El economista Francisco Albuquerque, consultor del Fomin y el BID, destacó la importancia de que a nivel local existan agendas de desarrollo para el mediano y el largo plazo. "La competitividad se logra con una planificación participativa local porque lo sustantivo de la actividad productiva se define en el nivel territorial", explicó.
En medio de la transición entre el gobierno saliente y el que asumirá el próximo 10 de diciembre, el municipio recibió esta semana el consejo del especialista en desarrollo local Francisco Albuquerque, quien destacó la importancia de darle continuidad a una planificación estratégica mediante la cual se consensuó una visión sobre el futuro de Mar del Plata y de Batán. "El que llega suele pensar que el que estuvo antes lo ha hecho todo mal confundiendo los horizontes temporales del desarrollo con los de sus propia gestión de gobierno y eso es un mal muy típico de los latinos", le explicó el especialista a LA CAPITAL. Albuquerque es un reconocido consultor español del Fondo Multilateral de Inversiones (Fomin) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que además participa del programa Eurosocial. Esta semana, por iniciativa del Ministerio de Industria de la Nación, se reunió en Mar del Plata con funcionarios de la actual gestión municipal y referentes del nuevo equipo de gobierno ante quienes reivindicó las consignas del Plan Estratégico y de otras herramientas de planificación referidas al desarrollo local.
Tanto en sus conferencias alrededor del mundo como en sus trabajos bibliográficos, Albuquerque fomenta la existencia de gobiernos locales proactivos, capaces de liderar estrategias para que las comunidades conciban sus propios procesos de desarrollo. E insiste en que para lograr buenos resultados, una de las claves es que a nivel local existan fuertes consensos sobre el largo plazo.
-¿En qué circunstancias una planificación merece ser preservada?
-Cuando efectivamente ha sido participativa y tiene el consenso de los actores claves de una comunidad para establecer una visión y una estrategia que evite las incertidumbres de los ciclos electorales. Es decir, cuando se ha concebido una política de Estado y no de partidos.
Se trata de tener una visión responsable de la organización del bien común, de los bienes públicos y de todo aquello que merece ser pensado en el largo plazo.
-¿Y qué asuntos debería abordar, desde el punto de vista del desarrollo económico, una política de Estado a nivel local?
-Hay que decir que el gobierno central no está capacitado para trabajar con la especificidad de la problemática de un territorio. Al gobierno central le compete lanzar directrices genéricas que son insuficientes para conducir las políticas públicas territoriales. Por eso desde lo local hay que pensar el empleo, el perfil productivo, la innovación, el ambiente o la sustentabilidad.
-¿Cómo define al territorio? ¿Se trata de ciudades, municipios, regiones...?
-En realidad las ciudades son nodos en los que existe una oferta de servicios avanzada, de proximidad al núcleo territorial y ambiental. Es claro que una ciudad debe, como se ha hecho aquí con el Plan Estratégico, tener en cuenta el concepto más amplio de región. Sin embargo las fronteras geoeconómicas de una región seguramente no coinciden con la delimitación administrativa. Por eso disponer de un sistema de información del perfil productivo, de los alcances de los mercados, es vital para tomar decisiones inteligentes. La revolución actual se basa en el conocimiento lo que es mucho más que un compendio de información superflua. Es información sistematizada en un análisis más fino sobre las cadenas productivas, los clústers, teniendo en cuenta que hoy se tiende dar importancia, por ejemplo, a la producción de proximidad.
-¿Qué es la producción de proximidad?
-Por ejemplo aquí no es lo mismo consumir un kiwi de Nueva Zelanda que uno de Mar del Plata en términos de sustentabilidad. El producto no viene desde la otra parte del mundo sino que es de acá y esa producción y ese consumo fortalecen al mercado interno y mejora los costos. Es lo que en Europa llamamos la producción kilómetro cero. Con ello se logra una competitividad de caracter ambiental mediante un producto que es fresco y que genera un valor que se retiene localmente. Así se fortalece una producción local y un mercado interno. Estamos en un proceso de revolución de conocimiento en el que existen oportunidades como éstas que hay que saber capturar. Los gobiernos locales no dependen solo de dinero, sino de una convocatoria de actores locales para tomar decisiones que acaban concretándose en la formación de un mercado y un desarrollo local.
-¿Cuál es el rol de los gobiernos locales para favorecer las exportaciones de sus territorios?
-Normalmente las exportaciones son solo una parte de la solución. En promedio se puede exportar un 30% de una producción local, a veces hasta un 60%. Digamos entonces que la producción y el consumo local a veces son más importantes de lo que suponemos. Por eso no hay que idealizar excesivamente el comercio exterior. Hay que construir una integración mayor de un mercado local que retenga recursos y población. Esto es algo que impacta más en el desarrollo económico y humano, genera innovación y permite organizar mejor a los actores. Por otro lado, las exportaciones como las ligadas al sector del conocimiento, son claves, sobre todo si su producción está ligada de un modo inteligente con el mercado interno, agregándole valor y dándole dinamismo. Pero para que esto suceda no se puede esperar a que se baje la línea desde un gobierno central. Los territorios tienen que saber hacerlo y eso depende de la innovación social, las alianzas, la confianza y del conocimiento de que los ciclos de desarrollo requieren de agendas de medio y largo plazo, de planificación participativa, de construir ese espacio donde la reflexión colectiva supere las diferencias ideológicas.
-¿Cómo logran las ciudades o los territorios alcanzar mayor competitividad, trascendiendo incluso los lineamientos que puedan dar las Cancillerías para integrarse con el mundo?
-A veces hay un abuso del lenguaje cuando se habla de ciudades competitivas. Un reto para una ciudad hermosa como Mar del Plata es por ejemplo poder atraer eventos internacionales o fomentar el turismo de encuentros. Para eso las ciudades, en el mundo de hoy, tienen redes de colaboración y cooperación. De hecho la competitividad se basa mucho en una cooperación. No solo se trata de la visión anglosajona de disputar, sino de crear redes de articulación a nivel internacional y a nivel territorial.
Hay ciudades como Bilbao o San Sebastián, por mencionar ejemplos, que utilizan los elementos de su identidad territorial para decir "estoy aquí" y lo han hecho con apuestas innovadoras en lo urbano, como el museo Guggenheim o el Kursal. Así impregnan de innovación al conjunto de las actividades que pueden hacerse desde la ciudad. Pero todo esto surge de una planificación que contribuye a que la ciudad termine haciéndose más atractiva para invertir y para vivir. Así se constituyen en actores propios que como usted dice, hasta adquieren cierta independencia de los países en los que se encuentran.
-Hasta no hace mucho predominaba la idea de que una ciudad era competitiva cuando tenía un entorno amigable para la empresa, ofreciéndoles amplias ventajas, sobre todo impositivas. ¿Cree que actualmente la competitividad depende sólo de eso?
-Hoy el tema es muchísimo más complejo. Existe algo que los nórdicos llaman alianza de cuatro ejes, compuesta por el sector público, el sector privado empresarial, el sector del conocimiento y la sociedad civil organizada. No es cierto que el sector empresarial sea el que modela al mercado de trabajo, la infraestructura o los servicios avanzados. No es cierto que el sector privado es el que crea el empleo. Esto es algo que logra el conjunto de la sociedad. Antes se decía que el sector público debía ponerse a la orden del sector empresarial para facilitarle lo que quisiera. Hoy se ve que esto no es así ya que en realidad el sector privado sin una buena articulación no va a encontrar los recursos humanos cualificados que necesita, ni va a tener infraestructura. La competitividad requiere de una integración de visiones y de una estrategia consensuada. Y todo eso se logra con una planificación participativa local porque lo sustantivo de la actividad productiva se define en el nivel territorial.
-Las carencias en infraestructura y logística son un gran condicionante para las economías locales y es sabido que los municipios no tienen recursos para afrontarlas. ¿Cómo cree que debería afrontarse este tema desde lo local?
-En Argentina, cuando el gobierno central define una política se usa la expresión "bajar línea", ¿no? Bueno, el desafío es "subir línea". Es decir que los municipios sean los que fijen ciertas prioridades. Hay que fortalecer la capacidad territorial en torno a una estrategia que tenga el consenso de los actores políticos, empresariales, sindicales, para condicionar a los que tienen que financiar estas infraestructuras que normalmente son una provincia o la nación. Como usted dice, los gobiernos locales suelen tener escasos recursos para atender lo que ya tienen y si además se deben ocupar de estas infraestructuras habría que apagar la luz. Pero para poder tener influencias en la prioridad de estas inversiones hay que saber hacerlo. Esto quiere decir llegar con información y con convicción para demandar por ejemplo, la mejora de una carretera, un tren o un puerto. Esto se logra sólo cuando los actores del territorio han dejado atrás la pelea chica y han formado una alianza y han podido pensar juntos hacia dónde van en el largo plazo.
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