Pizzorno y la renovación

El último intendente peronista de la ciudad y uno de los armadores de la renovación de la década del 80, Gino Pizzorno, avaló la idea de que el Frente para la Victoria debe ir a las próximas elecciones con una lista que contenga a las nuevas generaciones. No todos están de acuerdo con el histórico dirigente. Pero la tendencia parece irreversible.
El tema es urticante pero ineludible. El Frente para la Victoria formará su próxima lista de concejales con parte del resultado de la resurrección de la política de la última década. Con esa parte que corresponde a Tandil, pero que también es un fenómeno nacional. Muchos de los tradicionales no se resignan y muestran los dientes. Dicen que todavía tienen mucho para dar o que no han tenido la suficiente cantidad de oportunidades en el plano electivo. No quieren que los echen a empujones de la primera fila.

Nicolás Pizzorno aportó lo suyo al debate. Apoyó la renovación. Pizzorno sabe de renovación. Sabe de Peronismo. Cuando las estructuras estaban agotadas por el complejo proceso que desató la decrepitud y, luego, la muerte del General, un grupo decidió poner punto y aparte. Fueron contra los intocables del peronismo y los tocaron. Eso es el peronismo después de Perón. Una sucesión de puntos y aparte. Oraciones que van a la derecha o a la izquierda, reinterpretando una versión ideológica inclasificable para los clásicos. Ni capitalistas, ni comunistas: peronistas. Tres banderas por encima de una versión clasista de los movimientos políticos.

Y como se trata de un movimiento y no de un partido, la organización es dinámica, resultado de sus propias pujas. Demasiado dinámica para algunos. Con una desconcertante capacidad de reinvención para otros.

Por estos tiempos, se prepara un segundo aluvión generacional, un conjunto de jóvenes y no tanto que han ido asumiendo funciones, menores, tal vez, iniciales, en distintas estructuras. Y que ahora pretenden legitimar en las urnas siendo parte de una lista que podría ser o no la rampa para las elecciones ejecutivas de 2015 en un escenario donde no destella ningún dirigente rutilante, empresario exitoso o encantador de serpientes.

Los más veteranos se resisten. Han pasado parte de su vida política armando roscas para obtener un lugar en una lista y no será fácil que abandonen la costumbre donde aspiraciones y negocios se enhebran en el mismo collar. Sólo unos pocos comprenden ese mandato que llega desde Nación y habla de una apuesta fuerte a la renovación generacional, al recambio antes del agotamiento, al reaseguro de lo que el kirchnerismo llama "el modelo".

Ya lo dijo Maquiavelo, sólo hay dos destinos que persigue un político: obtener el poder y conservarlo. Se trata de un sistema en permanente tensión, donde una fuerza limita a la otra y según los tiempos y las circunstancias se imponen alternadamente.

En Tandil, muchos tienen su cuotita de poder ganada a fuerza de dinamitar el conjunto. Ganan todos cuando no gana nadie. Una cooperativa de liliputienses. Y los que tienen ese pequeño capital político reclaman el beneficio de la renta. Pero esta lógica, que es el resultado de la derrota permanente en el orden local y el "conchavo" en las estructuras provinciales y nacionales, es la que se pone en discusión ante cada elección. Esta vez no será diferente.

Los históricos querrán su lugar en la lista y los nuevos, el suyo. Los primeros acusarán a los otros de arribistas y los emergentes contraatacarán tildándolos de personeros de la derrota. Nada nuevo. Es el peronismo tandilense que prepara de antemano su versión de la derrota.

Lo que podría ocurrir de nuevo (en su segunda versión) es la renovación. Que los jóvenes, los de edad y los que pese a tener alguna década más encima han asumido la política como responsabilidad ciudadana, se impongan esta vez porque existe un mandato nacional que los avala y un piloto de tormenta que los conduce. En ese camino habrá quienes puteen y quienes aplaudan. Pizzorno ya se ubicó entre los primeros que aplauden.

Fue uno de los más reacios a las invitaciones de Diego Bossio y a referenciarlo como conductor local. Pero después del último encuentro de la militancia y la dirigencia, le reconoció el discurso y lo que encarna, en parte, el tandilense que está a cargo de Anses.

"Bossio nos pidió más imaginación para llegar a la sociedad. Su discurso fue muy bueno", refirió Pizzorno en diálogo con AM 1560.

"Vamos por la buena senda", agregó. "Hay que seguir construyendo solidaria y colectivamente, dejando de lado los individualismos que siempre perjudican a los movimientos, como ocurrió en Tandil", dijo.

No es sencillo saber cuál es la buena senda, pero siempre debe haber una.

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