Nuevas divergencias entre los gobiernos nacional y provincial y distintos referentes sociales a raíz de los datos aportados por el Observatorio de la UCA, que hablan de una tendencia creciente.
El último informe elaborado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina, de la Universidad Católica Argentina (UCA), que arrojó que 28,7% de los argentinos son pobres, generó revuelo, sobre todo en el Gobierno nacional, que ayer salió a cuestionar los datos divulgados por la institución que depende de la propia Iglesia.
La estadística indica que 11 millones de personas en el país están por debajo de la línea de pobreza, y 2 millones de ellas se encuentran en situación de indigencia. Esto significa que no alcanzan a cubrir sus necesidades básicas de alimentación y vestimenta, entre otros aspectos.
El estudio de la UCA estimó que una familia tipo (padre, madre y dos hijos) necesita un ingreso mínimo de $ 5.717 mensuales para comprar la Canasta Básica Total (CBT) no oficial. “Esta tendencia de la pobreza, que no se detiene pese a que se estén aumentando los planes sociales, tiene como principal motor el factor inflacionario y la falta de creación de empleo”, destacó Agustín Salvia, investigador jefe del Observatorio que, para efectuar la investigación, se valió de los índices privados de inflación.
Lo cierto es que si bien aún no ha sido publicado el informe completo que da cuenta de la situación en cada provincia, los referentes sociales que trabajan a diario en Mendoza para ayudar a las familias que más lo necesitan, coinciden en que la demanda de ayuda es real y que supera la capacidad de respuesta de las entidades.
Gabriela Fernández coordina diferentes programas desde la Fundación Pueblo Nuevo. Destacó que existe una necesidad muy sentida por parte de muchos mendocinos, en tanto que el desempleo está afectando de manera notoria a las familias que viven al día, con empleos inestables y changas. Fernández describió que cada vez más mamás salen a la calle a buscar empleo limpiando casas o cuidando niños o enfermos para dar de comer a sus hijos debido a que su esposo se quedó sin trabajo.
“Hoy repartimos bolsones de mercadería y notamos que la necesidad es cada vez mayor. Hay mucha pobreza. Esto no debería ser así”, destacó Fernández, quien desde esta entidad trabaja de manera coordinada con otras organizaciones civiles.
Para Hugo Fiorens, presidente de la Asociación Voluntarios en Red, la problemática de la pobreza en la provincia se ha profundizado desde hace tres años a esta parte. Dijo que al menos la tercera parte de la población mendocina vive en esa condición. “Desde las escuelas a las que asistimos con comedores nos han comentado que los niños llegan el lunes con mucho hambre porque el fin de semana han tenido una alimentación muy deficiente”, ejemplificó Fiorens para dar una idea del actual panorama.
El referente de esta ONG agregó que como hacía mucho tiempo no se veía, ahora las familias están apelando al trueque. Algunos, dijo, hacen pan y tortitas y lo cambian por salsa o alfajores que hacen otros. “Estas estrategias de supervivencia no las veíamos desde la crisis de 2001-2002”, aseguró Fiorens y agregó que alimentos primordiales como la leche están siendo muy solicitados en forma permanente por parte de los comedores y escuelas.
“No damos abasto para responder a todas las demandas”, sintetizó y consideró que en la actualidad las organizaciones de la sociedad civil están haciendo el máximo esfuerzo para responder a necesidades que el Estado no está contemplando.
Pero para Cristian Bassín, ministro de Desarrollo Social y Derechos Humanos de la Provincia, la situación no es tan grave. Dice que desde hace años el gobierno lleva adelante diferentes planes para promover estrategias de apoyo a los sectores más vulnerables, de manera que puedan salir de la pobreza.
Sin negar que la pobreza y la indigencia existen, el funcionario destacó que en la actualidad hay mayores herramientas y políticas de inclusión social. “No niego la pobreza pero es importante que, antes de preocuparnos por las cifras, nos ocupemos de los pobres, estando presentes en los barrios y acudiendo a sus necesidades en articulación con otras áreas del Estado”, dijo el ministro, que durante 24 años trabajó como sacerdote salesiano en los lugares más vulnerables del país.
Bassín destacó que desde el ministerio “todos los días salimos a la calle para buscar soluciones concretas a las familias que lo necesitan”. Rescató los programas sociales que se encuentran vigentes en la actualidad, como la Asignación Universal por Hijo y el Plan Progresar, entre otros.
Patricia Spoliansky, titular de la Federación de Niñez y Adolescencia (Fedem), coincidió con este aspecto. Agregó que desde el trabajo que la entidad lleva adelante en materia de niñez y adolescencia, la pobreza en realidad está por detrás de otras problemáticas que -desde su punto de vista- aparecen como más preocupantes.
“En comparación con otros años podemos decir que hoy la necesidad de alimentación es cubierta en gran medida gracias a la Asignación Universal”, ejemplificó y destacó que la violencia, el deterioro de los vínculos familiares y el poli consumo de diferentes sustancias entre los jóvenes, han crecido más que la pobreza.
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