El año pasado, el presidente paraguayo, Fernando Lugo, superó uno de los desafíos más grandes de su vida: un cáncer linfático. Repuesto de esa grave enfermedad, parece estar padeciendo ahora una dolencia muy común en sus pares de la región: la fiebre reeleccionista.
El mandatario niega públicamente que aspire a la reelección, pero ayer, en una movida que fue interpretada como un paso más en esa dirección, destituyó a dos ministros presidenciables que habían criticado el proyecto: Rafael Filizzola (Interior) y Efraín Alegre (Obras Públicas).
"No tengo dudas de la gran importancia que tiene el debate político y la construcción de proyectos (...) pero con la misma convicción creo que el espacio para ese debate son los partidos políticos", dijo Lugo ayer, que de esa manera pareció dejar en claro que la intención de su restructuración de gabinete fue la de sacarse de encima posibles competidores.
La iniciativa del Frente Guazú provocó nuevas fisuras en la gobernante Alianza Patriótica para el Cambio (APC). El Partido Liberal (PLRA), la principal fuerza de la alianza, aspira a que el candidato para las elecciones de 2013 salga de sus filas, y amenaza con dejar el gobierno si Lugo apunta a un nuevo mandato.
El opositor y poderoso Partido Colorado, en cambio, mira de reojo y con no poca simpatía la interna. Con buenas chances de recuperar el poder en las próximas elecciones (tiene un 45%de apoyo), podría, en un futuro, verse beneficiado por la reelección, sin asumir el costo político que supone impulsar la reforma.
Por ahora, Lugo responde con evasivas o, en el mejor de los casos, con chistes. Dice que no tiene interés en la reelección, pero con no poca ambigüedad admite que no frenará la campaña que la impulsa porque "hay que escuchar a todos".
Más allá de las idas y venidas retóricas, la Iniciativa por el Sí, impulsada por el Frente Guazú, movimiento que reúne a grupos y partidos de izquierda, está en marcha. La idea es juntar 30.000 firmas para que el proyecto sea analizado en el Congreso.
El Frente no tiene un candidato viable para las elecciones, y su supervivencia política está, en buena medida, atada al futuro de Lugo.
Caminos legales
El artículo 229 de la Constitución paraguaya de 1992 prohíbe expresamente la reelección presidencial. El artículo fue incluido para evitar que prosperara otro proyecto autoritario, después de los 35 años de dictadura del general Alfredo Stroessner.
Hay dos caminos legales para allanar el camino a la reelección. El primero de ellos, el más largo y complejo, es convocar a una asamblea constituyente que reforme la Carta Magna. Pero hay una vía rápida, que es la de una enmienda constitucional, que requiere la aprobación en pleno del Parlamento. Esta opción podría prosperar, si cuenta con el apoyo de los colorados, pero representa un gran riesgo político para Lugo.
Basta con recordar que el ocaso de su antecesor, Nicanor Duarte Frutos, se debió, en gran parte, al descontento popular que provocaron sus aspiraciones reeleccionistas. Y fue su habilidad para capitalizar ese descontento lo que le permitió a Lugo romper con 50 años de hegemonía colorada en Paraguay. El tiempo dirá si las lecciones de la Historia sirven de algo.


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