En plena batalla con la oposición, la inflación apremia al Gobierno

Por: Alcadio Oña

Hay dos datos conocidos por igual. Uno es que la inflación avanza peligrosamente. Otro, que el Gobierno carece de un verdadero plan para enfrentarla. Y uno más: que con el actual INDEC es inviable cualquier estrategia seria.

En el muy hipotético caso de que se decidiese lanzar un programa antiinflacionario, lo primero sería reconocer el problema. Luego, articular políticas con metas de precios explícitas, de modo que sean reconocidas por la población y puedan ser útiles para enderezar unas expectativas cada vez más agitadas.

Pero esta visto que el Gobierno no piensa avanzar por ninguno de estos caminos. Y si lo hiciese chocaría contra su propia construcción: no habría con qué medir los resultados, pues lo impedirían los dibujos del índice oficial.

Sin embargo, el proceso inflacionario lo está corriendo. Y tanto que ya hay una hipótesis extendida, tanto en el oficialismo como en la oposición: el adelanto de las elecciones, presumiblemente para marzo de 2011.

Se sabe que la inflación erosiona, como pocas cosas, las aspiraciones de cualquier gobierno. Y el kirchnerismo también debiera saberlo: en el avance de los precios hubo, el año pasado, una buena explicación al voto anti K de grandes capas sociales pobres del conurbano.

Las elecciones habían sido adelantadas al 28 de junio, justamente por el temor del Gobierno a que la crisis económica horadase sus chances electorales. La movida no arrojó el resultado esperado, pero entonces la economía ya se había metido en la política.

Según mediciones privadas, el año pasado cerró con un índice de precios del 15 %. El 2010 arrancó con expectativas cercanas al 20 %, pero después de los saltos de enero y febrero la curva ya marcha rumbo al 25 %. Y para colmo lo que más ha subido es el costo de los alimentos.

Es otro dado conocido que quienes más sienten los coletazos son los sectores de menores recursos. Sencillamente, porque sus ingresos se van casi íntegramente en la alimentación, si no por completo cuando esto se encarece como ahora.

Obviamente, el problema no se resuelve con apelaciones al consumo de pollo o de cerdo. Tampoco presentando la merluza a un precio que nadie consigue. Y menos con actos y palabras, que en lugar de llevar calma pueden irritar.

Un riesgo de los procesos inflacionarios es que tensen la cuerda social. Otro ya está: la puja desatada por los ingresos, desde luego por parte de quienes están en condiciones de defender sus bolsillos. Apenas el 27 % de los trabajadores ocupados del país está bajo el paraguas de las paritarias.

En línea con el aumento que el Gobierno pactó con los docentes, los bancarios acaban de acordar un 23,5 %. Los metalúrgicos manejan 25 %. Y los petroleros pretenden estirarse al 30 %.

Algunos de estos reclamos se parecen a la inflación real, nunca al 9,1 % anual que cuenta el INDEC. Y hasta el 23,5 % de los maestros implica el reconocimiento oficial de que el índice efectivo es cualquiera menos el que dice el organismo intervenido en 2007.

Está por verse, ahora, cuáles serán las demandas de los empleados públicos provinciales. Los fiscos del interior crujirían con aumentos similares a los que se discuten en el sector privado o, si se prefiere, quedarían más subordinados a la caja del poder político.

Buena parte de los analistas privados advierte que la economía ha vuelto a crecer. En prácticamente todos los sectores, aunque al interior de cada uno de ellos no todas las cuentas dan igual.

El problema es que la inflación nunca es neutral. Una del 20 o del 25 % no es consistente con la sustentabilidad del modelo. Y, además, puede ponerle un techo al crecimiento.

Suele decirse que el tipo de cambio funciona como un ancla contra las expectativas. Pero si lo es, lo es muy parcialmente.

El año pasado, el dólar subió 10 % y el índice de precios alrededor del 15 %. Para 2010, los economistas calculan que el tipo de cambio aumentará 7 % y, a la vez, prevén una inflación cercana al 25 %. Lo que suena claro es que un ajuste mayor del dólar acentuará las presiones inflacionarias.

En esta encerrona está, hoy, el Banco Central. Pese a que Mercedes Marcó del Pont ha sido siempre partidaria de un tipo de cambio alto y competitivo.

El Gobierno puede ensayar las justificaciones que quiera, para descargar responsabilidades sobre otros. Y la inflación, reconocer los orígenes que cada cual crea, nunca uno sólo. Pero el envión ya era perceptible hacia octubre de 2009 y el de los alimentos, a partir de diciembre.

Ya se asiste a un corrimiento generalizado de los precios. Y aunque libre una encarnizada pelea con la oposición, este costo va directo a la cuenta del kirchnerismo.

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