Analizan un paquete de ayuda financiera similar al aprobado para Grecia e Irlanda
Anoche, los 27 jefes de Estado y de gobierno de la Unión Europea (UE) permanecían encerrados en la sala del Consejo. La reunión había comenzado al promediar la tarde.
Europa se preparaba para acudir en ayuda de Portugal después de que la renuncia del primer ministro José Sócrates acercara aún más a ese país a un plan de rescate financiero internacional. Como sucedió antes con Grecia e Irlanda, esa situación amenaza con desestabilizar nuevamente la zona euro.
La difícil situación portuguesa hizo pasar a segundo plano el plan de respuesta "global" a la crisis, anunciado desde hace meses por la UE. También abrió un compás de espera a la revisión del programa de salvataje irlandés.
Sócrates renunció anteayer, después de que la Cámara de Diputados de su país se negara a aprobar un cuarto plan de austeridad destinado a evitar que el país tuviera que pedir ayuda internacional.
"Esta crisis política tendrá consecuencias gravísimas en la confianza que necesita Portugal ante las instituciones y los mercados financieros", advirtió Sócrates. No obstante, el primer ministro excluyó todo pedido de ayuda exterior.
Sócrates representó de todos modos a su país ante la cumbre en calidad de jefe de gobierno renunciante. Y, si bien se considera poco probable que el país formule un pedido de ayuda, los países europeos se preparan para desbloquear préstamos multimillonarios para Portugal. Portugal debe enfrentar una difícil coyuntura en las próximas semanas. Antes de junio, debe desembolsar más de 9000 millones de euros de vencimientos de refinanciación, pero en las arcas del Estado no hay fondos para hacer frente a esos compromisos. Al mismo tiempo, el gobierno anunció el lunes una nueva recesión para 2011 y la agencia de notación Fitch redujo su calificación soberana de dos grados.
Esa situación llevó ayer a los responsables europeos a intensificar la presión sobre Lisboa. Cualquiera sea el signo ideológico del futuro gobierno, parece imposible que pueda evitar recortes presupuestarios, reformas estructurales y un nuevo plan de ajuste, como había prometido en la cumbre del 11 del actual.
"A pesar de la renuncia del primer ministro, es indispensable que Portugal persevere en sus esfuerzos presupuestarios en materia de reducción del déficit y reformas de su economía", insistió José Manuel Durão Barroso, que fue primer ministro de Portugal antes de ocupar su actual cargo de presidente de la Comisión Europea.
Jean-Claude Juncker, presidente del Eurogrupo, afirmó por su parte que no es imposible que Portugal solicite una ayuda que podría elevarse a 75.000 millones de euros.
Tormenta financiera
Estas nuevas dificultades podrían volver a precipitar a la UE en otra tormenta financiera de imprevisibles consecuencias y abrir nuevos frentes que podrían colocar a España en primera línea frente a los ataques del mercado.
La situación de Portugal hace más difícil la tarea de los países europeos que deben dotarse de un dispositivo de defensa eficaz contra las crisis de la deuda. Ese era, precisamente, el objetivo oficial de la cumbre de ayer.Los dirigentes de la UE se habían reunido para adoptar un conjunto de medidas que incluían el Fondo de Apoyo Financiero Permanente, que exigirá un cambio en el Tratado Europeo, un refuerzo de la disciplina y de la competitividad.
También debían pronunciarse sobre el llamado "pacto para el euro", adoptado el 11 de marzo por los 17 Estados que participan de la moneda común. Ese acuerdo prevé que los países miembros adopten un límite legal a la deuda en sus legislaciones nacionales, vinculen los aumentos salariales al incremento de productividad y la edad de la jubilación a la evolución demográfica.
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