La política de derechos humanos, más allá de Néstor y Cristina

Por FABIÁN BOSOER
No siempre la Justicia fue detrás de los vaivenes del poder político en la Argentina, país que ha sentado jurisprudencia nacional e internacional de avanzada en distintos momentos de su historia. Lo hizo a comienzos del siglo veinte como nación que recién estaba adquiriendo fisonomía; y también en las últimas décadas, cuando la tarea fue edificar una democracia que no se nos fuera nunca más de las manos, y para ello debió afrontar el pasado de violaciones a los derechos humanos como principal desafío.

El presidente de la Corte Suprema Ricardo Lorenzetti inscribe en este registro a los juicios por los crímenes de lesa humanidad, como parte del contrato social de los argentinos . “Este proceso social -explica Lorenzetti- tuvo como reflejo un proceso institucional progresivo y múltiple.

No depende de una coyuntura, ni de una elección ni de una decisión de una persona que esté en el Gobierno ; constituye una decisión colectiva, un consenso que va más allá de cada dirigente, que no tiene dueño y que nadie puede ya impedir”.

En el libro “Derechos humanos: justicia y reparación” , que Lorenzetti escribe con Alfredo Kraut, también funcionario de la Corte, y acaba de publicar Sudamericana, se reseñan los hitos fundamentales de esa tarea de reconstrucción jurídica e institucional que reivindica el papel de los jueces.

Sitúan sus orígenes en los mismos tiempos de la dictadura, con el surgimiento de las organizaciones de derechos humanos y los juicios abiertos en jurisdicciones extranjeras.

Tras la recuperación de la democracia en 1983, reseñan los autores, se dan los primeros pasos más trascendentes con las primeras decisiones del presidente Alfonsín, la derogación de la autoamnistía y el procesamiento de los ex comandantes , el informe de la CONADEP, el juicio a las juntas militares y los juicios por la verdad, pero se encuentran los mayores escollos con las leyes de punto final y obediencia debida . Luego del mayor retroceso que representaron los indultos de Menem, se recobra el impulso con la derogación de aquellas leyes y la declaración de inconstitucionalidad de los indultos, que permitió avanzar con los juicios que se están sustanciando hasta nuestros días.

Néstor y Cristina Kirchner no inician algo nuevo , como menta una versión de la historia oficial, sino que retoman y dan decidido respaldo a la actuación judicial, tributarios de los avances y aprendizajes previos .

En este libro se muestra al estado democrático de derecho como obra en construcción, por encima o más allá de quienes gobiernan , precediendo y trascendiendo sus voluntades, intenciones y decisiones. Esto no les quita a ellos méritos y deméritos . Decisiones políticas fundamentales abrieron o cerraron el camino de la justicia y permitieron u obstruyeron el conocimiento de la verdad.

Pero tales decisiones y sus consecuencias fueron también el resultado de dinámicas sociales y políticas más complejas, cambios en los estados de opinión, relaciones de fuerza o prioridades contradictorias que en cada momento colocaron a los presidentes, legisladores y jueces ante disyuntivas de no fácil resolución una vez aceptado que ni el olvido ni la impunidad serían opciones válidas o aceptables.

No hay, en la revisión que ofrece el titular de la Corte, tal cosa como una mayoría del país exigiendo justicia y verdad y una minoría negándolas, claudicando o resignándose a una democracia condicionada.

No hay “teorías de los dos demonios” ni de los ángeles versus los demonios, ni reivindicación de víctimas ni justificación de victimarios. No hay concesiones al relato maniqueo ni justificación prescindente de las dificultades de la Justicia para avanzar en la reparación de los daños y dolores infligidos.

Es un abordaje de lo ocurrido en las últimas tres décadas que pone el acento en cómo se gestó una doctrina jurídica y una política de Estado , sin adjetivaciones ni utilizaciones facciosas ni parcialidades partisanas, de lo que constituye un verdadero patrimonio tangible e intangible para la democracia argentina.

Un motivo de orgullo -como lo destaca el juez Baltasar Garzón en el prólogo de este libro- para un país que sufrió la más cruenta de las dictaduras y que inició luego un camino de reparación y construcción institucional que dio contribuciones fundamentales al derecho internacional en materia de derechos humanos.

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