El intendente Fernando Cotillo fue salvajemente golpeado en la madrugada de ayer por un reducido grupo de petroleros que lo sorprendió en el acceso a una confitería, luego de que los mismos fueran sucesivamente desalojados con gas lacrimógeno y balas de goma por fuerzas policiales en la planta deshidratadora de YPF de Cañadón Seco y en la ruta 12 que une Caleta Olivia con Pico Truncado. En ese último lugar, los manifestantes dispararon balas de plomo contra los uniformados. No hubo detenidos pero sí varios contusos por postas de goma.
Caleta Olivia (agencia)
Los graves incidentes se produjeron entre las 23:30 del sábado y las 01:15 de ayer y tienen su origen en el paro de actividades que lanzaran el viernes focalizados grupos de delegados y afiliados al intervenido Sindicato Petrolero y Gas Privado de Santa Cruz que a través de una medida de fuerza procuran forzar a la Federación a acelerar el llamado a elecciones internas para normalizar la institución de base.
Esta instancia fue acatada parcialmente en Caleta Olivia, Pico Truncado y Río Gallegos, pero es casi nula en Las Heras, por lo cual los propulsores intentaron fortalecerla de una u otra manera, habida cuenta de que la policía montaba permanente y férrea custodia en las rutas 12 y 43, impidiendo que las mismas fueran cortadas.
EL PRIMER INCIDENTE
Como no pudieron cortar la ruta 12, el grupo de delegados y afiliados de Caleta Olivia que lleva adelante la protesta, bloquearon a partir de las 20 del sábado el acceso a la planta deshidratadora de YPF emplazada en Cañadón Seco.
La situación se tornó extremadamente tensa alrededor de las 23:30 del sábado cuando la guardia de Infantería policial recibió la orden de dispersarlos de ese lugar, al constatarse que los manifestantes se aprestaban a ingresar a la misma para tomarla y fortalecer su posición.
La fuerza de seguridad utilizó granadas de gas lacrimógeno, lo que hizo que alrededor de 200 petroleros –según el número que maneja la policía– se alejaran del lugar en sus autos particulares. Además, los oficiales del operativo dejaron en claro que ellos estaban respondiendo a directivas de la Jefatura de la institución, avaladas por el propio gobernador Daniel Peralta quien en una conferencia de prensa que ofreciera ese mismo día, afirmó que había dado expresas directivas para mantener despejadas las rutas, evitando que se paralice nuevamente la producción petrolera.
INTERCAMBIO DE BALAZOS
Apenas habían pasado algunos minutos de la medianoche, cuando los petroleros expulsados de Cañadón Seco se reagruparon en el acceso suroeste de Caleta Olivia, en un tramo de la ruta 12, cerca del ingreso al autódromo.
Allí, una guardia policial integrada por pocos efectivos, comenzó a ser agredida a pedradas por los manifestantes, que inmediatamente solicitaron apoyo por la situación que afrontaban.
En contados minutos, llegaron al lugar los refuerzos de la guardia de Infantería y de otras dependencias que avanzaron en línea hacia los manifestantes, anteponiendo sus escudos.
Imprevistamente, se escucharon varios estampidos de armas de fuego que provenían del sector de los petroleros y además “eran claramente visibles los fogonazos en la noche”, comentó un oficial a Diario Patagónico.
Una de las balas atravesó el escudo de plástico transparente de una mujer policía -que cumple funciones en el Comando Radioeléctrico- y el proyectil se alojó en el correaje de su uniforme, evitando que resultara herida.
En medio de ese descomunal incidente, con gritos de insultos, órdenes y corridas, la policía disparó sucesivas andanadas de balas de goma “pero nunca utilizamos las armas letales como ellos (los petroleros) lo hicieron”, reveló otro jefe policial, expresando su indignación al evaluar que alguno de sus efectivos bien pudo haber resultado herido e incluso muerto. Es que el recuerdo de otro grave enfrentamiento entre petroleros y policías ocurrido el 7 de febrero de 2006 en Las Heras, en el cual murió el policía Jorge Sayago, aún se mantiene indeleble en la memoria de los hombres y mujeres de la fuerza de seguridad.
Afortunadamente, en el incidente de la ruta 12 no hubo víctimas fatales, aunque se sabe que varios petroleros acusaron perdigones en diversas partes del cuerpo y el grupo también abandonó raudamente esa posición en los autos particulares para dirigirse a la zona céntrica.
ATACAN AL INTENDENTE
El tercer y violento capítulo de la noche tuvo como víctima al intendente Fernando Cotillo y se produjo alrededor de las 01:15 de ayer, frente a la confitería Barlovento, ubicada en la avenida Lisandro de La Torre, a unos 50 metros del monumento al obrero petrolero (Gorosito).
El jefe comunal estaba vestido de traje y corbata ya que asistía especialmente invitado junto a su esposa, Connie Naves, a una cena bailable de los abogados del foro local, a la cual concurrieron también al menos un juez de instrucción (Jorge Alonso) y dos fiscales e incluso al menos dos ex asesores legales del Sindicato Petrolero, durante la gestión de Héctor “Chaco” Segovia. Minutos antes de la hora indicada, el grupo de manifestante que había sufrido un doble desalojo, comenzó a concentrarse en el Gorosito para expresar su repudio a lo que calificaban como “represión policial”.
Minuciosas consultas efectuada por Diario Patagónico -muchas horas antes de que el intendente ofreciera una conferencia de prensa luego de los incidentes- permitieron saber que Cotillo salió a la calle para atender una llamada telefónica que le hiciera desde Río Gallegos el jefe de Gabinete de Ministros, Pablo González, precisamente por los sucesos ocurridos en Cañadón Seco y en la ruta 12.
El jefe comunal también recibió luego otra llamada de un dirigente petrolero no alineado con los manifestantes y ya se había distanciado unos diez metros de la puerta de acceso de la confitería, cuando imprevistamente llegó corriendo uno de los petroleros y detrás de él varios más que se habían desprendido del grupo que se hallaba en el Gorosito.
Extrañamente, era imposible que alguien identificara a Cotillo desde 50 metros de distancia en la noche, dado que la luz artificial no es excelente en ese lugar. Además, las persianas de la ventana estaban bajas y hubiera sido imposible que alguien observara desde afuera que Cotillo estaba en esa fiesta, por lo cual se baraja la posibilidad de que desde el interior alguien avisó a los manifestantes que Cotillo había salido.
UN BAÑO DE SANGRE
El primer sujeto, al que el intendente dijo que reconocería si volviera a verlo, se le aproximó raudamente y a los gritos lo culpó de ser responsable de la represión. Cotillo ni siquiera tuvo tiempo de contestarle porque inmediatamente otro lo agarró desde atrás y lo lanzó al suelo y varios más se aproximaron para patearlo en la cabeza, costillas y espaldas.
El mandatario comunal, que no tenía ningún tipo de custodia, semi-desvanecido y con el rostro y ropa ensangrentada, se arrastró hasta la puerta para poder ingresar al local donde había estado.
Los petroleros, enfurecidos, quisieron ingresar tras él, pero uno de los delegados, “Tula” Torres, al ver que la situación se tornaba dramática, se plantó en la puerta para impedirles el paso y tratar de calmarlos.
Luego, ante el sonido de sirenas de los patrulleros que se aproximaban, los manifestantes se alejaron raudamente del lugar, en tanto el intendente ingresaba tambaleándose al baño, cubierto de sangre. La fiesta se detuvo por muchos minutos y luego Cotillo fue llevado al Hospital Zonal para practicársele varios puntos de sutura en la cabeza, constatándose además que tenia varios hematomas en el cuerpo, pero no presentaba quebraduras ni otras lesiones de gravedad.


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