La demanda laboral acompaña al resto de los índices en estos momentos de turbulencias y mostró una fuerte disminución intermensual en diciembre.
Datos como éstos son los que forzaron al gobierno a realizar un sinnúmero de anuncios tendientes a apuntalar el empleo.
Un descenso tan abrupto como constante de la demanda laboral denuncia la parálisis que experimentó la economía argentina en su conjunto durante el año que acaba de terminar.
Parálisis que parece dispuesta a continuar durante 2009, a tono con la economía mundial por estos días.
Los esperanzadores augurios de un crecimiento económico cercano al cuatro por ciento para este año, mientras los países centrales ya entraron en recesión, han quedado atrás y ahora el cero, o a lo sumo el uno, comienzan a sonar como números creíbles.
A pesar de que en un primer momento el gobierno nacional hizo esfuerzos por disimular el rebote de la crisis económico-financiera internacional y minimizar sus efectos en la economía argentina, este trabajo muestra que la influencia de esta gran crisis fue incluso superior a la que desató el enfrentamiento campo-gobierno. Si tomamos el período marzo-julio, marcado por el conflicto agropecuario, se puede observar que marzo y abril presentaron variaciones interanuales positivas y que sólo mayo y junio mostraron comparaciones intermensuales negativas que superaron el cinco por ciento.
Mientras que en los últimos cuatro meses del año, en los que se desbocó la crisis mundial, todos registraron variaciones intermensuales cercanas al diez por ciento, con excepción de diciembre que duplicó la cifra mencionada.
Hay otros datos que afirman la constante y duradera caída de la demanda laboral.
Desde mayo de 2008, los trabajos que realiza la Universidad Di Tella mes a mes presentan un retroceso interanual. Esta, de por sí, no es una observación menor, pero alcanza aún más relevancia si se tiene en cuenta que, sin tener que tomar el período diciembre 2001-junio 2002 -quizá el peor semestre en la historia económica argentina-, dicha magnitud es la más significativa de la última década.
Mayo fue justamente el otro mes, junto a diciembre, que experimentó la mayor caída intermensual en la demanda de empleo, fue del 10,34 por ciento.
Luego de seis años de bonanza, o al menos de vientos favorables, todo hace indicar que se vienen tiempos difíciles.
El Ejecutivo nacional parece haber tomado conciencia de la situación, sólo resta saber si no ha sido demasiado tarde, es decir, si en tiempos de vacas gordas se guardó para tiempos de vacas flacas.
Rubros con menor demanda
Esta disminución en la demanda de empleos fue general y no discriminó entre niveles. El CIF señala que la merma, en mayor o menor medida, se notó en todas las categorías ocupacionales.
El rubro más castigado según esta medición, que tiene en cuenta grandes centros urbanos como la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, fue el del comercio con una retracción del 58 por ciento.
Los pedidos de técnicos y profesionales también disminuyeron de manera alarmante y presentaron bajas cercanas al 55 por ciento. Les sigue en la lista el rubro de empleados administrativos que presentó un detrimento, también alto, del 48 por ciento. Por su parte, los pedidos de empleo vinculados al sector servicios mostraron una retracción superior al 25 por ciento durante el mes de diciembre.
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