En la columna editorial de todos los lunes, La Arena Jorgista, una mirada sobre la debilidad de las políticas de género llevadas adelante por organismos los municipales y provinciales y el debate en torno de la falta de agua en la ciudad.
Una de cal...
Un encuentro convocado por una mujer que fue víctima de un caso de violencia sirvió como disparador de un debate que se hace a esta altura imprescindible y que las autoridades no tienen modo de evitar: la ausencia o la debilidad de las políticas de género que se implementan en la ciudad y en la provincia quedan al desnudo con la multiplicación de episodios que a simple vista aparecen como previsibles, y en los que el Estado sistemáticamente no cumple con el rol que le corresponde.
Durante una reunión que Silvia Viglianco motorizó en la Biblioteca Obrera, con la saludable presencia de la presidenta del Consejo Provincial de la Mujer, la problemática se abordó críticamente por las representantes de distintas agrupaciones que asistieron con el objetivo de poner en discusión el real alcance de las políticas implementadas -o prometidas- en el área, y que involucran tanto a las propias organizaciones no gubernamentales como -en mayor medida, obviamente- a organismos estatales.
No fueron pocos los años en los que representantes de diversos órganos estatales -la Policía, el Poder Judicial, el poder político- miraron para otro lado o creyeron suficiente alguna actuación visible para considerar que se había dado respuesta a una demanda ciudadana: esa posibilidad de la desidia y la negligencia, ese accionar meramente aparente, ya no tiene espacio ni puede pasar desapercibido, a partir de la concientización que se ha generado por parte de sectores organizados, pero que también ha contagiado -por ejemplo- a individuos y medios de comunicación.
En las organizaciones políticas, a la luz de esos avances, cobraron importancia las acciones y propuestas de quienes se dedican a la problemática con una formación ideológica y una mirada que contrasta con la inacción que el Estado pampeano exhibió durante tanto tiempo; también como consecuencia de esa nueva tendencia aparecieron espacios que pueden ser ocupados por oportunistas que se suben a una ola o se adaptan a una moda con tal de arriar agua a su molino sectorial.
A Elizabeth Rossi le tocó en la semana que se fue escuchar planteos argumentados, en los que no faltaron fundamentos, sobre las cuentas pendientes que el organismo a su cargo -y varios otros más- tienen con la ciudadanía que aguarda respuestas concretas a la hora de abordar una problemática que cada vez incide más en la vida de la comunidad.
El argumento de la funcionaria es que “se ha hecho mucho”, aunque la publicitación del balance de gestión del Consejo no permita precisamente la satisfacción, y en todo caso es un ejemplo de que el gobierno provincial debiera destinar al área más y mejores recursos de todo tipo.
La participación de la misma funcionaria en otra movida permitió, en acuerdo con la Municipalidad de Santa Rosa -y después de que el tema explotara en las redes sociales y medios de comunicación- ponerle freno al espectáculo en un boliche nocturno que se había convocado con la idea de elegir a la “Miss Tanga”, en lo que fue interpretado por algunos sectores como un “cosificación” de la mujer y una suerte de violencia de género.
Más allá de que puede haber en torno al hecho puntual disitintas y diversas interpretaciones, bienvenido sea un accionar conjunto entre la Provincia, la comuna y las organizaciones no gubernamentales, atendiendo planteos que surgen directamente de la comunidad, y complementados con la idea de convocar a los comerciantes de la nocturnidad a una reunión en la que se intentará que comprenden cuál es el ánimo que movió esa medida y cuál es la idea general que pretenden se respete en un futuro.
...y una de arena
Los santarroseños vivieron una semana inolvidable y no precisamente porque hayan disfrutado de paradisíacas vacaciones: la falta de agua castigó a casi todos los barrios de la capital provincial de un modo que, aunque se ha vuelto casi una costumbre en los últimos veranos, pocas veces durante los últimos años fue tan extendido en el tiempo y en la geografía.
La millonada que el Estado provincial ha gastado para garantizar, supuestamente, el acceso al vital elemento contrasta con una realidad que además permite aventurar problemas más graves, puesto que las deficiencias lejos de morigerarse con el tiempo se tornan más recurrentes y de mayor gravedad.
Los funcionarios no estuvieron a la altura de las circunstancias, porque o bien aparecieron para prometer soluciones que se sabía que no llegarían en tiempo y en forma; o bien ni siquiera pusieron el cuerpo en plena crisis; o bien relativizaron de tal modo las consecuencias del inconveniente que dejaron en evidencia la falta de consideración por los padecimientos de los vecinos.
En ese estado, que provoca la furia y la indignación, una buena porción de ciudadanos no pudo evitar las referencias quejosas, cuando no insultantes, a quienes son las caras visibles del Estado municipal y provincial, responsables de proveer de servicios elementales a los habitantes de la capital pampeana y de toda la provincia.
Que justamente en ese marco aparecieran dirigentes del partido que gobierna la provincia hace 30 años sumándose con hipocresía al “debate” sobre el “modelo agotado de provincia” resultó un aporte más a la ira de los vecinos.
La construcción del acueducto del Río Colorado fue presentada en los tiempos marinistas como la solución a todos los problemas: el emprendimiento se hizo tarde, mal y a medias, como parte de un proceso en el que resaltaron los hechos de corrupción y las constantes deficiencias y carencias de las empresas contratadas para hacerlo.
Los problemas de la mentada “obra del siglo” que Marín prometió a los pampeanos -y que todavía está por concluirse en la zona norte de la provincia- son solo algunas de las razones por las que el agua sigue siendo un asunto de Estado al que no se le encuentra solución, con funcionarios más proclives a ocuparse de temas coyunturales, que a veces pueden implicar el favor a los amigos o a los factores de poder: Santa Rosa ni siquiera debió haber puesto en seria discusión la construcción de “Villa Pampa”, un emprendimiento que -está demostrado- afectaría de modo rotundo el acuífero Anguil-Santa Rosa, que es la otra fuente de provisión de la capital provincial.
Santa Rosa alguna vez fue presentada de un modo que hoy parece irónico: “el municipio del agua”, la bautizó la gestión de Manuel Justo Baladrón, otra de las caras más visibles de un sistema político que gobierna hace tres décadas en La Pampa y algunos de cuyos principales referentes y mentores son los mismos que en esta hora lanzan la teoría del “modelo agotado”, como si ellos mismos fueran los indicados para sacarlo de ese agotamiento.
Parte de la responsabilidad por la falta de agua también le cabe a algunos vecinos, que necesariamente deben mirarse al espejo y preguntarse si cumplen con algunas elementales responsabilidades cívicas, puesto que aún en medio de la crisis y las carencias hay quienes siguen derrochando, generalmente sancando provecho de su mejor posición económica y sin tomar en cuenta los padecimientos de aquellos que tienen menos recursos y más necesidades.
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