A un año de asumir al frente de la provincia, el gobernador manifestó cuál considera que fue el principal mérito de su gestión.
Ni el ítem Aula, ni los cambios en la Justicia, ni las leyes aprobadas en la Legislatura. Para el gobernador Alfredo Cornejo la principal baza que se anotó en su primer año de gestión fue la de restablecer la autoridad en la figura del gobernador. Y eso se logró mediante las medidas recién mencionadas.
Este viernes se cumple el primer aniversario desde que el intendente de Godoy Cruz llegó a sentarse en el sillón de San Martín y tomó las riendas de la provincia. Después de 365 días afirma sentirse acompañado por una gran parte de la población y sostiene que su gestión es respetada por la ciudadanía. Y para explicar este fenómeno, esgrime que luego de años de demagogia, populismo y falta de autoridad, muchas personas reclamaban orden en la gestión y pautas claras.
Entiendo que no se puede tener un proyecto colectivo sin que se restablezca la autoridad política. No se puede convocar a la sociedad a un lugar común de desarrollo, crecimiento, etcétera, sin tener autoridad", advirtió el mandatario en MDZ Radio.
Cornejo subrayó que en los últimos años hubo muchos espacios de deliberación pero nadie quería asumir el costo de tomar decisiones. "Se debate, se habla, se buscan consensos pero en algún momento hay que tomar la decisión", remarcó. "El liderar una sociedad compleja requiere autoridad política. Poner orden, dar a conocer los objetivos y persuadir a la gente para ir hacia ese lugar. Se lidera tomando decisiones porque si todo es deliberación, no se avanza", agregó.
A su criterio, ese ha sido el giro que logró dar a lo largo de este año.
A lo largo del 2016, al gobernador no le tembló el pulso a la hora de tomar decisiones que fueron consideradas antipáticas por varios sectores de la sociedad. Su primera batalla la libró con el aumento por decreto para los docentes y la incorporación del ítem aula. Pese al rechazo del SUTE y las marchas que se realizaron desde distintos gremios contra la medida del oficialismo, Cornejo aguantó los embates y no dio el brazo a torcer.
Luego de cuatro años en los que los gremios marcaron el pulso de la calle, el gobernador supo interpretar el cansancio de la sociedad con el sector sindical y logró inclinar la opinión pública a su favor, dejando en una situación incómoda a los líderes gremiales que vieron bajar drásticamente el acatamiento a los paros que convocaban.
Mientras tanto, en la Legislatura provincial el gobernador también dio muestras de poder. No sólo logró solidificar los cimientos de Cambia Mendoza y el crisol partidario que lo compone, sino que consiguió el apoyo de la oposición para aprobar proyectos que presentaron desde el Ejecutivo. Pese a los retobes de el Frente Renovador, Libres del Sur, el PRO y el PD ante casos puntuales, no se quebró la unidad del frente que lo llevó al poder. Al mismo tiempo, a través de los intendentes del PJ, pudo acercar posiciones con la oposición. Hasta consiguió que algunos referentes de La Cámpora lo miren con respeto.
De todas maneras, su principal batalla y en la que mayor resistencia encontró el mandatario fue en la que se desató en la Justicia. No sólo por las diferencias con algunos magistrados de la Suprema Corte, sino por el rechazo popular que se hizo sentir contra José Valerio, juez que Cornejo eligió para suceder a Herman Salvini en el máximo tribunal.
El gobernador encumbró a Valerio como un ícono de la mano dura que necesita Mendoza para ordenar el Poder Judicial. Un freno a la puerta giratoria. Un cambio de doctrina para que los delincuentes sean encerrados y no recuperen su libertad a las pocas horas de ser detenidos.
Si bien en Casa de Gobierno esperaban críticas a esta designación, la seguidilla de femicidios le dieron fuerza a un grito popular: No a Valerio. Pese a su experiencia y trayectoria judicial, al elegido de Cornejo se lo estigmatizó por fallos como el de la absolución del único imputado por la desaparición de Soledad Olivera y se lo tildó como un magistrado sin perspectiva en violencia de género.

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