Tanto el fiscal de Cámara Guillermo Lista como el abogado querellante Juan Manuel García Berro, pidieron al tribunal de la Cámara Segunda del Crimen que condene a Honorio Marín a la pena de prisión perpetua en orden al delito de homicidio criminis causa y abuso sexual cometido en perjuicio de Amalia Guanziroli.
El defensor Ricardo Gonzaga, en cambio, cuestionó validez de las pruebas más importantes y reclamó la absolución de su asistido.
El tribunal de la Cámara Primera del Crimen cerró el debate ayer y pasó a deliberar para dictar sentencia el próximo 26 de junio. Al cierre del juicio oral, el imputado reafirmó su inocencia al hacer uso de la posibilidad que le otorga la ley de decir su última palabra. “Soy consciente de todo lo que se me acusa, es un hecho muy grave. Pero yo soy inocente y me da mucha bronca e impotencia lo que me está haciendo” dijo.
En su alegato, tanto la fiscalía como la querella fueron coincidentes al momento de evaluar las constancias probatorias del expediente que colocaban a Marín en la posición del autor del grave hecho del que fue víctima Guanziroli, de 68 años de edad. Ambos apuntaron que después de ser sometida sexualmente, la mujer murió asfixiada con una bolsa en la cabeza, mientras que sus manos y pies estaban atados a la cama y estaba amordazada.
Una vecina que ese día había visto a una persona con actitud sospechosa merodeando el domicilio de Guanziroli, se había comunicado con la mujer para alertarla.
En un primer contacto la víctima dijo que no esperaba a nadie. Pero ante un segundo llamado le restó importancia a la preocupación de su vecina, afirmando que quien estaba frente a su domicilio era una persona que había trabajado para ella y que había concurrido a buscar una herramienta que había dejado olvidada en el domicilio.
Ese elemento fue fundamental para que la pesquisa se orientara a Marín y otras personas que trabajaban allí en forma constante u ocasional. Además, el avance de la investigación logró determinar la presencia de rastros genéticos de Marín debajo de las uñas de la víctima y de algunos bellos púbicos o pelos del acusado en la cama en la que la mujer fue sometida y asesinada.
Además, Lista y García Berro aseguraron que el homicidio fue para asegurar la impunidad del agresor sexual, a quien Guanziroli conocía previamente. “La mató para asegurar su impunidad” dijo el querellante, mientras que el fiscal resaltó su “pleno convencimiento de la autoría y responsabilidad de Marín”, reafirmando que la “evidencia habla por sí sola”.
En cambio, la esforzada defensa de Honorio Marín, a cargo del abogado particular Ricardo Gonzaga, pidió la absolución remarcando en primer término que no había elementos para considerar a su pupilo como el autor del abuso sexual. Además, resaltó falencias de la investigación y reclamó la nulidad de las pericias genéticas debido a que a su criterio no se había notificado a las partes ni se había respetado la cadena de custodia de ese material probatorio desde que fue levantado en la escena del crimen hasta que se analizó a través de la Policía Federal bonaerense.
El hecho ocurrió el 26 de julio de 2013 en el interior del domicilio de la señora Amalia Guanziroli, en el barrio San Ignacio del Cerro de esta localidad. Luego de ser sometida sexualmente de forma violenta y reiterada, la mujer fue asfixiada mediante el empleo de una bolsa plástica en su cabeza que le impidió respirar y ocasionó su deceso.
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