El policía Ríos mostró algunas mejorías en las últimas horas

El policía Ríos mostró algunas mejorías en las últimas horas
El cabo primero baleado el lunes a la madrugada en Laprida, continúa internado en una sala de terapia intensiva del Hospital Regional. Su salud comenzó a mejorar luego de las primeras 48 horas críticas. Su familia pedirá que al presunto autor del disparo también se lo investigue por tentativa de homicidio.

Jorge Ríos cumplió ayer 32 años mientras lucha por su vida en una sala de terapia intensiva del Hospital Regional, después que el lunes a las 6:50 un balazo se introdujera en su cintura, debajo del chaleco antibalas y le dañara órganos vitales.

Jessica Alarcón, la esposa de Ríos, le susurra al oído todos los proyectos que tienen juntos. Que luche por eso, por el hijo que quieren tener y por todo lo que soñaron en estos siete años que llevan juntos.

Le pide que sea fuerte y él le hace señas con la cara y hasta mueve los hombros como asintiendo. La reconoce. La escucha. También se emociona al ver a su madre y reconocer a sus hermanos. Por eso los médicos ayer a la tarde decidieron que se restrinjan las visitas. Es que en plena vía de recuperación, el policía gasta mucha energía al emocionarse con los suyos.

Ayer al mediodía esperaban el momento para ingresar a saludarlo, su padre Miguel, hermano Marcos y todos los más cercanos, entre ellos el jefe de la comisaría de Laprida, Miguel Bustamante, y sus compañeros de seccional. Todos querían acompañarlo en su cumpleaños.

Jessica asegura que su marido se va a salvar porque es fuerte. Confía en lo testarudo que es y que por eso le va a pelear también a la muerte. Después dice que habrá tiempo para pedir justicia, porque “a Jorge lo quisieron matar”.

Ella sabe de situaciones difíciles. Su padre, el conocido fotógrafo Adolfo “Chaco” Alarcón, quien trabajó en este diario, falleció a raíz de una cruel enfermedad. Su madre, Ema, quien era empleada del Concejo Deliberante, murió trágicamente el 20 de julio de 2008 cuando su automóvil fue arrollado por un camión que transitaba en contramano por Kilómetro 3.

IMPOTENCIA

Marcos Ríos, policía al igual que su hermano, no disimulaba su bronca ayer en los pasillos del hospital al escuchar a un colega suyo que la defensa pública de Daniel Almonacid -el sospechoso de balear al uniformado- preguntaba a primera hora de la mañana cómo estaba el detenido.

“Por él preguntan, pero por mi hermano no” se quejaba. Inmediatamente uno de los cientos de compañeros que habían llegado a darle apoyo a la familia propuso que la policía se movilizara, lo que encontró iniciativa en Miguel Ríos, el otro hermano de Jorge.

Plantearon hacer una marcha y reclamar para que dispongan de mayores garantías en su tarea diaria. Que puedan utilizar su arma para protegerse en situaciones de riesgo, donde muchas veces no las usan por miedo a ser sumariados y ser llevados ante la Justicia acusados de “gatillo fácil”.

En ese sentido, recordaban los casos de Néstor Manquepán, el policía muerto a golpes en el barrio 9 de Julio y el del cabo Nelson Godoy, asesinado al tratar de abortar un asalto a una estación de servicio en el barrio 13 de Diciembre. Antes que sacar su arma reglamentaria, optó por disuadir a los delincuentes con la voz de “alto”. Como respuesta recibió un tiro en la cabeza.

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