La primera trasplantóloga de Mendoza aún trabaja en el Central

La primera trasplantóloga de Mendoza aún trabaja en el Central
Se trata de la nefróloga jubilada Elsa Piulats. Una eminencia a la hora de hablar de tratamientos renales. Su historia y sus anhelos
Para Elsa Piulats, médica nefróloga, la misión de salvar vidas es un tema que no tiene tiempos. Y es sólo así como puede explicarse que esta incansable mujer, que no quiere decir su edad por coquetería femenina, con 46 años de trabajo a cuestas y más de 5 de jubilada, aún permanezca a diario trabajando en el área de Trasplantología del Hospital Central, en el mismo sector en el Hospital Español –ambos servicios de los que es miembro fundador– y también se dé tiempo para su consultorio particular. Muy interesante es la historia de esta profesional, que fue parte del equipo que realizó el primer trasplante renal de la provincia en el Hospital Central, allá por 1976, que intervino activamente en más de 300 cirugías de este tipo en efectores públicos y privados y que hoy celebra con algarabía poder participar en la reanudación de trasplantes renales en el Central, tras 6 años de suspensión, como cirujana y asesora médica.

Con la luz y el entusiasmo de una adolescente en la mirada, la doctora Piulats, admirada y respetada por sus pares, accedió a hablar con El Sol y recordar los inicios de la trasplantología en la provincia, realizar un balance sobre la situación actual y soñar algunos avances para el futuro. “Empecé en 1964, me recibí y seguí la especialidad de Nefrología y específicamente me dedique a estudiar sobre diálisis crónica. En 1970 me fui a EEUU a especializarme en técnicas de trasplante, en el 70, 71 y 72, mientras me especializaba, trabajé con el equipo del doctor René Favaloro y aprendí mucho”, relató Piulats. Pero mientras la médica permanecía fuera de su terruño, lo único que ansiaba era aprender para desarrollar sus conocimiento, aquí en Mendoza. “No fue fácil empezar acá, fue muy difícil, teníamos los conocimientos y la predisposición pero nos faltaban cirujanos.

En 1976 comenzamos a armar el primer equipo de trasplantes renales en el Hospital Central, contábamos con la herencia del doctor Crawford, pero sabíamos que no sería algo sencillo”, recordó la nefróloga. A su memoria llegan nombres como los de los doctores Kórica, Giraudo y Montero, mientras repasa la historia de su carrera. “Era difícil ser mujer, ser médica y tratar de opinar entre semejantes eminencias de la medicina, pero siempre tuve un carácter fuerte y logré imponerme y hacerme respetar”, relató sonriente Piulats. Durante la entrevista, la médica no se encuentra sola, a su lado, como fieles custodios y respetuosos alumnos, se encuentran loa doctores Carlos Abate, jefe del equipo de trasplantólogos del Central, y Sergio Felicci, cirujano cardiovascular, miembro del equipo.

Ambos son más jóvenes que Piulats y han sido sus alumnos, pero la diferencia generacional no impide que los tres profesionales confluyan en sus anhelos. “Nunca fui de un perfil mediático, es como que siempre se trabajó a la sombra, no nos interesaba ser famosos ni conocidos, pero hoy creo que nos equivocamos un poco. Porque se dejó de valorar el trabajo de gente muy valiosa, incluso, por malas decisiones políticas se cerró el servicio. Hoy creo que esto no debe pasar más y se debe apoyar política y económicamente a los doctores más jóvenes, como Abate y Felicci, para que sigan salvando vidas y no se decepcionen de su labor”, enfatizó la médica. Tanto Abate como Felicci asienten con la cabeza cada palabra de su maestra. En los ojos también se le nota el cansancio de la lucha dada para seguir con el servicio de trasplante abierto en la esfera pública. “Tuvimos que golpear muchas puertas y muchas veces no nos escucharon, a muchos era como si no les importara.

Estamos seguros de que contamos con el capital humano y profesional, sólo hace falta decisión y un poco de inversión, pero sabemos que es vital que existan trasplantes en el hospital público, y no vamos a dejar de luchar para que así sea”, reflexionó el joven doctor Felicci. El sueño de Piulats y sus compañeros es que, además del servicio de trasplantes renales, al Central vuelvan los trasplantes cardíacos, ya que allá por 1976 pudo realizarse apenas un par y luego el servicio fue cerrado. “El personal está, la experiencia y la capacitación también, sólo falta la voluntad política para apoyar la iniciativa”, explicó la médica. Así, la primera mujer trasplantóloga de Mendoza, que aún recuerda el nombre de su primer paciente, celebra que los trasplantes vuelvan al Hospital Central y anhela que sea para quedarse. “Todavía sigo viendo al primer trasplantado, se llama Vicente Sosa, su riñón tiene 34 años y cada vez está mejor”, concluye Piulats.

La herencia Crawford

En 1965, la generosidad del Gobierno de Suecia, la acción desplegada por la Universidad Nacional de Cuyo y entidades empresarias y de bien público hacen posible la “misión Crawford”. Así, uno de los pioneros en el mundo de la cirugía cardíaca llegó a Mendoza con un grupo de colaboradores, dictó un curso y donó todo lo necesario para que se montara y se iniciara el Servicio de Cirugía Cardiovascular del Central. Por ello, el servicio lleva su nombre

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