Policía local: El final menos esperado

Policía local: El final menos esperado

La aprobación de la Policía Local la semana pasada dejó margen para algunas conclusiones. Un debate que lamentablemente quedó a mitad de camino. Contradicciones y lecturas.

Sorpresivamente el intendente logró su objetivo más preciado: lo policía local fue aprobada en el Concejo Deliberante.

Una reunión con el bloque del Frente Renovador con la participación “estelar” de Javier Faroni, destacado en cartel francés para los que entienden de marquesinas, le permitió al oficialismo quebrar el empate que existía en el Legislativo.

El viernes no hubo grandes anuncios de modificaciones al proyecto oficial, solo algún “maquillaje” para la ocasión. En otras palabras, el sorpresivo cambio de postura del massismo torna en incomprensibles ambas posturas de ese sector: la negativa del jueves y la positiva del viernes.

El Frente Renovador fue poco menos que el impulsor del despacho de minoría, el radicalismo y Agrupación Atlántica se sumaron. En pocas palabras, estas tres fuerzas políticas apoyaban lo firmado entre Pulti y el ministro Granados, que al parecer no era otra cosa que sumar 700 policías a la estructura de la policía bonaerense. Era otra cosa.

El convenio contiene algunas cuestiones que no se aclararon en su momento.

El acta firmada entre el municipio y la provincia prevé la creación de estructura local para la coordinación del accionar de la fuerzas. Para ser claros, establece que el Intendente elaborará las políticas preventivas y las acciones estratégicas en la forma de un “Programa Operativo de seguridad”, cuya ejecución estará a cargo de la Secretaría de Seguridad local y del jefe de la Unidad de Prevención, y su seguimiento a cargo del coordinador operativo.

El convenio, aprobado por unanimidad, dispone también que el municipio dictará las ordenanzas y decretos que considere convenientes para el mejor funcionamiento de la fuerza.

En uno de los protocolos adicionales establece que el jefe civil de la policía local, que designe el intendente, y los colaboradores que determinen las normas municipales, financiados exclusivamente por el presupuesto municipal, tendrán a su cargo tareas de coordinación, planificación y análisis.

De esta transcripción se desprenden dos lecturas: por un lado se puede decir que el oficialismo no necesitaba de la famosa ordenanza de 36º artículos para crear una estructura local o para comenzar el reclutamiento de aspirantes, ya que el convenio no solo lo prevé sino que lo dispone. Desde otra óptica se podría afirmar que la ordenanza no venía más que a acompañar lo dispuesto en el convenio, y si no se trataba ahora se debería tratar en pocos días, además el contenido de la misma va en camino de complementar el accionar de esta fuerza creada por la provincia.

En otras palabras nadie dijo la verdad. Aprobar el convenio y no avanzar en las ordenanzas complementarias era casi un absurdo. La oposición jugó al juego del desgaste. El oficialismo jugó al juego de la gesta histórica. En definitiva solo estaban tratando un convenio y una ordenanza complementaria que el mismo convenio que aprueban por unanimidad insta a sancionar.

Una vez aclarado este punto, volvemos a las cuestiones políticas.

El oficialismo y el bloque del Frente para la Victoria se mostraron desde un comienzo comprometidos con el proyecto. La oposición deambuló entre distintas posturas. Ninguna de las fuerzas políticas colaboró o aportó a un debate serio sobre el tema de la seguridad.

El financiamiento de la estructura local pareció ser el punto de quiebre, pero la cuestión debería ser más profunda.

El convenio es vago en términos jurídicos. No está claro porque la gestión de Granados no emprende un camino más transparente en materia de seguridad. Es decir, ponemos todas las fuerzas de seguridad provinciales en cabeza de los intendentes o dejamos todo como está quedando los municipios como simples colaboradores.

La discusión de fondo es más profunda, y va directamente al corazón de la autonomía de los gobiernos locales.

Si los municipios en la provincia de Buenos Aires fueran autónomos, como sucede en Córdoba y otras provincias, estos estarían en condiciones de crear fuerzas de seguridad locales, atender cuestiones relacionadas con la salud y financiar un sistema educativo propio, todo esto sin tener que suplicar la bendición del gobernador de turno.

Podrán decir que son discusiones demasiado profundas, por eso será que todas las fuerzas políticas respondieron a la coyuntura convalidando por unanimidad un convenio vago por definición, que permite e insta a la creación de una estructura local de coordinación financiada por el municipio.

La Unión Cívica Radical y Agrupación Atlántica se opusieron en particular a algunas cuestiones que convalidaron al aprobar el convenio en general, a menos que su oposición solo radique en una cuestión de sueldos y nombramientos, y se así fuera, hubiera sido productivo y coherente que se trabaje en una estructura alternativa, que funcione mejor a la propuesta y en la que se gaste menos de $5.000.000.

Más allá de eso, sostuvieron su postura. “Estamos de acuerdo con la policía, pero no queremos aumentos de impuesto”, reciclando el discurso de la consulta popular.

El Frente Renovador fue más allá, el jueves no estaba de acuerdo con lo que convalidaba en el despacho de minoría, pero el viernes si lo estaba.

La presencia de Faroni suma un condimento especial a esta comedia de enredos. El empresario se puso el traje de candidato y se sentó con el intendente como garante del acuerdo. Seguramente Massa levantó uno de sus tantos teléfonos y operó sobre esta cuestión. Faroni es Massa, no hará nada sin que el hombre de Tigre lo ordene.

¿Cuál fue la moneda de cambio? Es difícil saberlo, lo cierto es que el Frente Renovador tomó protagonismo, Faroni se presentó ante la sociedad como político y Pulti destacó el espíritu democrático del massismo. Los enemigos quedaron del otro lado: el radicalismo y Arroyo, justamente las fuerzas que mejor posicionadas estarían hoy para disputarle a Acción Marplatense la intendencia.

Las elecciones empiezan a mezclarse en todas las decisiones y gestos de estos meses. La cuenta regresiva comenzó hace rato.

Por lo pronto, la discusión de fondo quedó encerrada entre la negativa a $5.000.000 para una estructura local y la creación de una “policía local” que no será tal. En esta oportunidad nuestros representantes no estuvieron a la altura.

Pulti ya tiene lo que quería, y además se lleva una victoria, que solo tiene algún mérito en el efímero mundo de la politiquería local. Su desafío es restablecer la relación con la ciudadanía, y sabe que su más grande enemigo es la inseguridad, mucho más fuerte y poderoso que las figuras que empezarán a verse en los afiches.

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