Polémica por la "megaembajada" de EE.UU. en Londres

La nueva sede costará US$ 1000 millones e incluye un foso de agua como medida de seguridad
LONDRES.? Cuando los ingleses quiren ejemplificar la aspiración de aquellos norteamericanos que sueñan con hacer propio el legado histórico de sus ancestros británicos, suelen narrar la escena, probablemente apócrifa, de la película Coraza negra (1954), donde un caballero medieval encarnado por Tony Curtis exclama con el más ronco acento del Bronx neoyorquino: "Mirad del otro lado de la fosa: allí está el castillo de mi padre".

Ahora, el blanco de la típica ironía inglesa es un edificio con el tamaño de una fortaleza medieval, rodeado de una fosa con agua, de doce pisos y con forma de cubo. Es el diseño ganador de la competencia para construir una nueva embajada de los Estados Unidos en Londres.

A un costo estimado en 1000 millones de dólares, la sede diplomática londinense superará en valor a otras igualmente fortificadas ?pero con ambiciones estéticas más modestas?, como las de Bagdad (700 millones de dólares) y la aún en vía de construcción en Islamabad (850 millones).

Pero allí no quedó todo. El proyecto del arquitecto Kieran Timberlake fue también duramente censurado por los dos únicos miembros ritánicos del jurado de cinco expertos (los otros tres son estadounidenses) en la competencia abierta hace dos años or l Departamento de Estado norteamericano.

Parte de las críticas puede atribuirse a la alta expectativa enerada por lo que se espera que sea el "cemento visual" de la tantas veces proclamada "relación especial" de Gran Bretaña con los Estados Unidos.

Según el matutino The Guardian, Richard Rogers ?creador, junto on el italiano Renzo Piano, del revolucionario Centro Pompidou, en París? y el constructor inmobiliario y oleccionista de arte Peter Palumbo (ambos, miembros de la Cámara de los Lores) enviaron un informe a ashington para advertir que el proyecto de Timberlake no está "a la altura de lo que merece ser la epresentación de una de las mayores naciones del mundo en Londres".

Peor aún, desde el punto de vista creativo, Rogers y Palumbo habrían calificado el trabajo de "aburrido" y "simplón". Timberlake compitió on arquitectos de la talla de I. M. Pei, autor de la pirámide transparente del Louvre; Richard Meier, creador del centro Getty en Los Angeles, y Thom Mayne, ganador en 2005 del premio Pritzer (el Nobel de rquitectura) y favorito de los expertos británicos.

El objetivo principal del edificio es darles una residencia segura a los 1000 diplomáticos norteamericanos que trabajan en Londres, requisito que la actual sede en la éntrica y elegante Grosvenor Square ha dejado de satisfacer, al menos técnicamente.

En ciudades donde el riesgo de un ataque terrorista es alto, el Departamento de Estado exige ahora el establecimiento de un perímetro de seguridad mínimo de 30 metros en torno a sus embajadas. Y esto es algo que los vecinos, molestos ya por las vallas de acero y los pilotes de cemento instalados durante la última década, no estaban dispuestos a aceptar en un barrio repleto de monumentos históricos.

La nueva embajada estará ubicada en el centro de un nuevo complejo residencial en lo que actualmente es un descampado semiindustrial en el barrio de Battersea, en la vera sureña del río Támesis. No muy lejos de allí se encuentra la sede del servicio de inteligencia británico MI6. Aislada por una fosa y grandes jardines, la sede norteamericana será construida con un vidrio cubierto por una solución especial, que lo hará resistente a explosiones de coches bomba.

"Un faro de democracia"

"No habrá murallas ni barreras. Nuestra intención es que la embajada sea un faro de democracia, repleto e uz y transmisor de luz", explicó Timberlake. Para cumplir con criterios ecológicos, el edificio contará, demás, con paneles solares capaces de satisfacer sus necesidades energéticas.

La actual sede diplomática, diseñada por el arquitecto finlandés Eero Saarinen durante la administración de John F. Kennedy en la década del 60, ya fue vendida por 450 millones de dólares a la firma Qatari Diar Real Estate Investment Co., parte del fondo soberano del gobierno qatarí, que planea convertirlo en un hotel de lujo.

La mudanza fuera del microcentro londinense ofrece la v entaja adicional de sacar a los diplomáticos norteamericanos de la zona céntrica, generalmente congestionada. La municipalidad londinense reclama a los norteamericanos 45 millones de dólares en concepto de tasas impagas y consecuentes multas. Los representantes de Washington rehúsan pagar aduciendo que la inmunidad diplomática los libra de pagar impuestos fuera de los Estados Unidos.

Sobre la base de se principio, también se niegan a agregar un 17,5% al costo total de la construcción de la embajada en concepto del impuesto al valor agregado (IVA) que el Estado británico aplica a toda nueva obra. "Estamos actualmente en negociaciones con la tesorería británica sobre este tema. Pero le puedo asegurar que nuestro deseo es hacer lo que es más apropiado y portarnos como buenos vecinos", sostuvo el embajador estadounidense Louis Susman.

Hace dos años, la disputa por los aranceles impagos hizo que su predecesor, Robert Tuttle, fuera calificado por el entonces alcalde de Londres, el laborista Ken Livingstone, de "pequeño sinvergüenza amarrete".

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