Hay por estos días un par de funcionarios del Gobierno provincial muy preocupados por las simpatías políticas que podrían haberme sugerido las críticas realizadas por este medio a la desorganización del lanzamiento de los festejos por los 20 años de la provincialización de Tierra del Fuego.
Sin embargo, lamento tener que informar a los bienaventurados de las filas gubernamentales que no me he unido todavía a ningún intento de desgobierno, ni búsqueda desestabilizadora alguna, pero que de ser así lo haré saber abiertamente, sin complejos ni conceptos entrelíneas, como corresponde a quien expresa limpios sus pensamientos y no le teme al desprestigio de las habladurías tras la espalda.
Vale decir que las opiniones vertidas y el seguimiento a mi cargo del tema de los contratos del megaevento solo han sido motivados por la bronca y la indignación de haber formado parte, como músico, de los espectáculos del 17 de diciembre pasado, observando y padeciendo la improvisación organizativa, la falta de claridad, las contradicciones permanentes, el maltrato y el menosprecio hacia los artistas locales.
Más preocupados deberían estar los funcionarios que tejen especulaciones sobre mi persona por lograr conseguir el dinero para el pago a los intérpretes que participaron, ya que en los 124 mil pesos aprobados inicialmente por el Consejo Federal de Inversiones no se registra una partida para esas remuneraciones y los músicos tuvieron que aceptar una prórroga de la cancelación esperando la bondad de un nuevo aporte del CFI; firmada la última solicitud de ayuda por la gobernadora, 9 días después del show, pero hoy en “stand by” debido a que los productores no contrastaron, quizá en la desesperación, que el organismo nacional no funciona durante enero.
Más preocupados deberían estar por la incoherencia sustancial entre las declaraciones de la primera mandataria en la radio Rock And Pop, aplaudiendo la existencia de una ley que regula la actividad de los músicos, y el incumplimiento del mínimo salarial fijado en el convenio colectivo en 412 pesos por cada integrante o artista en relación de dependencia; o por haber acordado la extensión del tiempo del cobro ya a dos días de haberse vencido el plazo convenido en los contratos, habiendo incurrido en otro incumplimiento y sin documento legal que lo respaldara sino recién 48 horas después.
Más preocupados deberían estar por la ausencia absoluta de contenidos relacionados con la jura de la constitución o la aprobación de la ley que hizo provincia al entonces territorio nacional de Tierra del Fuego, cuando la iniciativa de conmemoración tuvo fundamento en la promoción de identidad y cultura; al punto tal que la banda de reggae Nonpalidece, al cerrar como show principal, ante miles de jóvenes oyentes entusiasmados, cayó en el error no menor de cantar el “feliz cumpleaños” a nuestro distrito en una fecha que no lo ameritaba; o inclusive teniendo en cuenta que la Televisión Pública local esgrimía en su transmisión un equívoco “a 20 años de la provincialización”, yerro tampoco insignificante en lenguaje utilizado para comunicar, siendo que ese día fue aniversario de los tres primeros años de gestión de Ríos al frente del Ejecutivo estatal, y no como expresó el texto de Canal 11 en toda la emisión, mal formando nociones en la gente.
Cabe subrayar que la sociedad de la capital no vivió la celebración de ese viernes como una fiesta social y popular de trascendencia histórica, como se quiso imitar siguiendo la metodología de los festejos de los 200 años de la revolución de mayo a nivel nacional, sino que fue para los regionales un espectáculo que empezó y terminó sin mayores reflexiones ni participación educativa de la comunidad.
Más preocupados deberían estar los funcionarios por el disgusto promovido en los artistas locales, quienes sufrieron el desorden generalizado en la coordinación de la jornada inaugural de los festejos por cambios inconsultos en las ya establecidas grillas de actuaciones, bandas que ni siquiera se presentaron por falta de tiempo y otras a quienes se les exigió de mala forma recortar sus conciertos; la ausencia total de los responsables del recital por ejemplo en el escenario de rock, o incluso por la anormalidad obvia de reuniones que mantuvieron autores de tango y folclore con el SADEM (Sindicato Argentino de Músicos) y representantes del Gobierno en la misma tarde y al mismo momento de sus performances, encuentros donde abordaron en controversia la problemática de las tarifas y los contratos que aún no estaban firmados.
Más preocupados deberían estar por la falta de asistencia a quienes llegaron de Tolhuin y de Río Grande, que en algunos casos debieron arribar y regresar por sus propios medios; o por el absurdo de no haber podido entregar las viandas de comida y bebida en razón del desconcierto interno en una tarde que, en uno de los escenarios, empezó con más de cuatro horas de demora y sin certezas en la continuación.
Más preocupados deberían estar por la incapacidad demostrada desde el productor de Buenos Aires, Germán Goenaga, quien garantizó en las reuniones de organización, frente a más de 20 artistas, montos de remuneraciones que luego no se respetaron y pautas violadas más tarde desde el seno mismo del Gobierno; hombre que a su vez debe afrontar la concreción de otros tantos festivales en el cronograma fijado hasta el 1 de junio, día exacto de la tan mencionada reminiscencia institucional.
Más preocupados deberían estar los funcionarios en echar luz sobre el financiamiento de lo acontecido y lo que está por venir, debido a que nada oficial y viable se ha dicho sobre los costos y las partidas destinadas a tales objetivos, siendo que Goenaga también había asegurado que a los artistas se les pagaría con fondos que “sobraron del Bicentenario”; o deberían estar preocupados por la desconfianza que llevó a algunos proveedores del Estado a solicitar que se haga efectivo el pago por los servicios de sonido antes de que se efectuara la función, en una modalidad bien particular.
Más preocupados deberían estar por los recelos originados lógicamente en la distribución de panfletos del Partido Social Patagónico (PSP) –agrupación que pretende llevar a Ríos hacia la reelección–; folletos repartidos durante la “histórica jornada” institucional en las esquinas de la zona céntrica de Ushuaia donde se ubicaron los palcos.
Más preocupados deberían estar por la distorsión de los productores en el análisis del evento, al considerar estos que “el espectáculo salió bien”, a pesar de todos los inconvenientes surgidos –y no resueltos o tratados de manera irregular– durante la realización, previamente y a posteriori. Pues claro, los artistas de las tres ciudades probaron que trabajan con empeño en un lugar a veces por demás ingrato y que ensayan para plantar las banderas del arte y el optimismo cada vez que suben a un escenario para mostrar lo que hacen, por lo cual dieron lo máximo de sí mismos con el fin de tomar el reconocimiento negado constantemente desde las oficinas públicas.
En fin, tal vez no tenga argumentos suficientes para ser crítico con los organizadores del megaevento –el secretario de Comunicación Institucional Silvio Bocchicchio y el productor de paso Germán Goenaga–, pero nadie puede rechazar mi libertad de opinar con pasión y convicción; ni puede juzgar que, por ser fiel a un espíritu irreverente, haya corrompido mi percepción por razones maliciosas.

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