La enfermedad renal crónica (ERC) es la alteración del funcionamiento de los riñones por más de tres meses y la pérdida gradual de sus funciones.
En la Argentina, la incidencia de esta enfermedad se duplicó entre 2002 y 2012, cuando alcanzó al 12% de la población, es decir que al menos 4.600.000 personas presentan algún grado de ERC.
Esto se debió a que entre 2005 y 2009 la obesidad aumentó del 14,6 al 18% de la población, mientras que la diabetes pasó en ese lapso del 8 al 9,6%, según datos de las Encuestas Nacionales de Factores de Riesgo.
La misma estadística muestra que la población mayor de 18 años con hipertensión alcanzó en 2009 el 34,8% del total.
Este año se contará “por primera vez con el dato de la prevalencia de la ERC a partir de la Tercera Encuesta Nacional de Factores de Riesgo”, comentó Sebastián Laspiur, director de Promoción de la Salud y Control de Enfermedades No Transmisibles.
“Estos indicadores nos van a permitir trabajar sobre la prevención y detección temprana, además de prever las necesidades futuras de tratamiento”, puntualizó el informe del Ministerio de Salud.
Desafío
Los cuatro primeros estadíos del mal funcionamiento de los riñones no presentan síntomas, por lo que representan un desafío para que los profesionales de la salud logren un diagnóstico temprano que evite la ERC terminal, que requiere tratamientos de diálisis o directamente trasplante de riñón.
Esta última fase de la enfermedad acarrea un importante deterioro de la calidad de vida del paciente y además tiene un alto costo para el sistema sanitario.
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