La presencia de adolescentes y jóvenes sobre la calle Barnech comienza alrededor de las 18 y se extiende hasta las 3 de la mañana. Vecinos aseguraron que los controles son escasos y que la situación es “un desastre” por los ruidos y picadas protagonizadas por autos y motos.
Desde fines de agosto, cuando las temperaturas empiezan a ser más templadas, adolescentes, jóvenes y algunos adultos se reúnen en este espacio de la ciudad para hacer deporte, compartir un espacio con amigos o, simplemente, disfrutar del tiempo libre. Con la llegada de las vacaciones de verano, estos encuentros se repiten todos los días y, para escapar de las altas temperaturas, suelen comenzar en horarios en los que el sol no es tan fuerte y extenderse hasta horas de la madrugada.
Sin embargo, en épocas de receso escolar, las reuniones no quedan solamente en charlas y bebidas compartidas, sino que suman música a alto volumen, motos ruidosas, autos que circulan a alta velocidad y hasta competencias a través de picadas. Estas situaciones generan en los habitantes de esa zona, un importante malestar que, hasta el momento, no ha obtenido respuestas.
El diálogo con vecinos de la calle Barnech suena reiterativo. Las expresiones, que repiten prácticamente todos los que habitan allí, denotan un cansancio generalizado, no sólo porque el constante ruido durante la madrugada priva a muchos del sueño, sino también porque, a pesar de los reclamos, la misma imagen se repite cada noche.
Según comentaron estas personas, lo peor son las motos. Para alcanzar mayor velocidad, los conductores realizan alteraciones en los caños de escape de sus vehículos. Más allá del peligro que conlleva transitar estas calles con exceso de velocidad, esos "escapes libres" generan contaminación sonora, debido al ruido que producen, y dejan, además, un fuerte olor a aceite quemado, que aromatiza el ambiente aún dentro de los hogares.
Algunos autos también son fuente de molestia para los vecinos. Por un lado, generan incomodidad porque, de acuerdo con lo que relataron a este medio, las personas suelen estacionar en ese espacio con todas las puertas de sus automóviles abiertas, instalarse en la plazoleta -especialmente en la cuadra entre las calles Colón e Italia- y escuchar música a todo volumen. "Que hagan eso, por ahí está bien, pero no si dura hasta las dos o tres de la mañana", aseguró un hombre desde la puerta de su casa.
Por otro lado, automovilistas y motociclistas suelen realizar picadas sobre la calle Barnech. Los habitantes de la zona declararon que, lejos de ayudar, los reductores de velocidad sobre esa arteria, parecen haber colaborado con la exaltación de quienes manejan. Lejos de disminuir la velocidad, quienes manejan utilizan los lomos de burro como rampas en la trayectoria de la picada, explicaron.
ESCASOS CONTROLES
Trabajadores de la zona de la plazoleta coincidieron en sus expresiones con los vecinos y manifestaron que, lo más molesto a la hora de realizar sus actividades, es el constante ruido. Además, aseguraron que, alrededor de las 18, comienzan a acercarse los jóvenes con sus diferentes vehículos, y que se instalan en la plazoleta durante varias horas.
Más allá de las molestias que se pueden generar, destacaron que la seguridad en la zona es buena desde hace algunos años. Consideraron importante el hecho de que los robos parecen haber disminuido y que, a pesar de la cantidad de jóvenes que se reúnen en ese espacio, prácticamente no se han visto peleas ni disturbios.
Igualmente, tanto los comerciantes como los vecinos estuvieron de acuerdo con que los controles policiales no son suficientes. Manifestaron que durante los momentos en que los patrulleros están en la plazoleta, todo transcurre de manera tranquila, pero que, el resto del día es una zona liberada.
La situación parece ser similar todas las noches: una vez que los ruidos llevan a los vecinos hasta el hartazgo, suelen llamar al 911, sólo para que los conductores reduzcan la velocidad por algunos minutos, y pasen frente a los policías "burlándose de ellos".
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