Por: Hernán de Goñi
La presidenta Cristina Kirchner aseguró, en su discurso ante la Asamblea Legislativa, que no tiene intención de aceptar una devaluación –mayor a la prevista– como respuesta a los reclamos por pérdida de competitividad que ha sufrido la economía. El Gobierno reconoce hoy que mantener al dólar planchado es una de las pocas armas que acepta utilizar para contener la suba de precios. Y si bien una modificación de la paridad le permitiría obtener más pesos para financiar el Tesoro, prefiere mantener en pie el circuito que favorece el ingreso de divisas a partir de los buenos rendimientos que se obtienen en la plaza financiera local.
La Presidenta también está decidida a sostener la política de acumulación de reservas y de superávit comercial, un objetivo erosionado por el alto nivel de importaciones. Aunque hay un deseo explícito de sustituir compras externas, hoy el Gobierno debe hacer frente al costo de un factor imprevisible: el mayor precio de la energía causado por la crisis de los países árabes. Como el país importa gas, gasoil y ya evalúa comprar nafta en el exterior, el BCRA recibirá este año menos dólares de los previstos. Y todo sin contar la posibilidad de que en un año electoral los argentinos decidan enviar más “verdes” al exterior. El final de esta ecuación ya desvela a varios funcionarios.
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