Pérez Villalobo: No hay jueces independientes

Pérez Villalobo: No hay jueces independientes
Lo dice José María Pérez Villalobo, uno de los tres magistrados que condenaron a Videla. Prefiere hablar de jueces imparciales.
El despacho de los hombres de ley dice mucho de sus dueños. Algunos (pocos) le dan un lugar central a la biblioteca; otros, priorizan los sillones donde descansan; y la mayoría llena las paredes con decenas de diplomas. En el caso de José María Pérez Villalobo, lo que “gobierna” su despacho son tres cosas. Una bandera Argentina en el centro de la sala, una caricatura suya en la pared, y la foto, junto a su madre, del día en que asumió como juez. Los diplomas quedan casi escondidos detrás de la cortina.

– ¿Qué sintió al ver a Videla y Menéndez?

– No me llamaron la atención los personajes. Sabía que era importante para la sociedad cordobesa que fueran a juicio, se los escuchara y se buscara la prueba que, si correspondía, permitiera sancionarlos.

– ¿No me diga que es lo mismo juzgar a cualquiera que a los culpables de miles de muertes?

– No somos ignorantes de la historia nacional, ni de lo que pasó durante esos ocho años, ni del síndrome posterior. Por supuesto que es distinto estar ante una persona acusada de liderar un plan que tenía por finalidad el aniquilamiento de colectivos humanos para instaurar un plan de terror con vinculaciones económicas. Es agarrar un pedazo de historia, cortarlo del marco histórico, y juzgarlo con todas las implicancias culturales, económicas y de muerte que eso implicaba.

El juez. Es uno de los tres jueces (los otros son Carlos Lascano y Jaime Díaz Gavier) que juzgaron a Videla y 30 represores más. Aunque Gavier (presidente del tribunal) se ha llevado la atención de la prensa, se dice que Pérez Villalobo es una de las personas más interesantes para hablar de los juicios. Día a Día fue a buscarlo.

Durante el juicio, el ex oficial del Ejército, Gustavo Alsina, –condenado a prisión perpetua– recusó a Villalobo (pidió el apartamiento) acusándolo de imparcialidad. Allí quedó en evidencia la mala relación existente entre Villalobo y Jaime Díaz Gavier, quien apoyó el pedido de apartamiento, luego desestimado por otros jueces.

– ¿Qué sintió en ese momento?

– Considero que hubo una maniobra que nace de las defensorías oficiales, toca a cada uno de los integrantes del juicio e incluso al tribunal. Esa maniobra no les resultó positiva porque el otro integrante (otro juez que debió decidir sobre la cuestión) opinó que la acusación no tenía magnitud suficiente como para sacarme del tribunal.

– ¿Verificaron su independencia?

– Que yo era un juez imparcial, no independiente. Independiente no es ninguno y si alguien dice que lo es, yo le preguntaría ¿De qué? Soy imparcial y lo he demostrado a lo largo de toda mi vida y siento que una cosa es vender la imagen de la imparcialidad, y otra cosa es sentirse imparcial. Yo me siento imparcial. Al margen de haber vivido y ser afectado como muchos millones de argentinos por ese terrible proceso que vivió el país entre 1976 y 1983.

– En la Justicia federal mucha gente que se vende independiente. ¿Existe eso?

– No hay jueces independientes. Hay jueces imparciales. Cada uno viene con su mochila, traída de su propia ideología, desde lo cultural, lo ocasional o de la clase a la que pertenece o, como en el caso cordobés, de la estructura del poder a la cual está prestando servicio.

– ¿Se puede ser juez sin tener una ideología?

– Se puede, pero ese juez estará sujeto de un vaivén. Como una hojita que va para un lado o para el otro. Es preferible que tenga una ideología definida. Que sepa qué opina y que sea previsible. El perfil de un juez debe ser el de alguien comprometido con su país, con la realidad, con un cambio, con el trabajo y con el bienestar de su país. Eso es un juez comprometido.

– En el futuro hay juicios que le generen expectativas como éste que terminó.

– Integro el Tribunal Oral de Tucumán en el juicio por el Centro Clandestino de Detención “Arsenales Miguel de Azcuénaga”. Una especie de La Perla cordobesa. Además, estoy integrando, hasta que el poder ejecutivo designe un nuevo integrante, el Tribunal Oral Federal 1 (TOF1) que tiene las causas La Perla y Vergés. Aunque, supongo que ya en marzo o abril se designará al nuevo juez de ese tribunal.

– ¿Ayuda la postura del Gobierno nacional en la realización de estos juicios?

– El Gobierno ha convertido esto en una política de Estado y por ello, desde que asumió (el ex presidente Néstor) Kirchner, en 2003, ha logrado modificar totalmente la estructura de ciertos sectores y segmentos de la sociedad y de la Justicia de Córdoba para permitir que avancen estos juicios. Eso, pese a las trabas, porque Usted sabe que hay una causa donde un montón de magistrados federales están comprometidos con lo ocurrido en aquellos años y esa causa está parada.

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La sentencia a Videla y Menéndez

Entre el 2 de julio y el 22 de diciembre se llevó a cabo el que fue considerado el más importante juicio por delitos de lesa humanidad en Argentina. Termino con la condena a perpetua del ex dictador Jorge Rafael Videla, y de su hombre fuerte en Córdoba, Luciano Benjamín Menéndez. Se llevaron a juicio los 31 fusilamientos ocurridos en la vieja UP1, hoy Cárcel de San Martín.

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“Creo que Aguad y Mestre sabían quién era Yanicelli”

En este juicio quedó demostrado que policías fraguaron atentados que la sociedad adjudicó a grupos de militancia política armada. Se supo que policías que siguieron trabajando en la fuerza tras la llegada de la democracia, asesinaron a miembros de la institución sólo porque no estaban de acuerdo con la represión. El caso emblemático es el de Carlos Yanicelli, ahora condenado a perpetua, quien durante el gobierno de Ramón Mestre y Oscar Aguad fue integrante del Estado Mayor Policial.

– Para mí no fue sorpresa. Sabía y había escuchado que fulano o perengano estaban vinculados. Ocurre que no se sabía de la magnitud de ese terror, de la perversidad, de las torturas que, como dice León Gieco, estaban escritas “en la Memoria” de testigos que fueron claves en el caso.

– Carlos “el Tucán” Yanicelli, Yamil “el Turco” Jabour, y Mirta “la Cuca” Antón (condenados en este juicio) siguieron siendo parte de la policía hasta entrados los 90. ¿Debe haber una autocrítica?

– Creo que la autocrítica se hace cuando uno se ha visto superado por la realidad y es inocente. Cuando soy consciente de que las personas que estoy designando fueron integrantes de grupos de tarea o están sospechados de haber intervenido en hechos lamentables, no puedo hacer autocrítica. La autocrítica la puede hacer alguien superado por la realidad, no alguien consciente de ella.

– ¿Usted me dice que Oscar Aguad (quien nombró a Yanicelli como jefe de Inteligencia en 1996) no puede hacer una autocrítica?

– Es que él no puede ignorar quién era Yanicelli. Hablaría mal de él si así fuera. A Yanicelli lo sacan de su cargo por voluntad del gobernador (Ramón) Mestre y a pedido de Zapiola (Alberto, ex fiscal de Estado) porque Mestre, no ignoraba la historia de Yanicelli.

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La Justicia Federal que se viene

La respuesta de Pérez Villalobo dio lugar para hablar de la Justicia Federal. Para el puesto en el TOF1 hay tres postulantes. Pablo Bustos Fierro (hijo del juez federal número 1, que cuenta entre otros con el aval de los abogados Martín Fresneda y Claudio Orosz, además del Archivo Provincial de la Memoria), Gabriel Pérez Barberá (actual juez de la Cámara de Acusación de Córdoba, con el aval de Abuelas de Plaza de Mayo y el Inecip) y Julián Falcucci (Fiscal Federal de Villa María, con varios avales de la zona donde se desempeña).

– Uno tiene la impresión de que la Justicia Federal es un lugar cerrado, donde nadie entra si no es “hijo de...”, o “nieto de...”.

– Usted dice que tiene la impresión y yo le dijo que no es una impresión, sino una realidad. Córdoba (la Justicia Federal) está llena de hijos, de parientes, de apellidos que se repiten y se entremezclan. Cuando nos vayamos nosotros, que estamos desde el ‘96 y ‘95, tenemos la expectativa de que quienes vengan tengan una concepción más amplia.

– ¿Menos cerrada?

– Es que lo de los hijos no es tan grave, lo que pasa es que, aparte del abuso de familiares, se ha conformado una mentalidad que esos hijos traen aparejada de sus padres. Es de esperar que los hijos que se incorporen no tengan nuestra misma mentalidad, para que la Justicia se renueve, se comprometa más, sea más militante con una realidad que está llamada a modificarse para que el país avance.

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