“Prefiero no recordar cuando perdí la vista y pelearla día a día vendiendo diarios”

“Prefiero no recordar cuando perdí la vista y pelearla día a día vendiendo diarios”
Tiene 47 años y al igual que todos los canillitas que honran su oficio, así llueva, truene o el termómetro marque los 40ºC, él cumple con su función llevando la información a las familias correntinas. En el Día del Canillita, aquí la historia de Claudio Bravo, quien pese a perder la vista continúa vendiendo diarios, como hace más de 3 décadas. Ejemplo de lucha y perseverancia.
7 DE NOVIEMBRE, DIA DEL CANILLITA

Desde los 14 empecé a vender diarios”, contó Claudio Bravo a la web de El Litoral, sobre su inicio en este oficio que “comenzó como una oportunidad para tener plata e independizarme y se convirtió en su sustento en la vida”.

Pero a los 27, una enfermedad congénita hereditaria le causó la pérdida de la visión. Al igual que a su hermano Felipe, quien es disminuido visual. Ambos comparten el rol: canillitas. “Nací vidente, pero se me fue apagando la luz a los 27 años”, recordó.

Sin embargo, ser ciego no fue impedimento para continuar con su trabajo y llevar los diarios elegidos por sus lectores todos los días. “De lunes a lunes, salvo que me enferme o no haya diarios ese día”, aclaró.

Como cada día, Claudio se levanta a las 5 para emprender su recorrido por cada uno de los centros de distribución de periódicos de la ciudad. “Preparo mi mate y luego tomo el 104 ó 105 (líneas de colectivos) para llegar al centro”, relató.

Desde el barrio Molina Punta, Claudio hace su primera parada en Yrigoyen al 900 donde se encuentra el taller del diario El Litoral. Luego continúa su marcha en la búsqueda de más ejemplares con la única compañía diaria de hace dos décadas, su bastón blanco.

“Comienzo la entrega con mis clientes del barrio Cambá Cuá y de allí voy hacia la zona del Parque Mitre”, detalló. Asegura que tiene 50 compradores “fijos”, aunque “por ahí me pide alguno y le llevo también, siempre a domicilio”, sostuvo. “Tengo un mapa mental de mi recorrido”, expresó.

Padre de 4 hijos, Claudio prefiere no recordar el momento en que perdió la visión. “Me bajonea pensarlo”, mientras asegura que seguirá siendo canillita “hasta que Dios me diga basta”.

Ni las adversidades climáticas, ni los golpes que suele recibir por los obstáculos que se le presentan en su rutina, son impedimento para que él llegue con la información a sus clientes.

“Por ahí me suelo caer por las veredas rotas o me choco con las paredes, pero si hasta las personas que ven se golpean, que yo lo haga no es nada raro”, comparó.

“Hay que estar todos los días trabajando, como cualquiera, si llueve te ponés una capa y seguís, si hace frío te abrigás más y ya está”, manifestó como una manera de seguir adelante y honrar al trabajo que lo dignifica.

“Mis clientes me eligen y yo tengo que cumplirles”, sostuvo luego.

El cine y el tango también han destacado a esta figura popular, “Canillita, Canillita/es mi nombre popular/y me tengo que ganar/la guita para morfar”, escribió Antonio Botta en una de las estrofas a la que le puso música Tomás De Bassi en una melodía del 2x4.

Parafraseando la letra de esta canción, Claudio Bravo -como tantos otros canillitas- honra su oficio a diario, demostrando que más allá de las adversidades se puede salir adelante.

Comentá la nota