en la Curia y el distanciamiento de los fieles de la institución eclesial son los ejes sobre los que deberá actuar el Pontífice.
Rubén Dri, profesor de Sociología de la religión y teólogo, en diálogo con Tiempo Argentino, consideró que la depuración del Vaticano es el principal desafío que deberá sortear Bergoglio: "Debe imponer una autoridad. Allí hay problemas de pedofilia, problemas de chantaje sexual, problemas con el Banco. Después deberá analizar la situación económica y las luchas entre las diferentes corrientes de cardenales." Paolo Naso, profesor de Ciencia Política de la Universidad La Sapienza de Roma y miembro de la Iglesia Valdense, coincidió en que "los temas más urgentes de la agenda papal" son "la reforma de la Curia, el peso de los escándalos en el IOR (Instituto para las Obras de Religión), el relanzamiento del diálogo ecuménico e intrarreligioso", a los que sumó "los desafíos de una ética católica que no sea una secuela del 'no'."
De acuerdo al sociólogo especialista en religión, Fortunato Mallimaci, Bergoglio deberá multiplicar esfuerzos para revertir "la pérdida de credibilidad en la institución" de los creyentes. "Después están los temas institucionales: una serie de dogmas que los católicos no cumplen porque les parecen ridículos, que van desde el preservativo hasta el tipo de familia (que se debe conformar) o la interrupción del embarazo", agregó el investigador del CONICET a la Agencia Paco Urondo (ver pag. 9).
Mallimaci también remarcó que uno de los puntos que más preocupa a la Iglesia es la pérdida de fieles. Se refirió a "la cantidad de católicos que en los últimos 15 años han decidido conscientemente dejar ese catolicismo y tener otra identidad religiosa".
Por tal motivo, en diálogo con Tiempo Argentino, el padre Luis Farinello dijo: "Ojala que el Papa pueda lograr algo nuevo, porque la Iglesia está mal, los católicos tenemos hoy una Iglesia muy mala. Nos falta una Iglesia más novedosa, que esté más cerca de la gente, necesitamos algo nuevo."
Para Miguel Ángel Barrios, doctor en Ciencia Política, "sería necio desconocer la parálisis eclesial existente, por la debilidad de conciencia histórica ante los gigantescos desafíos que le plantea el sistema mundo, que llevó a Benedicto XVI a renunciar y reconocer la ‘falta de fuerzas espirituales y físicas’ para continuar en el papado, en un hecho inédito desde hace 600 años." Según Barrios, con la asunción de Bergoglio, "la Iglesia Católica se encuentra ante el enorme desafío como Pueblo Universal –para todos los que nos consideramos católicos– de recuperar el sentido de ‘Misión’. Con el Papa Francisco, primer jesuita y latinoamericano, tal vez se inicie un nuevo momento, donde la Iglesia Latinoamericana pase de "Iglesia reflejo" a "Iglesia fuente". Si es fiel a la historia de la Compañía de Jesús, el Pueblo Católico Universal será potencializado por Nuestra América, y la Patria Grande potencializará al Papa a favor de los débiles del mundo."
Mallimaci es más escéptico: "Las personas son importantísimas en las organizaciones, pero las estructuras a las cuales uno debe entrar o modificar también pesan. Hoy esas estructuras católicas están muy homogeneizadas con un tipo de pensamiento muy conservador", dijo y consideró que para él nada cambiará.
Dri fue aun más lejos en su análisis: "Bergoglio no tiene otro proyecto de Iglesia que el que elaboraron entre Juan Pablo II y Benedicto XVI: una Iglesia fuerte, que seguirá articulándose con los grandes poderes. Un proyecto de Iglesia que fue cuestionado por el Concilio Vaticano II. Por eso creo que va a proponer una solución paternalista: tratará de desactivar todos los proyectos políticos que apunten a transformaciones profundas."
De acuerdo a Dri, Francisco "es un político eclesiástico que ama el poder", por lo que buscará solucionar los problemas sociales con un gran protagonismo de la Iglesia en detrimento del Estado. "Mi preocupación fundamental es cuál será su actitud respecto de los procesos populares de América Latina", dijo el teólogo.
Acaso el rol de Bergoglio durante el terrorismo de Estado nutre la desconfianza: pesan sobre él acusaciones de no haber colaborado con los organismos de Derechos Humanos, de no haber protegido lo suficiente a dos misioneros jesuitas cuando era superior de la Compañía de Jesús y de no haber hecho las gestiones necesarias para encontrar al bebé que la desaparecida Elena De la Cuadra tuvo en cautiverio.
En este contexto, el sacerdote Eduardo De la Serna, coordinador del Grupo de Curas en Opción por los Pobres de Argentina, opinó: "Podremos evaluar (a Francisco) a medida que vayamos viendo los pasos que como Papa vaya dando. Por el momento, sólo nos queda desear. Muchos, mirando su historia personal pueden pensar razonablemente que es dudoso que sea el Papa que Dios inspira para este tiempo de la Iglesia; otros, también razonablemente, pueden pensar lo contrario. No se trata de dogmas, se trata de convicciones válidas o razonables. Ahora, para ver la obra del Espíritu Santo en el papado de Francisco sólo queda el tiempo que nos permitirá con mayor o menos sensatez descubrir o no sus huellas en nuestra historia." «
El dato
Ferrari
En 2004, Bergoglio calificó de "blasfema" la muestra retrosprectiva del artista plástico León Ferrari, que incluía imágenes religiosas, y desencadenó la reacción de un sector de la feligresía, que destruyó parte de las obras que se exponían en la Recoleta.


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