El papa Francisco volvió de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), en Rio de Janeiro, con un nivel de popularidad universal que refuerza su pontificado para las reformas profundas en la estructura y en la práctica de la Iglesia Católica, según algunos vaticanistas.
Pero el gran respaldo demostrando por las masas católicas y laicas al nuevo pontificado muestra que "Francisco consiguió un pacto con la opinión pública que lo ayudará, dentro y fuera de la Iglesia, a avanzar con más seguridad en el camino de las reformas", dijo la vaticanista Franca Gian Soldati.
Para Andrea Tornielli, autor del libro "Francisco, un Papa del Nuevo Mundo", el camino a la "revolución de la ternura" en el ámbito de una de las religiones más importantes del mundo, con 1.200 millones de fieles, será complicado y no llegará rápidamente, pero el hecho de que se trata de "un papa tan popular y que su estilo ayude" representan una oportunidad.
Esos vaticanistas rechazan el término de "enemigos" en relación a los opositores a las reformas. Algunos llegaron a señalar que los continuados pedidos del papa a los fieles para que recen por él tenían que ver con la situación que enfrentará en los cambios que emprenderá en el Vaticano. Pero Tornielli, que lo conoce bien, dijo que en verdad Francisco siempre repitió esos pedidos, "cuando era obispo, cardenal y ahora que es papa".
Soldati señaló que la estrategia de Francisco para atraer apoyo es inteligente. Siempre busca argumentos para unir y no para ser fuente de división". En un artículo en la revista italiana L'Espresso, el vaticanista Sandro Magister afirmó que el papa tiene una oratoria simple, comprensible y comunicativa, que da la impresión de estar improvisando, cuando en realidad estaría cuidadosamente estudiada tanto en la formulación como en los fundamentos de la fe cristiana que reitera.
Magister ve una "coincidencia evidente" entre las palabras y los gestos del papa y sugerencias que podría recibir de expertos en marketing. Observa que la opinión pública católica y laica difícilmente puede rechazar todo lo que Francisco hace y dice, tanto cuando se refiere a su deseo de una Iglesia pobre y para los pobres, como cuando aborda temas más sensibles. Como "casi siempre es de manera genérica", ninguno de los "poderes verdaderos o supuestos se sienten realmente atacados e incitado a reaccionar".
Pero Tornielli, autor de una larga biografía del nuevo papa, rechazó observaciones de que el pontífice argentino haya armado una estrategia de comunicación y marketing. "No tiene absolutamente nada de eso, él es simple, no cambió, no tiene ninguna estrategia mediática".
Para los vaticanistas, lo que da eco extraordinario a lo que dice el papa Francisco es su credibilidad personal. Tornielli apuntó en ese sentido a la declaración del papa sobre los gays, en el avión de regreso a Roma. Algunos la interpretaron como una especie de bandera del orgullo gay. Otros trataron de recordar que Francisco solamente insistió en la doctrina tradicional de la Iglesia, que siempre distinguió entre el pecado y el pecador, condenando al primero y abrazando al segundo.
Sin embargo, si las palabras del papa Francisco tuvieron una enorme repercusión y parecen una novedad es porque el aspecto de la misericordia se ubicó en un segundo plano en el pasado, evaluó Tornielli.
Para los vaticanistas, en ese escenario hay que examinar el trabajo del nuevo papa para atraer de vuelta a los fieles a la Iglesia, considerado su mayor desafío. Es esa la misión de la Iglesia, que el papa reiteró en Rio, con el primado de lo simple, por los pobres, por la generosidad.
El método del papa Francisco será bien jesuita: escuchará mucho y después decidirá solo, creen los especialistas. Los focos de resistencia aflorarán de inmediato, frente a los proyectos que surgirán para redimensionar a la poderosa Secretaría de Estado y evitar dobles funciones, como el Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización y la Congregación para la Evangelización de los Pobres. "El propio papa todavía no tiene un proyecto en la cabeza, pero su metodología es de reformas por etapas", dijo Soldati. "Aumentará la colegialidad, la relación entre centro y periferia, entre Roma y las conferencias episcopales".
El acceso directo al papa, prácticamente imposible con Beto XVI, porque la Secretaría de Estado filtraba todo, será facilitado. El papa quiere acelerar la reforma del Banco del Vaticano, como se conoce al Instituto para las Obras de Religión (IOR). El Vaticano firmó con la Autoridad Financiera de Italia un acuerdo que facilitará el intercambio de informaciones, en un contexto en que la entidad financiera de la Santa Sede sigue siendo objeto de sospechas.
Creado en 1942 para administrar la fortuna de todas las comunidades católicas del mundo, el Banco del Vaticano tenía 6.300 millones de euros bajo gestión y 20.772 clientes en 2011, según un informe del Moneyval, organismo del Consejo de Europa. Por el banco, se clasificó al Vaticano casi como "Etat voyou" (Estado deshonesto) por no tener ninguna transparencia en los gastos y los ingresos. Los cajeros electrónicos del Vaticano fueron desactivados a pedido del banco central de Italia. Algunos creen que entre los negocios del banco podría haber dinero sucio, por ejemplo, proveniente del narcotráfico. Por otro lado, nadie sabe hacia dónde va ese dinero. El Vaticano por ahora mantiene el secreto sobre el destino de los fondos.
Francisco busca también dar transparencia a otras actividades económicas de la Santa Sede. Un documento del Vaticano se refiere a "evitar el mal uso de los recursos económicos, mejorar la transparencia en el proceso de compras de bienes y servicios, mejorar la administración de bienes del sector de inmuebles, trabajar con más prudencia en la esfera financiera".
Mientras el papa se enfoca en una Iglesia pobre, la realidad es que el Vaticano tiene inversiones importantes, inclusive en paraísos fiscales. Pero su dimensión es casi imposible de evaluar frente al fuerte sigilo de la Santa Sede, conforme dijo recientemente John Pollard, profesor de historia de la religión en la Universidad de Cambridge y autor de "Money and the Rise of the Modern Papacy" (Dinero y el ascenso del papado moderno).
La Iglesia Católica Romana fue controlada centralmente por Roma en virtualmente todos los temas, desde la fe, la moral, las nominaciones episcopales, etc., pero no en cuestiones de finanzas. Las diócesis, e incluso las parroquias de forma individual, en algunos países, controlan sus finanzas. Como sede de la Iglesia Católica, el Vaticano tiene las finanzas separadas, con rendimiento proveniente de los óbolos de San Pedro, intereses y dividendos sobre inversiones, lucros del Banco del Vaticano, que es en verdad un banco de inversiones, y también ganancias de operaciones en Ciudad del Vaticano, como sellos y monedas, souvenires y entradas a museos l

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