Pese al escándalo en Petrobras, la imagen de Dilma sigue arriba

Pese al escándalo en Petrobras, la imagen de Dilma sigue arriba

La red de corrupción en la petrolera estatal Lo indican dos sondeos. El 68% estima que es responsable, pero aprecia su decisión de castigar la corrupción.

Dos encuestas publicadas ayer radiografían el estado de satisfacción o de descontento de la población brasileña con el gobierno, con la democracia y con la corrupción. Uno de los relevamientos, realizados por Datafolha, indica que para 68 por ciento de los consultados la presidenta Dilma Rousseff  “tiene alguna responsabilidad” en el esquema de corrupción descubierto en la estatal Petrobras. Sin embargo, esta evaluación no impacta en su imagen. Esta  continúa alta, con 42 por ciento de quienes la califican como “excelente” y 34 por ciento como “regular”. Apenas un quinto de los encuestados la encuentra “pésima”.

La aprobación presidencial se mantiene así en el mismo nivel que mostraba en vísperas de la segunda vuelta, cuando Dilma ganó con 54 por ciento de los votos. La investigación de Ibope, empresa top en este mercado, señala que 39 por ciento de los brasileños está “muy satisfecho con la democracia” y una minoría de 22 por ciento se considera “nada satisfecha”. Esta es la tercera mayor tasa de felicidad con el régimen democrático medida en los últimos 20 años.

Para Datafolha hay explicaciones del porqué de la popularidad de Dilma, pese a que su nombre fue asociado por los medios con el caso de la petrolera estatal. La encuestadora señala que “la preocupación con la corrupción registró una caída”. En junio ese asunto era la principal preocupación del país: figuraba con 14 por ciento de las menciones. Ahora, apenas un 9 por ciento lo recuerda como un asunto central. Para la población brasileña, los temas relevantes son salud, con 43 por ciento de las declaraciones y la seguridad, con un 18 por ciento. Pero más que esto, lo que ayuda a la presidenta Rousseff a conservar su buena estampa ante la sociedad es que una mayoría considera que “nunca hubo tanto castigo a los corruptos como en la actualidad”. Entre los entrevistados, un 40 por ciento dio esa versión.

Los directores de Datafolha consignan el fenómeno: “En el caso de la corrupción en Petrobras, a pesar de que una gran mayoría oyó hablar del tema y ve alguna responsabilidad presidencial en el episodio, por contrapartida hay reconocimiento de los encuestados de que su gobierno investiga y castiga”.La cuestión de la democracia no es menor en estos días en que se han convocado movilizaciones donde algunos sectores piden el retorno a la dictadura militar.

Fue lo que ocurrió el sábado último en San Pablo donde una manifestación llamada por el Partido Socialdemócrata de Brasil (PSDB) mostró que había una buena porción de militantes enrolados en la extrema derecha con “ilusiones golpistas”. Esa marcha se dividió en dos: la parte democrática exigió la salida de los “extremistas”, reducidos a no más de trecientas personas. De acuerdo con los analistas de Ibope, estas expresiones son “localizadas” regionalmente, en este caso en la capital paulista. “El ruido en sus intenciones y la escasa difusión nacional sirvió para fijar la idea de provincianismo antes que generar un hecho políticamente relevante para la población” indicaron.

Citado por José Roberto de Toledo, columnista del diario Estado de Sao Paulo, el experto en ciencias políticas Claudio Couto confirmó esa apreciación: “Los grupos extremistas son más estridentes y tienen, por lo tanto, una repercusión mayor que su real representatividad social”. Para el especialista, “no sorprende que la encuesta muestre tendencias contrarias al barullo que causa ese grupo. Ellos dan una impresión de que hay mucha gente insatisfecha con la democracia”, lo que se demuestra falso. Finalmente, hay otro dato que aporta Datafolha y que explica el fracaso de los grupos pro juicio político. “A menos de un mes de asumir un nuevo período, el 50 por ciento cree que la presidente Dilma Rousseff hará una gestión mejor en su segundo mandato.” 

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