El Concejo Deliberante nombró nuevas autoridades y trató un temario de los más cargados de los últimos tiempos. El comienzo de una nueva etapa. ¿La casa está en orden?.
Los últimos meses no han sido tiempos de tranquilidad en el Concejo Deliberante.Nicolás Maiorano asumió la presidencia poniendo fin a una historia de idas y vueltas que comenzó con la publicación de una cámara oculta realizada a la entonces presidente del cuerpo, Vilma Baragiola.
Fue una época signada por los cruces verbales cargados de pirotecnia mediática, en donde los temas importantes para la ciudad quedaron en un segundo plano. Tal es así, que en la sesión convocada para el 16 de octubre se amontonaron cuestiones relevantes, situación que suele ocurrir en las reuniones que cierran o abren el periodo legislativo. Quizás sea una muestra de que nos encontramos ante una nueva etapa.
Se ha cuestionado que el radicalismo se haga cargo de la presidencia, es más, desde el seno de la conducción partidaria han criticado la decisión, y el mismo Maiorano habló de “responsabilidad” frente a las instituciones, como justificando una decisión lógica. El radicalismo ganó las últimas elecciones y corresponde que ejerza la presidencia.
La crisis desatada por la cámara oculta fue demasiado larga, y como en toda “batalla” que se prolonga en el tiempo se multiplican los heridos y se arremete sin medir las fuerzas. No está mal que el radicalismo continúe en la presidencia del cuerpo, lo que está mal es que se haya hablado de “conspiración distituyente”, que se haya (auto) convocado a Pampillon y que los concejales protagonicen escenas de pugilato. ¿Cómo volver de esa situación? ¿Cómo aceptar que los “conspiradores” son electores de este nuevo presidente del cuerpo?
La sed de protagonismo y las desmedidas ambiciones personales pusieron en jaque al cuerpo legislativo a más de un año de las elecciones. ¿Un paso al costado en búsqueda de un poco de paz hubiera sido lo correcto?. Seguramente hubiese contribuido a la calidad legislativa y a la imagen de la política en nuestra ciudad. En definitiva, para que tanto batallar si el resultado es el mismo que en aquel entonces algunos recomendaron con algo de sentido común.
En el medio de la resolución del conflicto más complicado y menos pensado de la política local en los últimos años, el Concejo volvió a delegar facultades al Intendente, en este caso para aumentar el boleto. Las contradicciones no son propiedad exclusiva del radicalismo, desde el bloque de Agrupación Atlántica se llenaron la boca objetando la metodología empleada por el Ejecutivo para establecer el valor, pero llegado el momento de votar optaron por conceder al intendente la lapicera para el aumento en pos de la “convivencia política”. El radicalismo votó dividido, pero afirman que se dobla y no se rompe, mientras que el Frente Renovador acompañaba en silencio.
El aumento de taxis y la adecuación (aumento) del contrato con la Empresa 9 de julio fueron trámites teñidos por la unanimidad.
Hace solo unos días el intendente exhortó a los concejales para que aprueben la policía local, y en ese caso la mayoría no era suficiente, se buscaron consensos con el riesgo de no darle el gusto a Pulti, y que el expediente vuelva a comisión o se modifique para su aprobación, un ejercicio sano que debió practicarse en comisiones, pero en ese momento todos estaban con la cabeza en otro lado, cada uno en un lugar distinto, pero a metros de los expedientes y, muchas veces, de espaldas a la realidad.
Quizás sea el primer paso de una época signada por la normalidad, esperemos que el daño no haya sido tan grave, en definitiva nos quieren hacer creer que “la casa está en orden”, ojalá sea cierto.


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