La política exterior de Obama cierra su ciclo en Irak y Afganistán

Por Jorge Castro

ANALISTA

Giro hacia Oriente. EE. UU. precisa terminar con las guerras que libra, para reorientar las prioridades estratégicas hacia nuevos polos del poder mundial.

En el último mes, el presidente Barack Obama impulsó una nueva ronda de negociaciones directas entre israelíes y palestinos y declaró terminadas las misiones de combate en Irak , mientras ratificaba el vínculo civil-diplomático, económico, político de EE. UU. con el nuevo régimen iraquí. Profundizó, por último, la presión internacional sobre Irán, mientras trascendía el comienzo de negociaciones entre la diplomacia estadounidense y la República Islámica, en la ruta establecida por la frustrada, y pionera, mediación de Brasil y Turquía.

También insistió Obama en el carácter prioritario de la guerra en Afganistán, pero reiteró la fecha de julio de 2011 para comenzar el retiro de las tropas norteamericanas, sobre la premisa de que el conflicto se desarrolla en un marco regional, en el que el papel de Paquistán es crucial, así como el de los grandes vecinos -Rusia, China, India, y en el horizonte incluso Irán-, lo que implica una salida negociada, multilateral, que incluya a los Talibanes, a todos o a parte de ellos, de carácter diplomática y no militar.

Respecto de Rusia, además del acuerdo sobre disminución del armamento nuclear (“New Start”/ 08/04/10, limitación recíproca a 1.550 misiles intercontinentales de cabeza atómica), lo determinante fue la decisión de EE. UU. de aceptar los términos de Moscú y desistir de la instalación de sistemas de misiles antimisiles en Europa Oriental, destinados a enfrentar una amenaza misilística iraní.

Robert Gates, secretario de Defensa, dijo hace dos semanas: “ La guerra de Irak ha terminado.

Han cesado las operaciones de combate y nos movemos hacia la fase final de los compromisos norteamericanos en Irak”.

Los 50.000 soldados estadounidenses que permanecen en el país -de los 140.000 con los que el general David Petraeus lanzó la ofensiva que le permitió imponerse a los insurgentes y Al Qaeda- lo hacen en misiones de contraterrorismo y asistiendo y asesorando a las fuerzas iraquíes (660.000 hombres).

En la conferencia de prensa en la que sostuvo que la guerra había terminado, Gates informó que el presupuesto de defensa de EE. UU. asciende este año a U$S 700.000 millones, algo más que el gasto de defensa del resto del mundo sumado.

La prioridad de EE. UU. en la situación mundial poscrisis 2008/2009 es el vínculo con China.

La economía china y la norteamericana están creciente e irreversiblemente integradas . China se ha convertido en la principal acreedora de EE. UU., tanto interna como externamente, y es poseedora de títulos del Tesoro por más de U$S 1 trillón, lo que le otorga una capacidad implícita de presión sobre las decisiones de Washington sin precedentes en toda la historia norteamericana.

A su vez, la principal amenaza para los ahorros chinos colocados en EE. UU. -a los que hay que sumar el hecho de que 75% de las reservas del Banco Central de Beijing (U$S 2.4 trillones) son dólares estadounidenses- es lo que sucede con la inflación o con la deflación en la economía norteamericana .

Por eso, la República Popular es la principal interesada en que EE. UU. recupere su vigor económico, y deje atrás el riesgo de depresión/ deflación inherente a su “nueva normalidad” de baja tasa de crecimiento y alta desocupación .

Por eso también, por imperio de la necesidad, ambos gigantes -el número 1 y 2 de la economía mundial- se ven obligados al imperativo de coordinar sus políticas económicas , y el ritmo y el sentido de sus respectivos mecanismos de acumulación.

La globalización de los próximos 10/20 años tiene su núcleo central en la integración estructural y en la coordinación estratégica de las decisiones económicas de las dos superpotencias.

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