Pintados

Los agentes de la Dirección de Trasporte y Tránsito estarían cobrando por mes 2.880 horas extra no trabajadas. La nueva directora quiere mejorar las relaciones con el personal, pero ellos ni siquiera llegan al trabajo. Van por turnos rotativos, pero fichan todos, y de paso agregan ocho horas extra por día. Verdaderos agentes pintados.
Esta ciudad parece tener un karma con las cuestiones vinculadas al tránsito vehicular. Basta plantear el tema en cualquier reunión para que cada uno de los asistentes saque a colación un extenso anecdotario sobre la arbitrariedad de la metodología implementada, la ineficiencia de los servicios, y la manera en que se licuan fondos del erario público en pos de un sistema a todas luces inservible. Si no fuera así, los índices de faltas graves, accidentes luctuosos y delitos cometidos diariamente a bordo de vehículos robados no serían tan enormes.

A nadie escapa que la ciudad no es la única que no puede controlar el tránsito, pero aquí la proporción de accidentes es escandalosa en relación con el parque automotor estable y la cantidad de funcionarios de planta que están -como se dice a diario- permanentemente pintados. Cada conductor recuerda con furia la arbitrariedad demostrada por los agentes en cada operativo, y sabe a ciencia cierta que puede pasar tres mañanas completas para obtener su libre deuda si es que lo han encontrado accidentalmente con un foquito apagado. Pero sabe también que, mientras él era penalizado, a su lado pasaban vehículos sin ninguna de las luces reglamentarias, ni patente, ni muchos menos VTV. Esos no son sancionados, “porque total no pagan nada” dirá un inspector de tránsito al ser preguntado. Ineficiencia permanente.

Pero eso no es todo. Los lectores recordarán el escándalo por el robo de motos en custodia, acaecido durante la gestión de Rubén Mansilla. El entonces director de Transporte y Tránsito de la Municipalidad de General Pueyrredon había sido entrevistado en la 99.9 el 23 de septiembre anterior, solamente tres días después de que se perpetrara el último de los robos registrados a los galpones de Orfei, ubicados en el paraje Santa Paula sobre la ruta 226, que se utilizan para depositar vehículos secuestrados por la Dirección de Tránsito. Parecía que el funcionario hablaba de otro lugar o de otro robo.”Los galpones son seguros”, decía, y minimizaba el hecho relatando que no se trataba de motos secuestradas recientemente, sino que llevaban allí años. Es decir que sus dueños no las habían retirado porque la multa más el acarreo y el costo de la estadía superaban su valor comercial. “Los galpones estaban herméticamente cerrados” agregaba Mansilla, cuando una simple mirada sobre los documentos que registraban el permanente reclamo de los empleados demostraba que la realidad no era esa: los depósitos estaban prácticamente servidos al primer ladrón que se llegara hasta ese distante sitio, si estaba pertrechado de manera adecuada.

Denunciados los hechos, nadie dijo ni investigó nada: ningún funcionario municipal salió a desmentir que hubiera desaparecido una serie de bienes de los cuales la comuna era efectivamente responsable. Mansilla simplemente se fue sin pagar los platos rotos.

No sé nada

Un buen día, Claudia Rodríguez, la ex patinadora -y conocedora a ultranza del modo que tienen de girar las ruedas. De los patines claro- fue nombrada directora de Tránsito, lo cual demuestra la tremenda importancia que nuestro Ejecutivo le confiere al problema del caos vehicular que aqueja a la ciudad. Se sabe que aquí cada uno hace lo que quiere, estaciona donde le parece, y crea retomes “de hecho” en cualquier avenida, dando simplemente la vuelta en U. Nadie jamás ve nada.

La ex edil debió defender de entrada su idoneidad, y no tuvo mejor idea que inaugurar su carpeta de recortes de prensa como directora diciendo: “no es necesario ser un gran sabiondo específico del área”, lo cual fue título de un medio local y se reprodujo en muchos otros. La frase poco feliz pareció significar: yo no sabré nada, pero para lo que hay que hacer...

Durante este escaso mes de gestión se anunció que la vieja terminal de ómnibus -ubicada en Sarmiento y Alberti- sería utilizada como playa de secuestros de la Dirección, y la decisión llamó la atención de muchos que esperaban que un predio tan cotizado no sufriera aún más años estructurales antes de ser reciclado. Luego se dio a saber que había al menos una razón valedera para que tal cosa sucediera: el dueño del otro predio de depósito de coches, en la avenida Luro, donde se emplazaba el estadio Bristol, reclama a la municipalidad alquileres impagos por $120.000. Es decir que la mudanza era inminente.

Rodríguez dijo a la prensa que pensaba en darle un nuevo perfil a la Dirección, que mejorara la calidad de vida de los marplatenses. También aseguró que confiaba plenamente en los empleados, aun sin conocerlos, y que el modo en que consideraba propicio mejorar esta relación era “conversando mucho con ellos”. No es que no se le desee suerte, pero considerando las dificultades de estar al frente de una dirección con semejante impacto en el acontecer cotidiano de la ciudad, iniciada ya la temporada turística, en pleno Operativo Sol, y contando además con empleados municipales que tienen su manera de hacer las cosas, el que la oye no puede más que rezar.

Full time

Una fuente confiable, perteneciente a la misma Dirección de Tránsito, ofrece pruebas de que los empleados de Tránsito encargados del control de la zona de Alfar, los que ordenan el retorno desde las playas del sur, hacen fichar por otro sus tarjetas para que figuren ocho horas extra cumplidas por cada uno de los doce agentes. En realidad, realizan una jornada simple y no concurren todos, sino que se turnan para trabajar. Para colmo de males, asegura la fuente, están tan habituados al mecanismo de estafa permanente de los dos meses de la temporada, que presentan el mismo horario de fichaje de extras en los días de lluvia, lo cual es perfectamente verificable. Durante las jornadas de mal tiempo no hay nadie en esas playas, ni en el punto del operativo y sin embargo figuran todos trabajando hasta la hora 0. Un ejemplo fue el 4 de enero último: llovió desde las 19, y teóricamente el servicio se mantuvo hasta medianoche.

De ser cierto lo que dicen las tarjetas, cada uno de esos agentes estaría trabajando durante más de 15 horas corridas y sin un solo franco en todo el verano, y se sabe que no es así. Según asegura la misma fuente, si alguien se acerca a preguntar por un empleado, se le dice que está en su descanso, cuando tal período es de escasos veinte minutos. El invocado no estuvo ni estará allí hasta que no le toque cumplir por rotación un turno.

Ahora bien. La cuenta es bastante sencilla: 8 horas por treinta días son 240 horas, a $27 la hora -cuando se trata de empleados no jerárquicos- representa un sobresueldo de $6.480 por mes por agente. Ese importe cobraría, además de su sueldo, cada uno de esos doce agentes de Tránsito, a cambio de un trabajo que efectivamente no realizaron.

Lo cierto es que la cifra genera dudas, el número es demasiado generoso. Da a pensar que podría tratarse de una de las famosas cajas políticas, las de los sobres que escalan jerárquicamente hacia arriba. Sobre todo si se tiene en cuenta que ninguno de los funcionarios que recibió esta denuncia ha hecho absolutamente nada, y la copia fue enviada el 4 de enero del corriente año tanto a Adrián Alveolite como al concejal Santiago Bonifatti.

Tampoco ha recibido respuesta la solicitud de informes al respecto que fuera presentada por la defensora del pueblo adjunta Mónica Felices. Nadie sabe nada, ni verifica, ni pregunta. Es mucha plata en danza.

Hay un dinero que se cobra para estar pintado, y cuanto más, mejor. Si hace falta un ejemplo, mire a los funcionarios de Tránsito, y vea que nadie controla nada. No hará falta ser un “sabiondo específico del área”, pero la plata se le está yendo en carretilla para algún lado.

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