Hoy y durante 48 horas comienza la mayor movilización de estudiantes por un cambio de sistema.
Nadie se explica cómo la asfixia de miles de familias por los créditos para financiar estudios superiores no explotó antes . Las cifras explican por qué la paralización se extiende. Según la OCDE, el 85% del financiamiento de la educación universitaria en Chile corre por cuenta de las familias y sólo un 15% lo da el Estado.
Las carreras universitarias son caras . Estudiar Medicina significa un costo total de entre US$ 54.353 y US$ 76.574; Arquitectura, fluctúa entre US$ 37.273 y US$ 56.400; y Periodismo, entre US$ 27.150 y US$ 41.926. Si a eso se suma que 700 mil jóvenes del millón de estudiantes de universidades y centros de formación técnica provienen de la clase media y de los quintiles más pobres, se entiende que esa inmensa mayoría ha debido recurrir a créditos con intereses que van desde el 2% al 6% para poder costear sus estudios.
Son los mismos 7 de cada 10 estudiantes, los primeros que llegan a la universidad de sus familias, que hoy engrosan las tasas de deserción de las aulas sin que la deuda se acabe . Según la Superintendencia de Bancos, la deuda acumulada por este concepto alcanza más de US$ 2.400 millones.
Porque en 20 años de gobiernos de la Concertación, el sistema instaurado por Pinochet y que permitió la proliferación de colegios y universidades privadas con fines de lucro, no fue modificado . Los paliativos, como el financiamiento compartido o el crédito con aval del Estado (CAE) a un interés del 5%, incentivaron a los privados, transformándose la educación en uno de los mayores negocios con subsidio estatal y sin fiscalización . Porque si bien la ley prohíbe el lucro, hoy todos los sectores políticos asumen ante el país –y no es chiste– que la primera modificación es hacer cumplir la ley . También garantizar a través de la Constitución la calidad de la educación. El gobierno ha propuesto medidas, como rebajar el interés del CAE del 5% al 2%, pero los líderes de la rebelión no confían en las promesas que apuntan a bajar los costos para el 40% de los estudiantes. La experiencia de “la revolución de los pingüinos” que enfrentó Michelle Bachelet en 2005 y que terminó con el mismo sistema , les duele.
“No queremos mejorar el modelo, queremos cambiarlo . El modelo se agotó y le tocó a este gobierno”, afirmó la líder de la Universidad de Chile, Camila Vallejo, en el Senado.
Sin conductores en los dos grandes bloques y tampoco en la izquierda más dura, los estudiantes apuestan al cambio . Si Piñera tiene el récord de los últimos 20 años en bajo apoyo ciudadano con 26% de aprobación y 53% de rechazo, la Concertación logró sólo un 17% de apoyo. Inédito .
Está por verse si Piñera hará eco de los sectores más liberales de su coalición, al que siempre perteneció, y asume esta oportunidad para hacer los cambios que una clase media que le permitió llegar al poder le reclama. Eso implica una reforma tributaria y constitucional que dejaría muchos heridos en el camino.


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