Una disputa entre los dueños del local impediría hacer las obras de reparación. El Gobierno de la Ciudad suspendió el relevamiento que iba a hacer en la fachada para analizar el riesgo de derrumbe.
La Confitería del Molino sigue deteriorándose y los vecinos denuncian la constante caída de mampostería. Sin embargo, el caso del histórico edificio está lejos de resolverse.
Por un lado, el Gobierno de la Ciudad suspendió el relevamiento de la fachada con el que planea establecer si existe realmente peligro de derrumbe.
Por otro lado, la expropiación del local, realizada por ley por el Estado nacional el año pasado, no puede ejecutarse hasta que no se expida la Comisión de Monumentos Históricos. Esto se debe a que la propia confitería fue declarada monumento histórico nacional en 1997, cuando sus propietarios la cerraron.
Mientras tanto, entonces, el local sigue siendo de propiedad privada. Y el juicio por la sucesión del inmueble complica el panorama. Según informó la Cámara de Diputados de la Nación, los herederos “no permiten la instalación de andamios y redes de contención” para garantizar la seguridad en la edificación.
“Los fondos para su compra y para las obras están asignados y disponibles, pero la total falta de colaboración de sus actuales dueños, los mismos que dejaron deteriorar el edificio hasta la situación crítica actual, demora el trámite judicial y el acceso de los técnicos y equipos al lugar”, detallaron desde la Cámara.
La Confitería del Molino fue inaugurada en 1916 y supo ser un clásico porteño durante buena parte del siglo pasado. Pero, en 1997, sus últimos dueños declararon la quiebra y terminaron cerrando sus puertas.
En noviembre del año pasado, el edificio fue declarado “de utilidad pública, y sujeto a expropiación, por su valor histórico y cultural”, mediante una ley aprobada en el Congreso.
Sin embargo, poco se hizo en estos nueve meses y la única modificación que sufrió el inmueble es la continua caída de pedazos de mampostería a la vereda de Rivadavia y Callao.
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