Plan Federal: otra vez agua en las casas, corte de ruta y riñas políticas

El Plan Federal o barrio Santa María de las Pampas volvió a ser el epicentro de todos los reclamos, como cada vez que llueve: el agua inundó una veintena de viviendas, los vecinos decidieron un improvisado corte de ruta hasta que apareció un bomba de desagote (recién a las 19:00 horas) y las riñas políticas dentro y fuera de la Comisión Vecinal quedaron al desnudo.

Esa barriada fue una de las primeras que visitó el intendente Francisco Torroba, aunque estuvo apenas unos minutos. Al igual que en otras zonas que recorrió un equipo periodístico de El Diario, no se vieron autoridades municipales, ni móviles de Defensa Civil ni de los Bomberos. Los vecinos, como pudieron, tuvieron que autoevacuarse y la Policía recién llegó apenas unos minutos después de que se iniciara el corte de la avenida Circunvalación y el denominado camino a los silos de Rouco.

Eran alrededor de las 18:30 horas cuando un grupo compuesto por alrededor de 20 personas decidió interrumpir el paso de los vehículos que trataban de controlar, como podían, tres inspectores de la Dirección de Tránsito. "No puede ser que no venga nadie, tenemos a los chicos mojados y cagados de frío... Vamos a cortar la ruta", desafió un joven de remera azul y todos lo siguieron.

La situación generó roces con algunos automovilistas, aunque la mayoría apoyó el reclamo: "Está bien que hagan esto, si no nunca les van a solucionar el problema. Yo vivo unas cuadras más arriba y nunca me pasó nada con el agua pero lo que le sucede a esta gente no da para más", dijo Daniel, a bordo de un Escort gris oscuro, aguardando en la fila de vehículos detenidos.

José, arriba de una portentosa camioneta verde, también admitió el reclamo aunque a regañadientes: "Yo entiendo que todos tienen derecho a reclamar, sobre todo cuando les pasan estas cosas, pero también yo estoy laburando", apuntó.

El ingeniero Roberto Moro, de Vialidad Municipal, fue uno de los pocos funcionarios que se animaron a llegar al lugar del conflicto. Trató de apaciguar los ánimos pero los vecinos lo increparon y le enrostraron los anteriores episodios y los daños recibidos que nunca fueron reconocidos por la comuna.

"Es la tercera vez que se me inunda y se me moja todo... Ya tengo los muebles destrozados. Cuando fui a la Municipalidad la secretaria del intendente me dijo que no podían hacer nada porque yo tengo un sueldo y trabajo. Es una tomada de pelo", le gritó una mujer empapada y temblando de frío y de bronca.

Moro, después de un par de llamados telefónicos, logró que por fin apareciera una bomba de desagote. Aunque ya eran casi las 19:00 horas.

El miedo a

los saqueos

Las sombras de la noche comenzaron a caer poco a poco y los vecinos, sobre todo los que viven en la calle paralela al asfalto, a pesar de tener casi medio metro de agua en sus viviendas se resistieron a dejarlas: "Yo llevé muchas cosas a la casa de mi suegra pero no me puedo ir... Te roban todo, no te dejan nada", contó Darío.

"Lamentablemente no te podés mover... Encima de que tenemos poco, no nos va a quedar nada. Acá te roban si tenés el sueño pesado, imaginate si dejás la casa sola", agregó Rubén.

Damián, un nene de diez años, aportó un dato anecdótico que -al menos- sirvió para distender a los que alcanzaron a escuchar su voz tímida: "Allá (señaló con un dedo) recién había dos chabones que estaban sacando cosas de una casa inundada", soltó con un dejo de inocencia.

El cruce por la seguridad y la falta de ayuda en el lugar también generó una acalorada discusión entre dos vecinos, que respondían a diferentes intereses dentro de la Comisión Vecinal. A tal punto que casi terminan a los golpes. Hubo fuertes recriminaciones por la ayuda social.

"No vengas acá a poner la cara por la Municipalidad ni a decir que consiguieron velas... Lo único que falta es que vengas a ofrecer un plan de empleo. Yo gracias a Dios tengo un trabajo digno y no le debo nada a nadie, ni a Torroba, ni a Verna, ni a Jorge ni a Marín... ¡Velas conseguiste!, ¡te felicito!, ¿pero por qué no conseguís que el Gobierno nos entregue casas como la gente y que de una vez por todas nos hagan las cloacas y los desagües?", le ironizó un joven morrudo a un supuesto integrante de la CV del barrio.

Otro muchacho, de remera blanca supermojada, aprovechó la ocasión: "¡Jódanse, loco!... Cuando nosotros recorrimos el barrio diciendo que iba a pasar todo esto y que había que reclamar nos cerraron las puertas y no nos votaron. Viste, eso es lo que pasa cuando la gente no se interesa por el barrio", soltó y generó una discusión masiva a interminable.

Solidaridad

Susana Arias quedó presa de una crisis de nervios y tuvo que recibir la ayuda de los vecinos porque, a pesar de los insistentes llamados, no apareció ninguna ambulancia.

Un poco más calma, se decidió a hablar con este diario: "Es la segunda vez que tengo un metro de agua adentro de mi casa, me sorprendió, no pude hacer nada, lo único que atiné fue a sacar a mis chicos por miedo a la corriente (electricidad). Nosotros estuvimos con el señor Torroba no hace mucho tiempo y le dijimos la mugre que se juntaba acá, que eso complotaba con las consecuencias que siempre genera la lluvia, pero no hizo nada, se nos ríe en la cara... Te juro que si lo tuviera enfrente mío le rompería la cara", gritó Susana empapada en lágrimas.

Del otro lado del teléfono, su madre trataba de calmarla. Pero no hubo caso, la impotencia y la bronca la sobrepasaba. Por eso se cruzó en una fuerte discusión con la presidenta de la Comisión Vecinal, Claudia Zelarrayán. "Vos tampoco hacés nada por el barrio, sabés bien lo que pasa acá pero lo único que te escucho decir es para justificar a la Municipalidad. Dejá de defender a Torroba y ponete a trabajar por los vecinos", le recriminó.

La nota solidaria de la jornada -más allá de la ayuda que se prestaron entre ellos los vecinos para autoevacuarse- la dieron Claudio, Susana y su pequeña hija de diez años. Ellos viven del otro lado de la Circunvalación y, hasta ahora, siempre han quedado a salvo de las inundaciones.

Por eso, equipados con pilotos amarillos, aparecieron con varios termos de café que repartieron generosamente. "Yo soy un empleado como cualquiera de esta gente, trabajo en la parte administrativa en la Cámara de Diputados y mi mujer, en la Municipalidad... Vengo a hacer esto porque creo que es lo que nos corresponde como vecinos", dijo. Obviamente, él y su familia fueron puestos como "un ejemplo" que contrastó con las autoridades municipales. "Viste, mirá esta gente, ellos vienen y colaboran y piensan en nosotros cuando podrían estar secos y calentitos en sus casas... ¿Ves algún funcionario municipal?, no hay nadie, loco... Porque no vienen a mojarse y a ensuciarse en la mierda como estamos nosotros", se quejó Jorge a boca de jarro.

El trabajo de los empleados municipales, ya de noche, sin luz y con una bomba de desagote que aportaba poco al desastre existente, pasaba sin pena ni gloria frente a un panorama desolador.

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