Ventajero como pocos, el intendente de la Capital ya prometió un corsodromo a todas luces. Picó en punta aunque no se sabe dónde, ni cómo. Para ganarle al estado provincial, Camau ya se metió en camisas de once varas, aunque sabe que por ahí está mamá estado Nacional. La mala costumbre de un oportunista que bajo el silencio de la oposición débil, siempre sale triunfante.
A un año de transcurrida la administración, Camau ha sacado a relucir sus "reflejos rápidos". Solamente eso. No es para menos si tenemos en cuenta los papeloneros maestros del ayer que tiene a su lado y lo asesoran. Los Badaraccos, los Barrionuevos, los Periés y los Ríos, son materia dispuesta.
Los incumplimientos en brindar servicios básicos, así como las muertes diarias evitables en los redundantes accidentes de tránsito en la Capital, son muestras elocuentes que incriminan a Camua en lo cotidiano, aunque con la paga mediática perdura una cofradía casi infranqueable porque "apreta y hace valer el precio de la pauta" y en eso no se equivoca.
En eso también el peronismo articulado no deja cabos sueltos. Esos cabos sueltos abarcan muchas veces el plano provincial.
En el ejido municipal la oposición dividida cada una con su propio libro y teoría, en vez de profundizar las falencias de una comuna ausente juntando sus limones hacia un solo centro, "deja pasar" oportunidades irrepetibles.
Camau –ducho en el agua- embiste y al dejar instalado en el común que "trae soluciones inmediatas, sin hacer absolutamente nada "se lleva laureles en un podio que cada vez lo deja más solo.

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